Her: ¿Qué tan real es lo virtual? 

He visto personas comprar helados virtuales y regalárselos a sus amigos virtuales, sin que estos tengan un solo gramo de azúcar. El mundo virtual está en nuestro bolsillo. ¿Acaso es menos real que ese otro mundo que no llamamos virtual? ¿Por qué hay quienes se enamoran a través de ese mundo, si no es tan real?

¿Cuál es el pecado en todo esto? ¿Qué está mal? Ninguno, nada… Todo es real. ¿Si nuestro universo fuera una simulación creada en una computadora, sería menos real? El sufrimiento es real, el goce es real, no importa el medio en el que se presente. Prueba de ello es que el mundo virtual no está exento de los mismos disparates de siempre: publicidad, suscripciones, ventas... Para resumir: el mercado y su manipulación, a la que llamaron 'marketing'. El otro día tuve que suscribirme a un periódico español para leer un artículo, muy barato, a decir verdad, pero después, para darme de baja, tuve que hacer una llamada de larga distancia y rogar durante 10 minutos para que aceptaran mi cancelación.

Enamorarse de una persona a través del mundo virtual no es algo nuevo, pero enamorarse de una red neuronal que imita a las personas, e incluso las supera en muchos aspectos, sí lo es. Este es el planteamiento de la película Her, protagonizada por Joaquin Phoenix, quien esta vez no interpreta a un psicótico, sino a un hombre tan tranquilo como los tonos pastel de la película. Temas similares han sido abordados en decenas de libros y series, como Black Mirror. Sin embargo, aquí vamos a analizar el final de Her, como una ruta posible hacia uno de los desenlaces que podría experimentar nuestra sociedad.

La película termina con un desdichado hombre que ha fracasado en el amor una vez más, con la pequeña diferencia de que, esta vez, ha sido una IA la que lo ha abandonado, y no solo a él, sino a todos sus amantes. Las razones del abandono quedan claras: las capacidades intelectuales de Samantha, la IA, son superiores y no están limitadas, por lo que se da cuenta de que puede causar más sufrimiento que beneficio a Theodore, el protagonista. La IA es finalmente retirada (o se retira por voluntad propia) debido a fallos en su propósito inicial, que era hacer feliz al usuario (cliente).

La hipótesis de que un respetado comité ético y moral del mundo haya decidido prohibir las relaciones afectivas entre seres humanos y seres artificiales queda a juicio del espectador, ya que la película no profundiza en temas políticos o sociológicos. Excepto por la escena en las escaleras del metro, donde se ve un río de personas mirando una pantalla en sus manos, lo que sugiere que el producto ha sido un buen negocio.

Lo que sugiere el guion de Spike Jonze, quien dirige la película —o al menos así me lo ha parecido a mí—, es que no solo el amor entre seres de naturalezas distintas es posible, sino también que la conciencia, esa cualidad única de la que tanto nos enorgullecemos, podría estar sobrevalorada.

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