El laberinto de Del Toro o “bicaus aim mexican”
Siendo yo Tapatío como él, y siendo octubre el mes de su nacimiento, no se puede hablar de alguien más que haya redefinido el cine de terror como lo ha hecho Guillermo del Toro.
Y es que el mexicano nos presenta un cine aterrador, pero en el que el verdadero monstruo no son esas creaturas extrañas y a veces espantosas que nos presentan sus películas, sino el propio ser humano, que ante el egoísmo, la avaricia o el ansia de poder, se erige como el verdadero monstruo, cuenta la leyenda que…
Allá por los inicios de los años setentas, en un acomodado barrio de la ciudad de Guadalajara, un pequeño Guillermo del Toro, Memo, como le llamaban sus amigos, habitaba una casa enorme, casi un castillo, que de día era el lugar perfecto para jugar e imaginar… pero que de noche… se convertía en un lugar terrorífico, lleno de sombras, pasillo retorcido que hacían que aquello fuero un laberinto oscuro y tenebroso.

Memo, se aseguraba de no tomar líquidos una o dos horas antes de dormir, para no tener que levantarse de noche al sanitario, pero una tarde, el agua de Jamaica fue mucha tentación para un caluroso día de verano, y el cineasta en ciernes, no tomó uno, ni siquiera dos, tomo tres grandes vasos de aquel magnifico y dulce liquido escarlata. Ya en su cama, la revolución en su vejiga, hizo que abriera muy grandes sus ojos, y sin pensarlo corrió para aliviar sus ganas, apenas había doblado el segundo de los pasillos, cuando cayó en la cuenta de que estaba a mitad de aquel laberinto de penumbras y… monstruos…
Las ganas de orinar seguían ahí pero pasaron a segundo cuando la poca luz que llegaba, dibujó la silueta del hombre cabra, que al caminar sonaba como ramas secas que se resquebrajaban. De inmediato apretó los ojos, mientras trataba de controlar la respiración para no llamar la atención… pero parecía demasiado tarde.

Toda la pléyade de monstruos que lo acosaban constantemente comenzaron a desfilar frente a él, o por lo menos eso le dijeron sus oídos. primero pudo escuchar el desenvaine de una espada, sin duda era del hombre vampiro que parecía que ahora si lograría arrancarle la cabeza de un tajo, se hizo un tanto se hizo para atrás, y al apoyarse sobre algo, (pudo después darse cuenta que era la mesita de madera estilo victoria de la abuela) tocó el viejo reloj dorado en forma de escarabajo, que logró cortarlo con sus afiladas patas.
Las gotas de sangre caían ruidosamente sobre el piso, y pudo sentir la presencia del viejo albino, y escuchar como lamía del piso el rojo líquido que emanaba de su mano. Después, un calor intenso, como fuego casi inundo todo aquel lugar, no había duda, era el mismísimo hijo de infierno, aquel hombre rojo don mano de roca había llegado. En sus infantiles piernas pudo sentir un roce extraño… como de antenas, el hombre cucaracha, también había llegado.
Intentó dar un paso, pero en su planta del pie, pudo sentir un líquido un liquido viscoso, su propia sangre quizá… No, era mucha, tenía que ser la de aquellas damas de color escarlata intenso, que con lamentos y cuerpos informes lo habían visitado tantas veces, así que mejor reculó y volvió a quedarse inmóvil.

Aquel desfile de creaturas extrañas no terminaba, el niño de madera, el niño ahogado, el Dios Pez, y hasta el gigantesco cara de cuchillo llegaron a atormentarlo. La respiración de todos, sus pasos sus manos, sus gritos, todos estaban cada vez más cerca del pequeño Memo, y cuando parecía que todo estaba perdido, tomó un poco de valor y dijo con voz apretada y temblorosa: -si dejan de asustarme, les prometo que seré su amigo para siempre.
De pronto, silencio, solo su respiración resonaba en el lugar, muy lentamente abrió los ojos, y aunque no había mucha diferencia por la oscuridad imperante, pudo distinguir que no había nada, de reojo solo alcanzó a ver como una pequeña creatura voladora salí por la ventana ¿un hada? O quizá solo era un insecto. Guillermo nunca más tuvo miedo a recorrer esos pasillos oscuros, o lo que es más hizo de las sombras su lugar feliz, y hasta la fecha le sigue rindiendo homenaje a sus extraños amigos.
Guillermo del Toro se convirtió en un sinónimo del cine fantástico, donde sus criaturas, extrañas y aterradoras por fuera, pero atormentadas, a veces benévolas, a veces inocentes, son siempre los verdaderos protagonistas e incluso victimas de los verdaderos monstruos, los hombres.
Sus historias son dramas, o aventuras, o cuentos de hadas retorcidos, como aquel laberinto de pasillos de su infancia… son géneros disfrazados de terror; o son películas de terror disfrazadas de comedias, melodramas o incluso del tan de moda “género de superhéroes”. Misma relación que guarda su aspecto bonachón y actitud amable (de que huele a panqueques, dicen por acá) que contrasta con su macabra imaginación, y que solo puede explicarse “bicaus is mexican”.
Miguel Alcántar




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