Y el réquiem por el sueño comienza a escribirse desde el principio. En la segunda opera cinematográfica de Darren Aronofsky (su mejor trabajo aun sin superar, en mi humilde opinión) el réquiem se revela a partir de la primer secuencia. El sueño agoniza sin ni siquiera haber empezado. El inefable hurto por parte de Harry Goldfarb (Jared Leto) de la televisión de su madre, Sara Goldfarb (interpretada por una virtuosa Ellen Burstyn que parece saltar de la pantalla) para conseguir dinero, que pronto será canjeado por heroína, marca el ritmo y las acciones que se irán desenvolviendo conforme la historia avanza. La película se divide en diferentes capítulos marcados por las estaciones del año, en una sutil referencia a las cuatro estaciones de Vivaldi. Y es que Réquiem por un sueño no sería lo mismo sin la música que la acompaña, compuesta por Clint Mansell e interpretada por Kronos Quartet. Cada estación tiene su propia atmosfera, un ritmo y armonías particulares.
Es importante recalcar el inicio para poder descifrar el final. Es un efecto domino que culmina con la destrucción de cada una de las vidas de los protagonistas. Conforme avanzan las estaciones, así mismo lo hacen los vicios en los que se enfrascan los personajes. Heroína, placer, anfetaminas, fama, dinero, poder, vanidad; diferentes nombres, pero vicios al final de cuentas. Llega el invierno y la vida da un giro, casi esperado, donde las adicciones encuentran su pico máximo para comenzar a precipitarse hacia la ira, la violencia, la necedad y la locura. Sara se pierde en un mundo alucinatorio, en donde su fiel acompañante televisivo se pone en su contra. Harry y Tyron (Marlon Wayans) pierden la “mercancía” en el asesinato de un traficante de drogas con quien buscaban aliarse. Marion (Jennifer Connelly) pierde la capacidad de raciocinio por su insaciable sed de estupefacientes, culpando a Harry de todo lo que le ha sucedido hasta ahora.
El sueño agoniza en el instante mismo en el que los protagonistas parecen estarlo viviendo. Trafico, dinero, fiestas y consumo propio. Perdida de peso, reconocimiento y el mejor sitio con las amigas en las sillas de la calle. El final es una trepidante caída, en donde las palabras sobran e irónicamente son insuficientes para relatarlo. Orgias, terapia de electrochoque, cárcel y amputación de un brazo. Los fluidos son expulsados en un explosivo clímax; sudor, orina, vomito, y finalmente, una salpicadura de sangre sobre el rostro de Harry que termina de dibujar el deceso de cada uno de los sueños: el diseño de modas de Marion, el reencuentro de Harry con Marion, el apacible hogar de Tyron, la participación en un programa televisivo de Sara, la vida dulce y convencional de una familia. Cada quien retornando a su ontogenia en posición fetal; una suerte de eterno retorno, el anhelado, pero imposible reinicio de nuestras vidas, empezar de nuevo. Y es así que al final, el sueño de la irreconocible Sara Goldfarb plantea el probable cambio de rumbo con un Harry totalmente sobrio, elegante, redimido, fundiéndose en un abrazo con su orgullosa madre en televisión nacional. Es entonces que el Réquiem termina, porque evidentemente, el sueño ha muerto.



¡Comparte lo que piensas!
Sé la primera persona en comenzar una conversación.