Durante décadas, en la industria del cine comercial, la publicidad y la tele, las mujeres cumplieron este Ciclo: pasaron de niñas tiernas a los 8 años, a adolescentes sexualizadas a los 12 años, a jóvenes adultas que quieren casarse y tener hijos a los 20 años y una vez que pasaste esa frontera de los 30, sólo te queda ser una madre o abuelita tierna. Ya lo dijo Goldie Shawn en “El club de las divorciadas”: "Sólo hay tres edades para las mujeres en Hollywood: Babe, Fiscal de Distrito y Conduciendo a Miss Daisy".
También hay que decir que se están empezando a contar cada vez más otro tipo de historia y creo firmemente que estos estereotipos fueron cambiando, sobre todo gracias al lugar que fueron ganando las creadoras audiovisuales en los últimos años.
Era muy necesario conocer la contracara de esas Madres Perfectas que nos vendió el mercado durante décadas. Necesitábamos ver otro tipo de relatos.
Algo que quiero aclarar es que está buenísimo que haya personajes de madres pero lo que solía suceder es que no se profundizaba en los conflictos que trae la maternidad y lo que les sucedía a esos personajes como mujeres más allá de ser progenitoras, si no que se vendió la idea de la maternidad como algo siempre deseado, puro, perfecto, instintivo de lo femenino. La impresión que tenemos en nuestro imaginario es que las madres no tienen deseo sexual, siempre están a disposición, no pueden ser deseadas. Las madres deben resignar sus vidas íntimas y personales por la crianza. En lo personal, me atrae ver el lado B de esa perfección utópica de los años 50s.
Como así lo veíamos en las crisis de una Betty Draper que dejó su carrera profesional por criar hijos y mantener la casa en orden a un tipo que estaba continuamente en la búsqueda de su realización personal, lidiando con sus vacíos existenciales.

Para las mujeres no había tiempo de enfrentarse con esos vacíos, ¡pastillita y a seguir adelante!, como lo vimos muy bien con la mamá de Bojack Horseman.
Para muchas, la idea de libertad e independencia sólo podría ser una fantasía que con suerte les toque a sus hijas como así lo soñó Carmela Soprano.

Una película que va a mostrar muy bien el lado B de la maternidad es “The Lost Daughter” de Maggie Gyllenhaal, basada en la novela del mismo nombre de Elena Ferrante, protagonizada por una de las mejores actrices del mundo, Olivia Colman. Acá vamos a seguir a Leda, una escritora que pasa sus vacaciones en Grecia. Durante gran parte de la peli, vamos a ser una especie de mosca que revolotea insoportablemente alrededor de este personaje. En una atmósfera muy a lo Lucrecia Martel (y hay que decir que la directora contó que admira su filmografía) vamos descubriendo su pasado, algo que le pesa tremendamente. Leda se obsesiona con una mujer, que tiene una hijita pequeña, un marido machirulo y una suegra posesiva. Vemos que la protagonista se identifica con esta chica que se siente ahogada y en medio de ese aturdimiento conocemos su historia: la vida de una mujer que postergó su carrera y su vida personal para criar dos hijas prácticamente sola. No voy a spoilear la peli para que la vean porque realmente es muy buena, lo que puedo decirles es que vamos a ir conociendo una madre por momentos despreciable, pero que a la vez, podemos llegar a entender y conectar con ella y como espectadoras, estamos en un lugar completamente incómodo porque la directora, no juzga a este personaje sino que simplemente expone sus miserias. Tampoco la pone en un lugar de víctima u oprimida. La peli nos deja en evidencia en cierto punto como jueces morales porque es imposible no mirarla con ojos críticos. Al mismo tiempo, pensaba cuántas veces empatizamos con historias de padres abandónicos. Muchas veces conocemos historias de tipos que fueron ídolos populares a los cuales les perdonamos todo y preferimos no saber si se ocuparon de sus hijes, si fueron buenos maridos o engañaban a sus esposas. En cambio, cuando eso sucede con una mujer no la podemos perdonar. Claramente nuestro termómetro de la moral funciona distinto de acuerdo al género. Estoy segura que socialmente nos es mucho más fácil perdonar a los varones que lo hacen. E incluso cuántas veces vemos mujeres solas con críos que lloran en los hospitales, en los colectivos, en los negocios y lo naturalizamos como si nada. Ahora, si vemos un papi sólo con niñes llorando enseguida nos late el útero y tenemos una urgencia de socorrerlo.
Hoy en día, se están contando más historias de mujeres que ponen en crisis la maternidad pero podemos destacar algunas películas que se hicieron hace décadas como “Kramer VS Kramer" del año 1979 protagonizada por Meryl Streep y Dustin Hoffman. Vamos a ver el caso de otra mujer que postergó toda su vida para ser madre y para que su marido pueda ser exitoso en su carrera y un día, harta de su vida, decide abandonar a su hijo.
En una carta que le deja al niño le dice: “...Y ahora debo irme para ser quien debería ser”.
Es interesante pensar que la sociedad ni siquiera puede concebir la idea que una madre pueda abandonar a sus hijes. En esta peli, vamos a encontrarnos con uno de los estereotipos de padres que si no está la mujer se sienten ajenos en sus propias casas porque claro, históricamente, los quehaceres domésticos y la crianza estuvo a cargo de nosotras. ¿Qué sucede hoy en día? ¿Es posible pensar en una responsabilidad doméstica compartida?; ¿ya está pasando?.
Otro genio que supo darle tridimensionalidad a los personajes femeninos desde sus inicios fue Pedro Almodovar. En “¿Qué he hecho yo para merecer ésto?” la heroína es una ama de casa harta de su marido violento, de sus hijos y de su suegra. La protagonista es una mala madre que necesita aventuras y lejos de victimizarla, la muestra como una mujer vital, deseante que toma las riendas de su vida para buscar un cambio.
Almodóvar estrenó “Madres Paralelas" el año pasado, una peli donde también habla de la maternidad, la crianza compartida entre mujeres. Un tema que prácticamente atraviesa toda su filmografía, feminidades que crían juntas y se sostienen entre ellas en un mundo que nos exige cada vez más, donde no hay tetas ni manos que alcancen, parecería ser que una salida posible es sostenernos entre nosotras. En esta peli nos vamos a encontrar con dos tipos de madres solteras: una adulta que pudo tomar la decisión con un fuerte deseo y otra adolescente que se hizo cargo pero no lo deseó.
Hablando de madres solteras controversiales voy a recomendarles una de las primeras películas que ví en mi vida. Mi abuela es muy cinéfila y me acuerdo como si fuera ayer, me llevó al videoclub y flasheó que “Mi madre es una sirena” era una peli infantil. La cuestión es que esta peli cuenta la historia desde la perspectiva de una jovencísima Winona Ryder que va de un pueblo a otro con su hermanita Cristina Ricci y Rachel, su madre soltera, la gran Cher. En este caso vamos a ver a una mujer super independiente, vanguardista que el conflicto justamente pasa porque sus hijas le reclaman estructura, la típica: “a madres hippies, hijas conservadores y viceversa”. En ese momento, haber visto una madre recontra fuera de los parámetros de lo que debía ser una madre me voló la cabeza.
Esta dicotomía me recuerda a la serie “Little fires everywhere" donde conocemos dos tipos de madres: una blanca yankee, tradicional, católica y conservadora con una hija hippie gay que la odia y; una artista, negra, progre y lesbiana con una hija que pide a gritos estructura.
Esta serie que ya he recomendado en otras oportunidades, profundiza un montón sobre los conflictos de la maternidad, el embarazo no deseado, el techo de cristal, las desigualdades sociales y el racismo. Temáticas que sabemos que abordan las producciones de Reese Witerspoon como “Wild” donde vemos a Laura Dern sosteniendo a una familia escapando de un marido violento o una de mis favoritas, “Big Little Lies”, donde tenemos a una abogada que postergó su profesión para criar a sus hijos con un marido golpeador y una vez más, a la grosísima Laura Dern, queriendo ser una buena madre al mismo tiempo que es una de las empresarias más importantes del planeta, o a Shailene Woodley criando un hijo sola, resultado de una violación. Por otro lado, en "Distancia de Rescate" de Claudia Llosa vemos a una madre que no puede cargar con el peso de la enfermedad de su hijo
y la lista de conflictos o relatos puede seguir.
Queremos ver mujeres que están vivas y les pasan cosas. Lo importante es que esas historias que antes eran ignoradas, hoy toman protagonismo; son nuestras nuevas heroínas porque entendemos que ser madre es un montón. A la vez, se puede ser madre y seguir trabajando, seguir deseando, gozando o se puede seguir sufriendo. No estamos acá para decir ésto está bien o está mal, simplemente para decir que existe y nombrarlo.



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