Quisiera creer que Ricky Gervais y Stephen Merchant tomaron como influencia Enredos de oficina (Office space) cuando pensaron la icónica The Office (Idem). No sólo porque la película y la serie comparten la palabra “office” en su título y porque la temática laboral es similar (un grupo de personas que conviven diariamente en el espacio un poco alienante de una oficina sin demasiada personalidad), sino porque el tono de ambas comedias es más o menos el mismo, cáustico, con el jefe irritante y la psicopatía como forma de manifestación de los personajes. Tal vez en definitiva tenga que ver con una época entre fin del Siglo XX y comienzo del Siglo XXI donde la mirada sobre el mundo laboral se hizo más intensa y puso en crisis su dinámica, en una forma que posiblemente haya ido extinguiéndose en el presente y hoy ya no tenga tanta representación en la vida real. Sin embargo, para alimentar mis sospechas, resulta que en un capítulo de la original The Office, el sexto de la primera temporada, hacen mención a Enredos de oficina, con una cita al personaje de Peter Gibbons, interpretado en la película de Mike Judge por Ron Livingston. Con lo cual podríamos decir que la serie británica se inspiró libremente en la película norteamericana, o si bien no se inspiró, al menos la tomó como una referencia estética: gente en camisa y corbata, en cubículos, con la nariz contra el monitor de una computadora de escritorio, los tonos grises y pasteles, la locura como vía de escape, las jerarquías como límites entre las personas.
También quisiera creer que Seth MacFarlane se inspiró en Enredos de oficina cuando pensó uno de los mejores chistes de Ted (Idem), que no es otro que aquel en el que el osito del título va a buscar trabajo y con una honestidad brutal confiesa las cosas más inconfesables y desagradables, para sorprenderse con que termina obteniendo el puesto al que aspira. En Enredos de oficina el protagonista, Peter Gibbons, luego de sufrir una suerte de shock y revelación por la cual adquiere un carácter hedonista y alejado de las normas de la empresa en la que trabaja, se entrevista con unos consultores que tienen el objetivo de reducir personal. Y cuando uno cree que el Peter dejado y desinteresado en continuar en la empresa será echado sin remedio, sin embargo logra sorprender a los entrevistadores por su espíritu relajado y su honestidad al revelar los problemas que atraviesa la empresa. La decisión absurda que toman, por lo tanto, es ascenderlo. Son dos chistes parecidos, que funcionan por el efecto sorpresa y por la hipérbole que representan, y que no hacen otra cosa que dejar en evidencia que el diseño de este tipo de compañías termina casi siempre en las manos de las personas equivocadas, con un grado de locura y sinrazón que inhabilita cualquier tipo de progreso; el absurdo corporativo que surge de análisis totalmente incorrectos y que bajo la lupa de la sátira se vuelve decididamente hilarante.

Con todo esto, decir que evidentemente Enredos de oficina es una película que está mucho más presente en la memoria de lo que suponemos, dado que su estreno pasó desapercibido. En verdad cuando se estrenó en cines fue un fracaso rotundo y sólo mejoró cuando la edición en dvd y vhs motivó que gracias a su intromisión en los hogares se descubriera algo de su singularidad: la película de Mike Judge era decididamente un retrato de época inmejorable, además con la inclusión de una tecnología rudimentaria si la vemos desde el hoy, pero con el acecho del efecto Y2K; además, tendría cualidad de visionaria si, como decíamos, pensamos algunas de sus instancias en el mercado laboral actual. La adivinación, de hecho, parece ser una de las grandes virtudes del director, que en 2006 estrenaría otra de esas películas que se anticipó a la cruel realidad como Idiocracia (Idiocracy). Allí, don Judge pensaba en un futuro embrutecido, donde la ignorancia no sólo fuera una regla sino además un motivo de orgullo. Como se ve, tampoco es que Judge sea un hombre de ideas complacientes, más bien todo lo contrario. Si hablamos de cómo Enredos de oficina parece haber inspirado libremente a otras producciones, no se puede dejar de reconocer en la primera secuencia del film de Judge una referencia para nada velada a Un día de furia, con el embotellamiento y la ira que genera en los personajes, apurados para llegar al trabajo. El detalle del anciano con andador avanzando más que los autos es uno de esos apuntes cáusticos tan propios del humor del director.
Enredos de oficina habla del mundo laboral y del sinsentido del trabajo mecanizado, de las tareas rutinarias que exigen a un trabajador dispuesto repetir un movimiento, día tras días, sin mayor motivación. Esa normalidad circular se rompe a partir de la epifanía de Peter y del plan que pone en práctica junto a sus dos amigos: inspirados en Superman III (Idem) piensan robar una pequeña suma diaria mínima, invisible para la empresa, pero que en el acumulado hace la diferencia. Hay en los personajes del film de Judge algo de los personajes de Rebeldes y confundidos (Dazed and confused) de Richard Linklater. No es que sean adolescentes, pero sí están un poco sin rumbo y también tienen una actitud algo lánguida, especialmente Peter, el líder de esta revolución contra el sistema. Si bien sabemos de antemano que estamos en una comedia, no deja de ser igualmente sorprendente la capacidad de la película para pensar estos temas con una gracia imposible de igualar y sin caer en la solemnidad o la grandilocuencia que cae por ejemplo la ciencia ficción distópica cuando aborda estos mismos asuntos.

Enredos de oficina cuenta con un gran elenco de comediantes, algunos de ellos con carreras incipientes por aquellos años y otros más consagrados: al mencionado Livingston se suman Diedrich Bader, Stephen Root, Gary Cole, Richard Riehle, John C. McGinley y Orlando Jones a cargo de un muestrario notable de personajes notables, algunos con participaciones pequeñas como el vecino entrometido de Bader o el adicto de Jones. Y claro, mencionar a Jennifer Aniston, que por entonces ya era una celebridad como protagonista de la sitcom Friends. Hay que decir que Aniston fue el nombre conocido que Judge tuvo que introducir en la película para que la FOX decidiera producir esta comedia con demasiados nombres ignotos. Y hay que decir que su presencia como Joanna, el interés romántico de Peter, es por demás gratificante. Sin embargo el personaje clave aquí es el Milton de Stephen Root, que era a su vez el personaje principal del corto Milton en el que esta película se inspira. Milton es un personaje decididamente border, alguien que fue despedido tiempo atrás pero que por algún motivo que no se explica, aunque tiene que ver con la burocracia administrativa, sigue yendo a la empresa todos los días. Al tipo lo van corriendo con su escritorio hasta depositarlo en el sótano, sin luz, con la intención de cansarlo. Pero no hay caso, Milton sólo quiere cobrar el cheque. Mientras, murmura cosas ininteligibles aunque siempre termina deseando muy para adentro (o no tanto) prender fuego las instalaciones. La representación de la psicosis a la que el sistema va empujando al hombre está representada en ese tipo al que el gran Root le presta su máscara siempre inclasificable. Lo que pasa con los protagonistas y con Milton hacia el final lo reservamos para quienes hayan visto la película, pero Judge encuentra un cierre tan preciso para su comedia, en el que todas las fichas se terminan acomodando dentro de la lógica que se venía exponiendo. La última escena, con Peter celebrando de alguna manera el lugar en el que terminó ubicándose, es un poco un anticipo de la mencionada Idiocracia.



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