¿Nunca les ha pasado que están viendo una película y, de repente, cuando piensan que tienen todo controlado, el film los sorprende y nada es lo que creían?
El plot twist es el giro inesperado que tiene una historia. Presente en obras literarias y producciones cinematográficas, la vuelta de tuerca, como se suele traducir, es la guinda del pastel. La combinación de una trama que intriga y un final que desconcierta. ¡Qué dupla!

Sin embargo, este cambio abrupto no es obligatorio, se puede construir un guion esplendido sin la presencia de este. Asunto que parecieran no entender algunos directores y escritores quienes tienen una extraña necesidad de asombrar, de conseguir (y casi forzar) que la mandíbula del espectador caiga.
Asimismo, hay realizadores que arrastran esa sombra. Tienen un público cautivo que ve sus películas aguardando este imprevisto y se desilusionan cuando la historia no tiene esta sorpresa que ya es considerada propia de su filmografía.
Quizás es una vara a superar. Capaz es una exigencia. Sea cual sea, es también una presión que se le coloca a muchos guionistas cuando escriben el tercer acto y los obliga a inventarse uno, un absurdo sacado del sombrero, faltando poco para que termine el largometraje. ¡Una #$@ *!
Y no hablo de un segundo punto de giro enrevesado, de complicada justificación, sino a los intentos, porque ahí se quedan, de últimos minutos.

Identity (2003) es un thriller con toques de slasher que atrapa, tiene una revelación que tal vez deje perplejo e, inauditamente, los 180 segundos finales más terribles.
Lastimosamente, no es una exageración, su fallido plot twist es un desastre, es la destrucción sin sentido de un guion normal.
Hangman (2017) es un episodio largo de CSI o cualquiera de estas series que tienen un crimen y somos testigos de su resolución. Cuenta con Al Pacino y Karl Urban, pero ni estos dos actores rescataron un film ordinario.
Honestamente, la razón del culpable y su vinculación con el detective son insípidas, pero, si no exigimos mucho, aceptables. Sin embargo, el guionista quiso más y dañó una historia con un final abierto que no correspondía.
¡Es increíble cómo una película se puede arruinar en apenas minutos!
Pero, no todos son fracasos.

Hay guiones que son construidos, desde el inicio, para dar esta sorpresa. Con meticulosidad, muestran su arma de Chéjov, plantan los elementos, sugieren con los diálogos y maravillan con su giro argumental. Son películas que se convierten en referencia y siempre serán recordadas por su impactante plot twist.
Planet of the Apes (1968) es un claro ejemplo. Luego de acompañar al coronel George Taylor (Charlton Heston) y sufrir a su lado, lo vemos caminando por una playa y ¡Wow!
The Sixth Sense (1999) es otra. La carta de presentación de Shyamalan es imperdible. A todos dejó boquiabierto el momento de anagnórisis del Dr. Crowe (Bruce Willis) y quien diga que lo sabía, miente. Así de sencillo.
The Usual Suspects (1995), Saw (2004) y Nueves Reinas (2000), son otros tres largometrajes cuyos finales son joyas.


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