El cine de terror como catarsis y punto de quiebre personal 

Desde los zombies inmortales e inexpresivos, bajo el mando de Bela Lugosi de la película White Zombie de 1932, hasta aquellos que corren y se convierten en una pandemia, como los actuales, el género del terror siempre se ha permitido, dentro de su alienación por parte de los grandes premios de las academias y festivales, realizar una crítica a la sociedad.

Mientras que el primer ejemplo era una alusión al esclavismo, prácticamente recién abolido; el zombi (según la RAE) moderno es usado como una crítica hacia la sociedad de consumo, donde la estandarización del ser y la manipulación de la información se vuelven los grandes enemigos de la independencia de pensamiento de la humanidad.

Los subgéneros del terror moderno se han enfocado en ofrecer un componente político de crítica y redefinición social, económica y ética que va cambiando según la perspectiva de cada autor y de las influencias de cada época, cambiando el discurso, no sólo de autor en autor, sino de película en película, así estas pertenecieran a la misma saga.

Por ejemplo, en la Masacre de Texas de 1974, la crítica hacia la indiferencia de la sociedad ante la violencia (enfocada en la guerra de Vietnam) era la premisa, mostrando una familia grotesca, sádica y asesina que actuaba en completa impunidad en un poblado pasivo e inoperante. Sin embargo, en su reedición de 2022, casi medio siglo después, la crítica se enfoca no sólo en la violencia, sino más bien, en la pasividad originada por la corrección política que impide criticar o actuar, como forma de no ofensa, aunque sea más que evidente que el agresor ha sobrepasado los límites legales, lógicos y éticos.

Otro ejemplo de crítica social en las películas de terror de este siglo se da en la saga The Purge, donde es más que evidente que se hace alusión al poder económico oculto y manipulador capitalista que determina el proceder de la política y la sociedad y, ante el cual, la vida del ciudadano se ha deshumanizado en pro del bienestar y progreso de una élite. Por su parte, el gore extremo va en contravía del control social y de la libertad de expresión: los litros de sangre y los cuerpos mutilados son imágenes fuertes, chocantes, incluso estresantes, que desean ir contracorriente en una sociedad que, adormilada por gobiernos cada vez más absolutistas y restrictivos, se queda sumida en un silencio y aceptación silenciosa de las imposiciones políticas de ciertos sectores.

Pero no todo es crítica a la sociedad y los gobiernos, también están las obras que instan al ser humano a una revisión de su proceder: Saw es una mirada de cómo el ser humano debe superarse a sí mismo, eliminando vicios y rencores para enfocarse en vivir una vida productiva y amorosa con sus seres queridos. La nueva ola del cine de terror francés de principios del siglo XXI se enfoca en los factores psicológicos de los violentos; el cine asiático nos llama al respeto y reconocimiento de los valores y enseñanzas de las generaciones anteriores, y el cine de terror estadounidense más actual aborda temas éticos donde los valores y creencias personales se enfrentran ante las leyes y las convenciones impuestas…

El terror, como género, se aprovecha de su crudeza para convertirse en una fábula para adultos donde se entrelaza lo real con lo imaginario, lo grotesco con lo bello, lo fáctico y lo práctico, lo subjetivo y lo objetivo donde, aparte de narrar una historia, se trata de hacer comprender al espectador que la sangre y el dolor tienen tantos matices como visiones particulares y que la violencia, jamás será la respuesta correcta…

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