Confieso estar un poquito harto de los “True crime”. En los últimos años, ya sea por las adaptaciones de Ryan Murphy para Netflix (“American crime history” o “Dahmer” entre otras) o por la proliferación de distintos documentales y podcast, la fascinación por conocer los entresijos de la mente criminal, parece no tener fin. Actualmente se ha estrenado, también en Netflix, “Monstruos” sobre los hermanos Menéndez, y la moda parece no tener fin. Da la sensación de que los psicópatas son los nuevos superhéroes, y se avecinan interminables horas de truculento entretenimiento para los más morbosos.
Por eso, cuando me enfrenté a “Strange darling” sin saber absolutamente nada de la película – salvo que había sido aclamada por grandes cineastas como Edgar Wright – me sorprendió el texto con el que comienza. En él, se advierte que la película está basada en hechos reales, y que lo que veremos será una recreación de uno de los “serial killers” más terroríficos de la historia reciente americana. No mentiré si digo que me decepcionó descubrir que la película que parecía ser un soplo de aire fresco en el género del thiller se subía al carro que antes mencionaba. Aún así, su comienzo es tan prometedor que intenté borrar de mi mente cualquier atisbo de prejuicio y dejarme llevar por la propuesta del guionista y director JT Mollner. Y menos mal que lo hice.

Mollner nos propone una deconstruida huída hacia adelante donde “The lady” (Willa Fitgerald) – que así es llamada en los títulos de crédito – es cruelmente perseguida por “The demon” (Kyle Gallner). La cinta pisa el acelerador (literalmente) desde su primera secuencia, donde se nos da a entender que ella es la víctima perseguida por él, a quién ella misma le pregunta al comienzo si es un serial killer. Y digo “al comienzo” de manera relativa, ya que “Strange darling” se nos presenta como una historia en 6 partes no consecutivas (y un epílogo). Pero si la resumiésemos de manera tradicional, contaría la historia de un chico y una chica que han quedado para tener un encuentro ocasional en un motel. Antes de ponerse manos a la obra en la habitación, tienen una reveladora conversación sobre la inseguridad que sufren las mujeres en este tipo de encuentros, y todo parece indicar que el desarrollo será el de el hombre devorador y la víctima inocente. Aunque esto, dará un pequeño giro (el primero de muchos) cuando descubramos las tendencias sexuales de la dama.
Tanto por el continuo intercambio de roles como debido a sus – al principio – desconcertantes saltos en el tiempo, resulta muy difícil comentar “Strange darling” sin caer en desvelar grandes partes de la trama. Por ello, no podemos ocultar que en esta relación de amantes ocasionales nada es lo que parece, y dudaremos hasta casi el último segundo de si lo que estamos viendo va a terminar como nuestros prejuicios y expectativas esperan, o su director nos tiene más de una vuelta de tuerca y perverso punto de vista preparado. Por fortuna, estamos ante el segundo caso, y JT Mollner se descubre como un perfecto heredero del mejor Quentin Tarantino ( Sí, “Strange darling” me ha recordado muchísimo a “Pulp fiction”) tanto en la puesta en escena, los diálogos y el uso de la música diegética. Sobra decir que el director hace gala de un exquisito nivel de un – nada gratuito – poder de provocación, saltándose a la torera lo establecido como “políticamente correcto”.

Se percibe esta “Strange darling” como un film absolutamente libre pero al mismo tiempo con un ferreo control del suspense, la acción y la sorpresa. Parece que sus responsables se divierten como niños dándonos pistas falsas, creando expectativas basadas en nuestras convenciones sociales para posteriormente ponerlas patas arriba de una manera tan demencial que casi parece inverosimil. Por fortuna, Mollner siempre tiene un as en la manga para que unamos todas las piezas de manera completamente lógica, lo que aporta a la película ese aspecto de mágica “matrioska” manipulada por el mejor de los prestidigitadores.
Como en la mencionada “Pulp fiction” – pero en este caso elevado a la enésima potencia – el orden de los acontecimientos condiciona las emociones que el espectador siente por los personajes, así como lo que espera de los mismos. Dudo que el film funcionase de la misma forma si hubiese sido contado de manera lineal. Probablemente nadie pueda quitarle el nivel de excelencia técnico, visual e interpretativo que posee, pero el efecto que Mollner quiere obtener se hubiese diluido por completo.
Pero no solo la propuesta estructural es absolutamente brillante y nos ayuda a enfrentar los acontecimientos de una determinada manera, ya que como decíamos, la fotografía, dirección artística e interpretación son sobresalientes. En este último apartado, cabe destacar la transformación de Willa Fitgerald en “The lady”, un personaje tan encantador como complejo, tan seductor como profundamente irritante. Fitgerald llena de matices a un personaje francamente difícil de defender, logrando que incluso sintamos compasión por ella una vez conocemos su historia al completo. Su “partenaire”, ese demonio llamado Kyle Gallner no se queda atrás, y posee una mezcla perfecta de destructiva potencia masculina y dulce vulnerabilidad que logra desconcertar a lo largo de la cinta. Mención especial merecen esa pareja de hippies capitaneada por la veterana Barbara Hersey (la inolvidable madre posesiva de “Cisne negro”) protagonistas de la surrealista pieza central de la película.

Resulta, por otra parte, una gran sorpresa encontrar al intérprete Giovanni Ribisi (gran secundario en muchas películas de finales de los 90, como “Salvar al soldado Ryan” o “Lost in translation” entre otras, esta vez en el rol de director de fotografía. Digo que es una gran sorpresa, no porque Ribisi solo haya destacado en la interpretación, sino porque este es su primer trabajo como director de fotografía tras un par de videoclips. Y, desde luego, siendo su primer trabajo, ha conseguido una brillante atmósfera que combina la crudeza de la luz diurna en las persecuciones por áridos campos, con los contrastados colores de neon de las secuencias más íntimas, e incluso el blanco y negro en secuencias puntuales. El conjunto, es francamente atractivo sin llegar nunca a parecer una macedonia con demasiado sabor. Al contrario, el aspecto visual – también apoyado por un coherente diseño artístico y de vestuario – es de lo más coherente.
Pero todo este conjunto no sería tan excelente sin un capitán al mando, y JT Mollner ha demostrado en este film estar entre los grandes narradores de los últimos años. Su discurso es elegante, pero nunca aburrido. Es excesivo para subrayar e incluso engañar a nuestros sentidos, pero jamás acaba siendo completamente deshonesto. Quizá se le podría echar en cara el uso de ese letrero del que hablaba al principio de esta reseña, ya que es absolutamente mentira, y un condicionante parecido al que ya usaron los Coen en “Fargo”. Eso, y el hecho de llamar a los personajes con adjetivos tan explicitos como “Lady” y “Demon” (Aunque en el caso de él, esté parcialmente justificado) al comienzo, son dos de las pocas fisuras que se pueden encontrar al film, y que se enmarcan más en el terreno de las “trampas narrativas” para que entremos en el juego.

No obstante, dada la complejidad de la propuesta, los espinosos terrenos sociales y de género por los que transita, y la delicadeza con la que finalmente los trata - en mi humilde opinión – cualquier pequeño desliz es disculpable.
Estamos, sin duda alguna, en una de las mejores películas de este 2024 y en un futuro clásico del neo noir, que – si la cosa no se tuerce – será recordado dentro de unos años como un film de culto.



¡Comparte lo que piensas!
Sé la primera persona en comenzar una conversación.