- Laura y sus amigos decidieron pasar el fin de semana en una cabaña alejada del pueblo. Era una construcción antigua, rodeada por un bosque denso que apenas dejaba pasar la luz del sol. La primera noche transcurrió sin incidentes, pero al segundo día, Laura comenzó a notar cosas extrañas.
Mientras caminaba por el bosque, encontró un viejo pozo cubierto de musgo y casi oculto entre las raíces de los árboles. Curiosa, se acercó para mirar en su interior. La oscuridad era impenetrable y un olor desagradable emanaba desde el fondo. Cuando estaba a punto de retirarse, escuchó un susurro. "Laura…"
Se estremeció y miró a su alrededor, pero no vio a nadie. Decidió regresar a la cabaña, convencida de que solo había sido el viento. Esa noche, mientras todos dormían, Laura se despertó sobresaltada. Algo andaba mal.
Un frío intenso impregnaba el aire y el silencio era tan profundo que sentía un nudo en el estómago. Fue entonces cuando escuchó pasos en el pasillo, suaves y lentos, como si alguien estuviera deslizándose por la madera vieja.
Pensó que sería uno de sus amigos, pero algo le decía que no estaba sola. Se armó de valor y abrió la puerta de su habitación, asomándose al oscuro pasillo. Allí, al final, vio una figura. Era una mujer, pálida, con el cabello largo y empapado, vestida con ropas desgarradas. Su mirada estaba fija en Laura, sus ojos sin vida y oscuros.
Laura retrocedió, intentando cerrar la puerta, pero la mujer comenzó a avanzar, arrastrando los pies y dejando un rastro húmedo a cada paso. Cuando estaba a punto de gritar, la mujer susurró: "No te vayas… quédate conmigo".
Laura se desplomó, paralizada por el miedo, incapaz de moverse mientras la figura se acercaba. De repente, sintió una mano en su hombro. Gritó y se giró, solo para ver a uno de sus amigos, Pablo, quien la miraba confundido.
"¿Qué pasa, Laura? ¿Por qué estás en el suelo?", preguntó. Pero cuando Laura miró al final del pasillo, la mujer había desaparecido, como si nunca hubiera estado allí. Respiró aliviada, convirtiéndose de que había sido una pesadilla. Sin embargo, cuando se levantó, vio el rastro húmedo en el suelo, confirmando que no estaba imaginando cosas.
Esa noche, Laura no pudo dormir. Cada vez que cerraba los ojos, veía el rostro de la mujer. Decidió salir de la cabaña para despejarse, y mientras caminaba hacia el bosque, sintió un impulso inexplicable de volver al pozo. Al llegar, miró de nuevo en su interior, y esta vez, un rostro apareció en la oscuridad, sus ojos vacíos y su sonrisa macabra.
Antes de poder reaccionar, unas manos frías la sujetaron y la arrastraron hacia las profundidades. La encontraron al día siguiente, con la misma mirada vacía y el mismo rastro húmedo, como si hubiera estado intentando regresar… sin éxito
Y así termina esta historia si quieres conocer más de estas anécdotas sigue y que no se te olviden si vas a una cabaña no te olvides no mi historia


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