La película “De Noche con el Diablo” cuenta la historia de Jack Delroy, el presentador del programa ficticio “Night Owls. Los sucesos se desarrollan en una noche de Halloween de los años 70, meses después del deceso de la esposa del presentador. En una emisión especial del programa en vivo, recibe como invitada a una médium y a una niña poseída, y pese a que en un inicio los sucesos parecen falsos, pronto la audiencia descubrirá que están frente a la amenaza del mismísimo demonio.
Basada en hechos reales, el film utiliza información sobre una organización auténtica, el Bohemian Grove, un grupo formado solo por hombres, que existe desde hace más de 100 años y cuyos miembros son gente muy poderosa de los Estados Unidos.
David Dastmalchian el protagonista, participó en proyectos de terror como “Boogeyman: Tu miedo es real” y “El último viaje del Demeter”, siendo el cine de terror de los favoritos para el actor. Además, también actúan Laura Gordon, Faisal Buzzi, Georgina Haig, Christopher Kirby y Ingrid Torelli quien representó magistralmente a Lilly, la niña poseida. La historia, dirigida y escrita por Colin Cairnes y Cameron Cairnes, se presentó en festivales como Sitges y South by Southwest, e incluso fue elogiada por el célebre escritor del género Stephen King, quien la catalogó como “absolutamente brillante”: “No pude despegar mis ojos. Los invito a que la vean en cuanto puedan”, escribió el autor de “It” en su cuenta de X en marzo pasado.
La película se realiza en formato found footage o metraje encontrado, la técnica narrativa de las películas de terror y los falsos documentales en que todo o una parte esencial del filme ficticio es presentado como si fuese material descubierto. El proyecto de la bruja de Blair realizada en 1999 hizo relevante este método que, a mí, particularmente gusta mucho. Eso sí, hay que saberlo realizar y no todos los que lo experimentan logran un buen film. Pero aquí no tenemos un metraje deliberadamente filmado de correr por un bosque oscuro, lo cual no es sorprendente hoy en día, sino un programa de televisión supuestamente en vivo. Esto permite a los autores manipular con éxito al espectador, que se sumerge en la acción.
La película lo deja claro, al final nosotros como espectadores también somos hipnotizados por el ente maligno, es por eso que vemos la mente de Jack Delroy. Podemos llegar a inferir que el demonio es quien toma el control del programa, mostrándonos lo que él quiere que veamos. Eso, a su vez, puede explicar por qué comenzamos a ver la película con un formato más moderno, contempla nuestra propia realidad y presente (se puede decir que somos participes del programa maldito, algo fuera de la película misma). Es por eso que Jack nos dice que dejemos de ver el programa, apagando el televisor.
La ambientación de los años 70 está meticulosamente recreada, desde la decoración del set hasta los trajes y el estilo de los personajes, incluso la cinta de celuloide y con el correcto cromatismo, así como los momentos tipo documental en blanco y negro tras bambalinas, donde se desatan todos los dramas internos de cada personaje. Son estos momentos, cuando todo se detiene y se van a cortes comerciales, cuando el presentador cambia inmediatamente su personalidad alegre y curiosa por una más taciturna y abstraída. Aunque no soy tan viejo, si soy retro y la identificación con el ambiente, si nos lleva al TV de 50 años atrás. Cada detalle contribuye a sumergirnos en una era donde los programas de televisión eran más que entretenimiento: eran una ventana a lo desconocido y, en este caso, a lo demoníaco.

Puedo destacar el envolvente soundtrack ambientado perfectamente con la película y la década. Nunca podemos saber con certeza qué es una parte planificada del programa y qué es una manifestación de algo paranormal. Las pequeñas pausas publicitarias pueden servir de pistas, pero en lugar de los automóviles de último modelo o el lavaplatos más eficiente, se nos muestran los bastidores del programa. A continuación, la toma se realiza en el formato panorámico habitual, y la brillante escenografía se sustituye por una imagen monocroma de los bastidores del estudio.
Lo cierto, es que este thriller psicológico es una aventura delirante, en donde acompañamos al protagonista con sus demonios y culpas interiores, que florecen mientras transcurre el programa. Los subgéneros de terror; exorcismo y falso documental se fusionan en esta película que al final desencadena una serie de eventos algo locos, donde inferimos que Delroy termina poseído, asesina en plena cámara a la niña que supuestamente estaba poseída y deja a toda la audiencia (o sea nosotros) mirándonos las caras y preguntándonos: ¿Qué carajos hemos visto?
En fin, Late Night With The Devil es una cinta divertida y con un mensaje directo que nos muestra cómo los medios de comunicación pueden llegar a ser capaces de hacer pactos con el diablo con tal de subir los niveles de audiencia. Todos los influencers, youtubers y creadores de contenido fatuo que le rinden culto al “like” pueden servir a fuerzas oscuras sabiéndolo o no.




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