Desde el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM): México 86 y aquello que nos arrebata el autoritarismo. 

La historia de Latinoamérica es un cúmulo de heridas que duelen aún, muchas de ellas en silencio. La guerra civil guatemalteca es una de las más desconocidas pese a haber sido uno de los conflictos armados de la región más largos y sangrientos. Con una duración de 36 años durante los cuales se dieron enfrentamientos brutales, persecuciones estatales, golpes de estado, desapariciones forzadas, incendio de una embajada con gente a su interior, masacres en poblaciones rurales, persecución de académicos, y un sinfín más de sucesos que con el tiempo fueron dejándose bajo la alfombra hasta que de la llaga se logró la llegada de Bernardo Arévalo a la presidencia en medio de una elección inédita.

Por ello, México 86 de César Díaz es una película relevante. El director suma a sus experiencias personales las anécdotas de miles y miles de guatemaltecos que huyeron del conflicto y se alojaron en México, como ya lo habían hecho los españoles durante la guerra civil y la.dictadura franquista, o los chilenos frente a Pinochet, y, por supuesto, hasta la fecha lo hacen, siendo un ejemplo los ecuatorianos, bolivianos y peruanos ante las actitudes golpistas de la derecha internacional.

En México 86 seguimos a María, interpretada por Bérénice Bejo, una militante de izquierda que es testigo del asesinato a sangre fría de su marido por las fuerzas estatales, de las cuales apenas logra escapar dejando tras de sí a su hijo al cuidado de su madre. Con ayuda del movimiento logra huir a México, desde donde realizará encargos para dar a conocer la situación del país y seguir con la lucha. En compañía de su camarada Miguel, ambos vivirán en constante alerta, listos para huir y cambiar de personalidad cuántas veces sea necesario.

Las cosas se complican cuando María decide hacerse cargo de su hijo Marco frente a la evidente dificultad de su madre de edad avanzada. Marco tendrá que formar parte de esa vida falsa, siempre al borde de la tragedia.

César Díaz no pretende hacer una película militante y eso es un acierto. No sé trata de un panfleto sino de un drama familiar sumergido en la trágica realidad latinoamericana. Sus personajes son frágiles, toman decisiones torpes, se ponen en peligro, lo enfrentan y vuelven al camino con el único sostén de sus convicciones. Con ello nos muestra como las tiranías fuerzan a la gente a abandonarlo todo, les arrebatan su capacidad de ser ordinarios y sencillos y les fuerza a tener que tomar decisiones extraordinarias y enfrentarse a situaciones de vida o muerte constantemente, arrastrando a sus seres queridos con ello. El camino que María a elegido es más duro porque no verá frutos pronto, y es posible que ni siquiera su hijo sea capaz de verlos, sin embargo, sabe que su lucha es necesaria y seguirá adelante con ella.

México 86 hace un excelente trabajo de ambientación, maquillaje y vestuario para recrear la época del México en vísperas del Mundial de Fútbol. Con pocos elementos, planos cortos, tomas cerradas y grabación en interiores logra transportarte a la época. Las escenas de acción son pocas pero muy bien ejecutadas y generan la tensión necesaria. Quizá su único pecado sea la pobreza de sus diálogos. Se trata de conversaciones planas que solo hablan de lo inmediato, con poca profundidad y que aportan poco al entendimiento de lo que sucede. Más que cotidianas parecen vacías, lo cual le resta dinamismo a la trama y te impide lograr la empatía necesaria con los personajes. Leonardo Ortizgris y Julieta Egurrola aportan talento aunque sea de manera breve. Sin embargo, la trama pesa sobre los hombros de Bérénice y de un jóven Matheo Labbé, quienes hacen un buen trabajo pese al poco material que se les brinda para construir una relación madre-hijo creíble.

Siendo estrenada en México en el hermoso Teatro Melchor Ocampo de la Ciudad de Morelia en el Marco del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), tuvimos la oportunidad de conocer al director y su jóven protagonista, Matheo y charlar brevemente con ellos. Después de aplaudirles sus logros técnicos y narrativos, le pregunté acerca de cómo hacer para dar a conocer estos sucesos al mundo. César fue muy contundente al decirme que lo primero que tenemos que reconocer es que la Guerra Civil de Guatemala es poco conocida porque la mayoría de sus víctimas fueron indígenas, a diferencia de las de Chile, Argentina o España, que eran principalmente blancos y mestizos. Para César es claro el trasfondo racista de este olvido que, además nos cuenta que en Guatemala es también una tragedia que se mantiene en la oscuridad y de la cual los mismos guatemaltecos están desinformados. Matheo por su parte nos habla de como el, como adolescente, jamás había escuchado lo sucedido en su país y la experiencia con la película fue para él adentrarse en la historia.

Otro rasgo que César remarcó es lo significativo que es que su película sea en realidad una producción belga, ya que al no haber financiamiento en su país para el cine y menos de ese tipo, es el financiamiento internacional la única salida para mantener independencia y lograr hacer el cine que el mismo quiere.

Con todo y sus defectos, México 86 es un testimonio interesante, bien logrado y muy necesario para comprender lo que sucede en nuestro vecino del sur, el cual comparte mucho más con nosotros de lo que nos damos cuenta.

https://www.youtube.com/watch?v=S5bfMS0kWqo&pp=ygUdbWV4aWNvIDg2IHBlbGljdWxhIGNlc2FyIGRpYXo%3D

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