Esa voz entre muchas (Humberto Ríos, 1979) con Laura Bonaparte 

Hace casi diez años murió en Argentina el director de cine Humberto Ríos. Nacido en La Paz, Bolivia, en 1929, fue un hombre que formó parte de una historia del cine paralela, de movimientos, migraciones, exilios y solidaridades internacionales. Pensar que nació en 1929, año fatídico, y fue un hombre que unió catástrofes, o las peleó todas. De muy joven, en 1950, viajó a Francia para trabajar en cine y terminó estudiando en el IDHEC (Instituto de Altos Estudios de Cinematografía), donde conoció a un compañero de generación, Costa-Gavras. Ríos venía de militar en movimientos sociales de Bolivia y Argentina, y rápidamente se involucró con la resistencia a la guerra de Argelia. Al terminar sus estudios se estableció en Argentina y comenzó a trabajar en publicidad como tantos otros cineastas políticos de la época, específicamente con Pino Solanas. Se unió a la mítica película colectiva Argentina, mayo de 1969: Los caminos de la liberación, colaboró con Raymundo Gleyzer en México, la revolución congelada (1973), a la vez que filmaba sus propias películas.

Humberto Ríos hace dos películas en Mexico, El tango es una historia (1974) y Esta voz entre muchas (1979), realizada en el exilio, una de las primeras palabras en las que tres personas (Laura Bonaparte, Carlos González Gartland y Raúl Fonseca) dan testimonios e informaciones sobre el terrorismo de estado sucediendo en ese momento en Argentina. La película comienza enunciando en una voz en off la situación de violencia económica del proyecto económico de la dictadura, un modelo de hiper explotación. Después de esta pequeña introducción, aparece una mujer dando su testimonio. Esa mujer, Laura Bonaparte, ha estado en boca de muchos los últimos días ya que lleva su nombre un hospital que el gobierno argentino actual amenaza con cerrar desde el viernes pasado. Laura Bonaparte fue una psicóloga argentina, militante de derechos humanos e integrante de Madres de Plaza de Mayo, línea fundadora. Laura Bonaparte comenzó su militancia en el Centro de Empleados de Comercio, y participó de la creación de las Fuerzas Armadas Peronistas en 1968, agrupación de la que se desvinculó al poco tiempo de comenzar. Como psicóloga, trabajó en el ámbito público.

Para cuando Bonaparte aparece en esta película, en 1979, está exiliada en México. Sus hijos han sido asesinados o desaparecidos por la Junta Militar, y también su ex marido. En la película, ella da testimonio del momento en el que le dijeron que su hija había sido asesinada en lo que se conoció como el asalto al Batallón militar de Monte Chingolo, una acción del Ejército Revolucionario del Pueblo, donde militaba su hija. La primera aparición de Bonaparte en la película es en un sillón, y en seguida el testimonio continua en una mesa en la que ella va mostrando algunos documentos, mientras relata como la llaman a ver el cuerpo de su hija en una fosa común, junto con decenas de personas asesinadas en ese operativo. Laura expone una serie de ideas acerca de los torturadores y los asesinos, y habla de cómo esas personas, de quienes no puede hablar de una psicología, representan el grado máximo de alienación. De cómo son como tornillos en una maquinaria del horror. En seguida Laura es interrumpida por un niño (quizás uno de sus nietos) que necesita que lo ayude con unas galletas, y en ese momento el plano de la conversación se interrumpe para dar lugar a un pequeño montaje de escenas cotidianas de Laura y el niño, que va por la casa haciendo pis y corriendo, jugando frente a cámara, unas imágenes de una belleza sobrecogedora. Esto da lugar a un montaje de imágenes fijas de las Madres de Plaza de Mayo y de militares represores. Ahí, Rios le pregunta a Laura por su viaje a Estados Unidos, lugar al que Laura fue a testimoniar con las Madres a la OEA acerca de su persecusión política. Laura muestra una serie de recortes de artículos periodísticos acerca de su visita a Estados Unidos, recortes de todo tipo de medios: diarios, publicaciones feministas, entre otros.

Luego Laura enumera una serie de reclamos, entre ellos que se respete la constitución nacional y que se les diga dónde están sus muertos. Y en seguida habla de la potencia política del canto y de la felicidad, de intentar que la tristeza y la angustia exista sólo del lado del fascismo. La película de Ríos es un testimonio invaluable sobre los primeros años de la dictadura militar en Argentina, y un registro de tres personajes de una entereza impresionante. Carlos González Gartland y Raúl Fonseca relatan en detalle torturas realizadas por la dictadura, y experiencias de cautiverio y cárcel. Describen, y piensan en voz alta sobre la creación de un régimen de terror. Hablan, también, de cómo se asesinaron familias enteras, como la de Raúl Fonseca y la de Laura Bonaparte. Y aportan información clave sobre las personas específicas que asesinaron a sus hijos, maridos, compañeros. Aparecen entre los testimonios de estas tres personas las imágenes y testimonios de otras tantas personas con familiares desaparecidos.

Durante su exilio, Laura Bonaparte fue observadora de Amnistía Internacional para otros conflictos latinoamericanos, entre ellos Guatemala y El Salvador. También viajó al Líbano durante la invasión del ejército israelí y realizó una huelga de hambre en México en 1979 (que aparece brevemente en la película) en contra de la dictadura militar en Argentina. En 1983 volvió al país para la apertura de las fosas comunes, se unió oficialmente a MAdres de Plaza de Mayo y al Movimiento Solidario de Salud Mental, cedió una parte de su casa para las primeras reuniones de la agrupación HIJOS (Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio) y fue defensora de los derechos de las personas LGBT. Todos sus hijos fueron asesinados por la dictadura.

Laura Bonaparte, como Humberto Ríos, unió una serie de luchas y de redes de solidaridad a lo largo del mundo a través de las décadas. Esas redes, que aparecen en las películas de Ríos, en los testimonios de Bonaparte, y que forman una historia paralela del cine y de las luchas de las organizaciones sociales, son fundamentales para entender el mundo en el que vivimos hoy, para entender cómo lidiar con nuestro presente más inmediato: el desmantelamiento de un hospital dedicado a la salud mental, la ocupación de Gaza, y el Líbano nuevamente. La película de Humberto Ríos, los testimonios y vida de Laura Bonaparte y tantos otros, no pertenecen al pasado, son interlocutores de nuestro presente. Por eso es fundamental que volvamos a estas películas, que recordemos todo el tiempo quienes fueron estos personajes, que reivindiquemos sus nombres, sus obras, sus luchas. Para no dejarse ganar por esa sensación de que siempre se está empezando de cero.

Yo nunca había visto esta película. De Humberto Ríos sólo había visto Faena (1961), una película fundamental de la historia del cine político argentino, y sus fragmentos en Argentina, mayo de 1969: los caminos de la liberación. Tampoco sabía quién había sido Laura Bonaparte. Fernando Martín Peña fue el responsable de traer esta memoria al presente, compartiendo en sus redes el link de la película en youtube, que fue proyectada en el programa que solía tener en la televisión pública, Filmoteca, Temas de Cine, otra de las instituciones fundamentales del país desmanteladas por el actual gobierno. Acá pueden ver la película y la presentación de Peña en 2015.

LIGHT

Ilumina y aumenta su visibilidad — ¡sé el primero!

Comentarios 1
Tendencias
Novedades
comments

¡Comparte lo que piensas!

Sé la primera persona en comenzar una conversación.