ABROZO MORTAL 

Mateo, es un joven apuesto, de una familia respetada de la región bumanguesa de Veléz, apetecido por todas las jovencitas de la zona. Dedicado, hogareño, inteligente, pero sin ninguna experiencia en el amor.

Cierto día su padre, Don Armando Villanueva, le dice: Hijo, hemos sido invitados a la fiesta que organiza mi amigo Federico. Don Armando se refería, a una de las reuniones mas apetecidas y pomposas de la región, que siempre, la familia Vidarte, en cabeza de Don Federico, organizaba.

Mateo inmediatamente, replicó a su padre, no señor, te agradezco, pero no deseo ir. Don Armando algo indispuesto le asegura: Esta vez no te escaparás, irás con nosotros. Mateo se aleja susurrando y molesto ante la decisión de su Padre.

Llego el día de la afamada fiesta. Mateo en compañía de toda su familia, hace una entrada alucinante, lleno de glamour y elegancia, propia de una familia tradicional y de muy buena reputación en todo el oriente del País.

Mateo deambula por toda la casa de la familia Vidarte, sonriendo algo incomodo y tratando de pasar desapercibido, esperando que la noche transcurra, lo más rápido posible. Las señoritas de la sociedad Bumanguesa, comienzan a acercársele y coquetearle, sin pudor alguno, él como un torero experimentado, capoteaba, cualquier indicio de conversación, con alguna de sus preciosas pretendientes. Abrumado, decide salir al patio de la casa de los anfitriones, en donde a lo lejos observa, una hermosa jovencita de cabello rizado, color oro brillante como el sol, un rostro rosado y frágil como la palma del pie de un bebe, unos ojos verdes, como dos hermosas esmeraldas, sacadas de la mejor mina del centro poblado de Boyaca. Su cuerpo, una escultura casi perfecta que encajaba en su vestido, haciéndola relucir como una hermosa mañana de mayo. Mateo sonrojado, se acerca rápidamente y le dice: Quien eres, donde vives, ¿a que te dedicas? Ella sonriendo y algo sorprendida le dice: No crees que son muchas preguntas para alguien, ¿que ni siquiera conoces? Mateo se sonroja y se disculpa, marchándose apenado. La hermosa chica lo detiene y le dice: Me llamo Tatiana, soy estudiante de medicina y vivo a tan solo 10 minutos de acá. Sonríe y lo invita a sentarse en la banca que adorna tan lujosa vivienda. Pasan las horas y la pareja, conversan largamente. Su júbilo contagia la noche marcada por un frio viento que resopla a lo lejos y presume una fuerte tormenta. Los invitados comienzan a emigrar. Pasadas las 2 de la mañana, Don Armando, asienta a lo lejos, ¡Mateo es hora de partir a casa! Mateo responde rápidamente, tranquilo padre, me quedare un rato mas, compartiendo con mi magnifica damisela que me ha honrado con su compañía y amabilidad. Don Armando algo indispuesto, por el licor consumido, pero feliz de ver a su hijo, tan radiante y motivado por una joven tan hermosa, acepta marcharse.

La tormenta toma fuerza y caen rayos y centellas. Mateo toma de la mano a Tatiana para llevarla y salvaguardarla de la lluvia. Pasan varios minutos y la lluvia se hace mas intensa. Mateo le dice a su joven amada, Vamos en mi carro, te llevaré a tu casa. Ella asiente y se marchan de la recepción. El reloj marca la hora y siendo las 3:33 minutos de la madrugada, Mateo abre la puerta de su auto, desde donde desciende Tatiana, las gotas de agua, caen inmensurablemente sobre ellos, sin descanso. Mateo se retira su blazer rápidamente y se coloca en el regazo de su amada. Corren rápidamente a la puerta de la casa de su enamorada. Tatiana le dice, vete tranquilo, no te mojes más. Mateo insiste, esperaré a que te abra tu papá. Ella se acerca, acaricia su rostro y dejando caer una lagrima, besa sus labios, diciéndole: Mañana te espero, mi amado caballero protector. Tatiana intenta devolver el saco a Mateo, quien responde, no te preocupes, mañana me lo das.

Mateo, atónito, pero inmensamente excitado, decide marcharse, rápidamente a su auto. No se quiso alejar, hasta ver a su amada entrar a su aposento.

Esa noche Mateo no pudo dormir, no podía sacar de su cabeza a esa bella señorita, que había atrapado su corazón. Se sentía pleno, extasiado, maravillado y feliz de afirmar, que ya tenia un nuevo y bello amor.

Al caer la tarde del día siguiente, Mateo apresurado, se arregla para ir a visitar a su amada. Algo nervioso y ansioso toca el timbre dos veces.

Se abre la puerta, se asoma un hombre de mirada sombría, barba descuidada, algo mal oliente y con muy poca cara de buenos amigos. Replica fuertemente. ¿Y tu quien eres? Mateo titubea y responde: Vengo a ver a Tatiana. El hombre se abalanza sobre Mateo y le grita fuertemente, acaso es una broma, ¿una maldita broma? Golpea sin piedad a Mateo, cuando de pronto, explota en llanto. Se acurruca y se encoje sollozando. Explota furibundo y grita. ¡ELLA MURIÓ! Me dejo hace dos años. Un estúpido y maldito accidente, me la arrebato.

Mateo queda pálido e inmóvil ante dichas afirmaciones que aseveraba ese acongojado hombre. Se presenta un silencio implacable y corre una brisa fría y suave, acompañado de una penumbra tenebrosa y oscura. El hombre se levanta, mirando desconsolado una foto que saca de su chaqueta rota, descuidada y olorosa. Mateo asiente con firmeza, ¿Me pude mostrar esa foto? El hombre al principio se niega, luego después al ver la tristeza que emanaba del rostro del dulce joven, se la enseña. Mateo grita fuertemente y cae de rodillas, repitiendo, TATIANA, NO POR FAVOR, NO TÚ, ¿POR QUÉ ME DEJASTE? Pasan los minutos y los dos se consuelan mutuamente.

Ya un poco mas calmados, el padre de Tatiana, lo invita a tomar una taza de café, le cuenta los pormenores del accidente de su adorada hija y de cómo se dedico a dejar de vivir, al descubrir, que su razón de vida, jamás volvería. Mateo le pregunta, ¿Dónde yace su cuerpo? El hombre responde, al filo de la montaña. Detrás de la casa. Mateo le pregunta si puede ir. El hombre asiente resignado y afirmativamente, ante la petición de Mateo. El joven sube apresuradamente la montaña, cuando a lo lejos, ve una cruz blanca y bien cuidada, en su centro, su nombre, Tatiana Vargas y en la punta de la cruz, su saco negro. Aquel trozo de tela que la noche anterior, había cubierto su espalda y protegido de la lluvia. De sus ojos caen lagrimas que retumban su ser, siente desgarrarse por dentro y perderse en un dolor que ni el mismo, es capaz de describir. Sigue resoplando mas fuertemente y vuelven a caer gotas de lluvia, fría y abrumadora. Mateo coge su saco, se lo coloca y siente como es abrazado por unas manos congeladas y pálidas, siente una paz infinita y siente como su cuerpo de desprende de lo terrenal. Le susurra: ¡cierra los ojos y déjate llevar! Mateo desaparece para siempre y jamás se supo que paso con él.

JORGE HERNÁN TORO PÉREZ

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