Tormenta interior 

Los artistas son seres especiales, dotados de un talento que surge desde la más temprana edad. A veces son alentados por sus padres o maestros que los acompañan sanamente a concretar sus sueños aunque en otros casos, depositan en ellos la esperanza de resolver sus propias frustraciones. Hay quienes fueron desaprobados por sus mayores en su elección de ser artistas y tuvieron que demostrarles de lo que eran capaces para terminar con esa profecía del fracaso que algunos les vaticinaron sin pruebas fehacientes. Así, el exitismo y la sobreexigencia atacan desde afuera, desplazando el sincero deseo de afianzar una pasión auténtica y saludable. Estas expectativas desmedidas, sumadas a la imperiosa necesidad de complacer al entorno para ser reconocido , aceptado y en definitiva para ser amado por lo que se “es” en esencia- porque un artista sólo siente que existe a través de su arte-comienza a horadar en su yo más profundo, volviéndose una obsesión. Ahí comienza la más cruel y desmedida de las pretensiones, que no tiene lógica ni fin, siempre va por más, desatando una tormenta interna, una sed imposible de saciar y que no tiene misericordia con quien la padece. Ese artista realiza un incesante ciclo de esfuerzos, que traduce en ensayos extremos hasta lacerarse física y emocionalmente, ya que nunca consigue la excelencia deseada, no encuentra límites ya que el horizonte perfecto se aleja cada vez más a pesar de sus logros que nunca le resultan suficientes. No basta con hacerlo bien, debe ser perfecto, destacarse, convertirse en uno de los grandes y trascender. Este arte ya no es un entretenimiento, no sirve para sublimar sus estados de ánimo, no le nutre el alma, deja de ser una profesión, y cada actuación se transforma en una cuestión de vida o muerte, donde el arte duele y se padece. Ya no se trata de ejercer un rol sino de “ ser ” el personaje que interpreta. En “El cisne negro” la protagonista, presionada por no repetir los fracasos de su madre es empujada a una competencia descarnada y sufriente, que no le permite disfrutar plenamente de sus logros. En cambio su obsesión se transforma en un martirio imposible de sobrellevar. Su delirio, la lleva a transformarse realmente en un "cisne que muere” , cuando siente que le crecen alas y la muerte se concreta. Y sólo entonces, consigue la perfección. Así lo demuestra su sonrisa final.

En "Whiplash", Andrew, marcado por el fracaso de la carrera literaria de su padre, quiere ser el mejor baterista del Conservatorio de Música donde estudia y entrar a la orquesta de élite que dirige Terence Fletcher. Su obsesión lo lleva al extremo, incluso de someterse a la humillación para demostrar a todos, que puede ser el mejor. Con la excusa de conseguir logros de excelencia y evidenciar el máximo del potencial de sus estudiantes el profesor con sus métodos agresivos y refuerzos negativos, genera un ambiente hostil, fomenta la envidia y la competencia, así como frustraciones entre el alumnado, normalizando la violencia física, emocional y psíquica , lo que los lleva a situaciones extremas, transformando el desarrollo de su arte en una verdadera tortura.

En otras películas como “ La perfección” se esgrimen castigos corporales ante los errores de ejecución en una Academia musical de élite, donde se magnifican estos mismos efectos que no hacen más que retratar a través de ficciones al extremo, lo que padecen muchos artistas, esos que resultan incomprendidos, en la realidad.

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