
Para entender mejor esta nueva entrega, es fundamental revisar la primera película.
Primero, es necesario aclarar algo para el público en general:
Arthur Fleck nunca será el Joker que se enfrentará a Batman. Esto queda claro desde la primera entrega.
Cuando Arthur se convence de que es hijo de Thomas Wayne, se dirige a la mansión y se encuentra con un Bruce Wayne aún niño. Este detalle nos deja ver que no podría ser el Joker que enfrentará a un Batman adulto.
Arthur no es simplemente un villano, sino más bien una representación de la anarquía y el caos antisistema.
Podría decirse que sufre un trastorno de personalidad, similar al de Dr. Jekyll y Mr. Hyde: Arthur y el Joker son dos facetas de la misma persona. El Joker es una identidad que Arthur construye como mecanismo de escape para sobrevivir a su miserable existencia. Tiene un trabajo deplorable y una relación tóxica con su madre, quien no solo le miente sobre la identidad de su padre, sino que lo obliga a cuidarla. Así, cuando Arthur tiene la oportunidad, la asfixia, liberándose de esa carga sin derramar una lágrima.
Arthur también es un marginado social que lucha contra su deterioro mental en una sociedad que permanece indiferente al sufrimiento ajeno.
Ahora si arranquemos con “Joker: Folie à Deux”
El hecho de que sea un musical ha generado críticas, aunque esto ya se sabía antes de su estreno. Si no te gustan los musicales o tienes poca tolerancia hacia ellos, es probable que esta película no sea para ti.
Sin embargo, criticarla únicamente por el formato musical no es un argumento válido. Como dice el dicho:
"No hay mejor publicidad que la mala publicidad".
Pocas secuelas logran superar a su predecesora, como es el caso de El Padrino II (1974) o
Volver al futuro parte II (1989).
Culpar a Lady Gaga por el hecho de que la película sea un musical, o porque no sea de tu agrado, demuestra no solo un desconocimiento sobre su carrera actoral, sino también sobre cine en general.
Si te interesa apreciar su capacidad interpretativa, te recomiendo ver Nace una estrella (2018) y
La Casa Gucci (2021).
En Joker: Folie à Deux, el formato musical se utiliza como una herramienta visual para representar lo que sucede en la mente de los personajes, mostrando su fractura emocional y mental. Ejemplos similares pueden encontrarse en El Escuadrón Suicida (2021), donde las flores y los colores psicodélicos acompañan las vivencias caóticas de Harley Quinn, o en The Boys, donde Black Noir convive con caricaturas animadas bajo situaciones de estrés. Estos recursos creativos permiten representar el deterioro mental de manera accesible para el espectador. En Joker: Folie à Deux, el musical es la forma ideal de plasmar este caos interno.
El Joker no es una persona, sino una idea, y cualquiera que llegue a su límite puede convertirse en él. Este concepto de anarquía y oposición al sistema es lo que encarna el personaje, y siempre habrá alguien dispuesto a cruzar esa línea roja. Siempre hay alguien más loco, dispuesto a ir más allá.
Existen muchas versiones del Joker. En Batman (1989), Jack Napier fue quien mató a los padres de Bruce Wayne, y un accidente químico lo transformó en el Joker. En The Dark Knight (2008), el Joker no tenía ni nombre ni un origen claro, reforzando la idea de que cualquier persona podría convertirse en este villano.
El destino de Arthur Fleck en Joker: Folie à Deux es, en última instancia, irrelevante, ya que el Joker es una idea, y las ideas nunca mueren.
Matias “MurDock” Copes
ig: @murdockcopes


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