
La persistencia retiniana es un factor que mide la trascendencia de un film en las personas. ¿Qué quiero decir con esto? Cuando vamos al cine y vemos una película que nos toca, nos llega o nos impacta, al cerrar los ojos, un fragmento de la película se aloja en nuestro ser de tal manera que lo podemos recordar durante décadas, e incluso, quizá para siempre. Al salir del cine, nos llevamos fragmentos de lo que vimos, siempre y cuando la película lo merezca. A veces, uno sale del cine sin que nada se haya quedado, solo el hecho de haber estado en la sala y haber pasado un grato momento con tu mujer o amigos y el film pasa a segundo plano. Sin embargo, hay películas que logran mucho más. Un ejemplo es Holocausto Caníbal, cuyas imágenes traumáticas son difíciles de olvidar. Otro caso es Irreversible, de Gaspar Noé, donde quizá todos los que la vimos recordamos la impactante escena de la violación. Ni hablar de A Serbian Film, cuyas imágenes hacen que al salir de la sala sigas viendo mentalmente escenas chocantes que se quedan en tu ser y tratas de olvidarlas.

Para mí, mostrar imágenes de contenido sexual y violento es una forma válida de hacer cine cuando se busca que el film sea recordado y genere conversación. No obstante, espero que la mayoría coincida en que, cuando una película tiene un buen final, eso es lo que realmente se nos queda. Si la película guarda el desenlace hasta el final, nuestro cerebro empieza a unir todos los fragmentos, brindándonos una suerte de despertar, una experiencia única que trasciende más allá de las imágenes impactantes y hace que el film perdure en nuestro inconsciente para siempre.

Si hablamos de finales que logran trascender y provocar que, al salir del cine, vayas al bar con tus amigos para comentarla, debo mencionar Sexto Sentido, de M. Night Shyamalan. La forma magistral en la que oculta el desenlace es impresionante. La condición del personaje de Bruce Willis nunca se evidencia hasta el final, y cuando vuelves a ver la película sabiendo el giro final, te das cuenta de lo bien trabajado que está. Es, sin duda, uno de los mejores finales en la historia del cine, y frases como "Veo gente muerta" jamás se nos olvidarán. Sin embargo, Shyamalan también es responsable, en mi opinión, de uno de los peores finales que he visto: Señales. Para mí, es una muy buena película, pero el final hace que salgas del cine decepcionado. Desde Sexto Sentido, Shyamalan no ha logrado volver a sorprendernos de esa manera, aunque ha tenido aciertos como El protegido y Los huéspedes. También destaco la serie Wayward Pines, que recomiendo.

Dejando de lado a Shyamalan, quien fue un referente para mí en un momento, en mis primeras producciones intenté que el film tuviera un final inesperado. El mismo año que Sexto Sentido se estreno, El club de la pelea nos entregaba un desenlace igualmente majestuoso. Al igual que la película de Shyamalan, El club de la pelea esconde de manera impresionante el trastorno del personaje de Edward Norton hasta el final. Norton ya nos había entregado un final inesperado en La raíz del miedo, película en la que comparte escenas con Richard Gere. El final es sorprendente.
Otro final que recuerdo es el de El planeta de los simios, una película que vi cuando era pequeño. Hasta el final es difícil saber si realmente están en la Tierra, y nadie olvida las palabras de Charlton Heston: "¡Ustedes están locos! ¡Lo hicieron estallar! ¡Malditos sean! ¡Malditos sean todos!" Ese cierre impactante ha sido considerado uno de los finales más memorables del cine.

Otra película que se me viene a la mente es Casta de malditos, de Stanley Kubrick, que nos deja con un sentimiento de impotencia y tristeza, aunque el final está anunciado desde que el personaje compra las maletas. Aun así, logra traspasar el sentimiento de Johnny Clay al ver cómo sus sueños se desvanecen en la pista de aterrizaje. En un tono diferente, el final de El mundo está loco, loco se convierte en una tragicomedia cuando los personajes llegan al lugar marcado con la "W", tras una película cargada de comedia.
Hay finales inolvidables que nos entregan emociones duraderas. Un ejemplo es Los otros, de Alejandro Amenábar, que sigue la misma línea de Sexto Sentido, escondiendo la trama hasta el final. Si hablamos de historias lineales, Doce monos, de Terry Gilliam, cumple con transmitirnos la idea de que el pasado está escrito, y no importa cuánto lo intentemos, no podemos cambiarlo. Esa impotencia queda en nosotros, esperando el tan anhelado final feliz en el que Cole logra cambiar el futuro y quedarse con la Dra. Railly.

Pensando en finales felices, uno que me emociona es el de Reto al destino. Puede que algunos la miren con desprecio, pero es una película que me llega como espectador. Tiene actuaciones que nos hacen identificarnos con los personajes, y Debra Winger, con su mirada hacia el personaje de Richard Gere, hace que uno se enamore de ella. Lamentablemente, se retiró, pero nos dejó actuaciones memorables.
David Lynch, con su estilo único, también nos ha dado finales inolvidables. Cuando vi Corazón salvaje, el final feliz me sorprendió, ya que predomina el amor en una historia bizarra. Lynch es, para mí, uno de los mejores directores, y Carretera perdida es una de mis películas favoritas. Es un film que puedes ver una y otra vez, siempre encontrando algo nuevo. El final, en realidad, es el principio, lo que lo convierte en una de las mejores experiencias cinematográficas.

Para cerrar, mencionaré el final de Requiem por un sueño, que es tan chocante que resulta casi insoportable. Es una película que solo he visto una vez, y con eso me bastó. El cine de Alejandro Jodorowsky también es impactante. La primera que vi fue Fando y Lis, una película chocante que, sin embargo, te impulsa a ver más de su filmografía. Llegué hasta Santa sangre, una película tan impactante que tuve que verla por partes debido a su contenido. Aun así, el final es, sin duda, uno de los mejores en la historia del cine."





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