Joker 2, ¿la peor película del año?  

"Todo lo que sucede en la vida puede suceder en un espectáculo.

Puedes hacerlos reír.

Puedes hacerlos llorar.

Cualquier cosa, cualquier cosa puede suceder.

El payaso con los pantalones cayendo,
o el baile que es un sueño de romance,

o la escena en la que el villano es malo,
ésto es entretenimiento".
("That's Entertainment", canción leitmotiv en “Joker: Folie à Deux”).

¡Las vueltas que he dado para ponerme a escribir sobre esta película no tienen parangón!
Quizás, son las mismas que di para predisponerme a ver esta producción que, inmediatamente de haber sido estrenada, ya tenía críticas que la asesinaban. Estoy hablando de “Joker 2, Folie à Deux". En nuestro imaginario, tenemos la idea que las secuelas no se caracterizan por ser buenas películas y la historia nos lo ha demostrado.
En este caso particular, había cierta desconfianza porque su director, Todd Phillips en un principio había presentado la primera película como autoconclusiva y sin embargo, frente a su éxito en 2019, empezaron a circular los rumores de su continuación. Cuando se dejan llevar por esa ambición comercial, me despierta esa sensación que lo que sigue no estará a la altura de la primera obra y mi intuición no se equivocó.
Una de las cuestiones que me parecen importantes destacar de “Joker” es la crítica a la ausencia del Estado en materia de Salud Pública en Estados Unidos. Como una persona que sufre trastornos de salud mental, se encuentra sola y frente a la desidia del sistema médico, puede terminar en la calle, sin contención y convirtiéndose en una amenaza para la sociedad. Vivimos en un mundo que parecería volverse cada día más individualista y las ideas conservadoras que promulgan que los estados dejen de contener a las personas vulnerables avanzan. Me parece importante que una película muestre cómo esa hostilidad destruye, no sólo la vida de “los nadie” (dijera Eduardo Galeano), sino que además, como eso mismo, corrompe todo un entramado social. La potencia del mensaje, sumada a la excelente interpretación de Joaquin Phoenix, dejó la vara muy alta.

Hace unos días se estrenó Joker: Folie à Deux, la secuela protagonizada también por Joaquin Phoenix y, esta vez, acompañado por Lady Gaga. Vamos a ver la continuación de la historia con todo el proceso judicial. Arthur Fleck (el nombre real del personaje) está acusado de varios asesinatos y su abogada quiere demostrar que este tipo sufre un trastorno de personalidad para reducir la pena. Una de los detalles más hermosos de la película es justamente la secuencia de títulos animada, parodiando a los Looney Tunes donde vemos al Joker con sus dos personalidades y cómo la versión oscura lo termina destruyendo; la misma funciona como prólogo y a la vez es una maravillosa síntesis del conflicto principal.
En el Hospital Psiquiátrico donde está internado conoce a Harleen "Lee" Quinzel, interpretada por Lady Gaga, una gran fan de este personaje con la cual viven un romance muy intenso. La película se va a centrar en el juicio y el vínculo entre ambos. Pero en lo personal, siento que no profundizan en ninguno de los dos aspectos.
Para ser una obra que va a hablar de la locura, las escenas musicales me resultaron totalmente pobres. En general, los musicales desarrollan un código propio para cada número con recursos técnicos bien específicos. En este caso, me resultaron muy vagos. Como si no se hubieran sentado a pensar en un desarrollo estético, en un lenguaje propio y fuera un robo superficial de elementos que ya vimos hasta el cansancio en otros proyectos.
Pensemos en grandes producciones que generan un gran desarrollo para involucrarnos en un ecosistema propio como “All that jazz” de 1979 de Bob Fosse, que nos va a mostrar la mente de un coreógrafo adicto a su trabajo, inspirada en la propia vida de su director. Es una obra donde claramente hay un vuele artístico que nos sumerge en sus obsesiones, sus consumos problemáticos creando una manera singular para involucrarnos en un mundo psicodélico.

Por otro lado, tenemos “Chicago” (2002), con todas sus versiones en teatro musical, donde justamente vamos a ver un proceso judicial, el amarillismo de los medios y cada cuadro musical tiene un juego único espectacularmente pensado y desarrollado.


En el caso de “Joker 2” creo que las escenas musicales son bastante pobres, la selección musical está muy trillada y no hay una búsqueda poética detrás. Claro que las interpretaciones de Lady Gaga y Joaquin Phoenix son impecables pero no alcanzan.
Por otro lado, creo que es una producción que abusa de ser explicativa desde el guión. Todo lo que les sucede a los personajes lo dicen en voz alta, subestimando completamente la capacidad interpretativa del público. Prácticamente nada queda abierto para hacernos pensar o dudar un poco.
Creo que tanto las actuaciones como el guión caen en una gran solemnidad que tampoco ayudan para empatizar mínimamente con el personaje. La primera película tiene algunos elementos que generan cierto acercamiento al Joker, por ejemplo la risa incontrolable que produce un efecto siniestro pero que, al mismo tiempo, te da lástima que Arthur no la pueda controlar. En esta segunda cinta, no hay nada de lo que agarrarse para querer que pase algo. No tenemos demasiadas escenas con la pareja como para aunque sea empatizar con cierta tensión sexual o química. Siento que los momentos de los protagonistas juntos son bastante superficiales también.


Es una película que es completamente dependiente de la uno, ya que constantemente harán referencia a lo sucedido en la primera parte. No creo que haya una profundidad en el guión para potenciar la lucha entre las personalidades de Arthur y mucho menos desarrollar el vínculo con Harley Queen. Hubiera sido interesante conocer un poco más del personaje interpretado por Lady Gaga, tener momentos más cotidianos (como sí lo hacen en la uno), incluso meternos en el mundillo del grupo de fanáticos. Hay un universo formado por un grupo de personas postergadas por la sociedad que lo idolatran y hubiera sido más que rico meternos a conocer cómo viven, sus lógicas, su manera de ver el mundo. Siento que es un desperdicio que no hayan logrado construir un lenguaje propio de la película y poder anclarla en un contexto socio cultural con problemáticas tan evidentes en este momento histórico que vivimos, con personas poseídas por un resentimiento por haber sido excluidas, manipuladas por los medios de comunicación amarillistas, inmersas en redes sociales que construyen seres cada vez más individualistas, fomentando odio y violencia. En fin, me quedé con ganas de ver otro tipo de película.

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