LA SUSTANCIA Y EL VALOR DE LA MUJER Spoilers

LA SUSTANCIA. (SPOILERS)

Coralie Fargeat. (2024)

¿Cuál es tu valor? Muchas veces asignamos nuestro valor al trabajo, a nuestros logros, a la admiración de otros, nuestro dinero, estudios, etc. Tratamos de encontrar valor y sentido en nuestras actividades, nuestras pertenencias o nuestras relaciones, porque la sociedad nos ha moldeado para creer que el valor de uno como persona, está en estas cosas. Pero las mujeres, a lo largo de la historia, han sido condicionadas para encontrar su valor meramente en su juventud y en su belleza.

Desde la antigüedad, el valor de una mujer ha sido relacionado con su utilidad para el género masculino, reduciéndolas a un simple producto para el hombre, ya sea para procrear, brindar servicio o placer sexual. Estos constructos sociales han tenido un percance en la percepción, no solo que la sociedad tiene de la mujer, sino la percepción que una mujer tiene de sí misma. De eso nos habla la sustancia, probablemente la película más extraña de este año, señalada por sus imágenes violentas y sumamente grotescas, que la cinta usa para mostrar lo difícil del envejecimiento y el desprecio del propio cuerpo durante este proceso, especialmente, para la mujer.

La trama sigue a Elisabeth Sparkle (Demi Moore), una actriz que tuvo su debut en Hollywood, pero que tras cumplir 50, pierde su trabajo en un show de ejercicios matutinos. Ella descubre un producto clandestino llamado “La sustancia”, una fórmula que promete crear una mejor versión de ti por medio de la clonación. Elisabeth decide probar la fórmula, produciendo de su propio cuerpo, una versión más joven de sí misma llamada Sue (Sara Margaret Qualley); sin embargo, ambas partes no pueden estar conscientes al mismo tiempo y tienen que alternar cada semana. Pero la fórmula que parecía una solución a sus problemas se vuelve una maldición cuando la parte joven comienza a robarle tiempo a la parte mayor, lo que ocasiona que Elisabeth envejezca más rápido, y que, cada vez, haya más distanciamiento y resentimiento entre ambas partes de sí misma.

Una Lucha por amor Propio

Aunque la trama parece una historia de ciencia ficción y las implicaciones de la clonación, más que eso, es una tesis sobre los efectos de la cosificación del cuerpo femenino en la autoestima de las mujeres al llegar a la vejez. Esto lo podemos ver a través del uso brillante de la principal regla de la sustancia.

“Recuerda, ustedes son una”

Esta frase nos deja ver que toda intención que tenga el clon por robarle tiempo a Elisabeth, no puede ser culpada al clon, sino que proviene de las propias inseguridades de Elisabeth, y el autodesprecio que ella siente hacia su cuerpo. No hay nada que Sue le esté haciendo que ella no se haría para mantenerse joven. Mientras tanto, Sue, siente asco al ver que su parte mayor no cuida de sí misma y la ve como todo lo que no quiere ser.

Dos conflictos, dos personajes, pero que representan dos partes de la misma mujer, la envidia de la propia juventud y el miedo a la vejez. Las acciones de Elisabeth y Sue se ven motivadas por la búsqueda de amor y admiración externa, cosas que no pueden tener por ellas mismas, pues han colocado su valor en los ojos de terceros. Elisabeth no tomó la sustancia para mantener su trabajo, el dinero no parece ser su objetivo, ya que está bien colocada económicamente, lo único que ella quiere, es sentirse valorada. Pero cree que no puede serlo si no se mantiene joven para complacer a los estándares de belleza de la sociedad y al mundo del espectáculo.

Ambas partes de Elisabeth se odian una a la otra, sin embargo, la parte que resulta más afectada es la propia Elisabeth, pues en el fondo Elisabeth quiere ser Sue, o más bien, no quiere ser ella misma, no quiere confrontar la realidad del envejecimiento, no quiere quedarse con solamente… Elisabeth. Elisabeth nunca le roba tiempo a Sue, y se niega a dejar de usar la sustancia, para poder seguir escapando de sí misma.

Analizando las acciones de ambos personajes, nos podemos dar cuenta de que ambas buscan eliminar a la parte que está envejeciendo, o al menos, no ser ella por la mayor cantidad de tiempo posible. Eventualmente, Sue asesina a Elisabeth, pero no puede mantenerse viva por mucho tiempo, ya que Elisabeth es parte de ella. En un intento desesperado por mantenerse joven, Sue usa la sustancia, dando como resultado un monstruo con partes de ambas combinadas.

Sigo Siendo Yo.

Toda la secuencia del monstruo me parece muy interesante, principalmente porque el monstruo tiene una gran autoestima. Aún trata de verse bonita, pero, a diferencia de Elisabeth, el monstruo no se esconde, y sale para ser visto por todos. Considero que el monstruo representa a Elisabeth aceptando ambas partes de sí misma, aceptando que su apariencia no define el amor que merece y que, al fin y al cabo, sigue siendo ella. Al final, el monstruo sí es una mejor versión de Elisabeth y Sue, pues logra hacer lo que ellas no pudieron… amarse.

El monstruo acude a un evento de año nuevo, en el que Sue debía ser Host. La criatura llega esperanzada y se presenta en el escenario, por fin, enseñándole al mundo que ha llegado a aceptarse a sí misma. Pero el público la recibe con horror, y tratan de matarla, en una escena grotesca y sangrienta, pero a la vez bastante triste. Esta escena nos deja con un final trágico para Elisabeth, nos deja con la idea de que, no importa si Elisabeth aprendió a amarse, y encontró su valor en todo lo que ella es. Si no encaja en las expectativas sociales, las personas la recibirán tratando de derrumbarla… Y esta es la realidad de muchas mujeres.

Con este final, la película hace una fuerte acusación hacia los estándares de belleza y juventud que ponen tanto estrés y angustia sobre el género femenino. No se puede escapar de la sociedad, y es por eso que la película no recrimina a Elisabeth por su vanidad, precisamente porque a pesar de que logres aceptar tu cuerpo, los constructos sociales siempre estarán ahí para recordarte que no eres lo que ellos quieren ver.

La lucha por el amor propio no solo es individual, es una lucha de todxs. Tenemos que darnos cuenta de que los estándares de belleza no son saludables para nadie. Tenemos que aprender a amar nuestro cuerpo, y aprender a aceptar el cuerpo de los demás, pero sobre todo, debemos aprender a dejar de colocar el valor de alguien en su apariencia.

La Sustancia, presenta este mensaje de una forma increíblemente contundente, a pesar de la manera tan poco convencional en que el mensaje se nos presenta. Siendo honesto, no recomendaría la película a cualquier persona, pero recomendaría revisar el discurso de esta.

Creo que hay mucho más por analizar en esta obra. Si te animas a verla con una perspectiva crítica y social, créeme que no saldrás decepcionadx y quizá aprenderás algo, y saldrás siendo, una mejor versión de ti…

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