Robot Salvaje (2024) cuenta la historia de Roz, un robot de voz femenina que queda, como producto de un naufragio, a la deriva de un bosque salvaje, repleto de una enriquecida fauna. Esta robot se activa y busca cumplir la única función por la que fue programada, y es servir a los humanos. Su mecanismo es hacer una tarea a la vez, y, hasta no terminarla, no puede pasar a la siguiente. Ocurre que en ese bosque no existen los humanos, entonces, en el orden de poder cumplir una tarea, comienza a relacionarse con el medio ambiente hasta que se consigue con un huevo de ganzo, el cual identifica que hay un ser con vida dentro de su cáscara, y decide cuidarlo.
Al nacer este ganzo, Roz, en compañía de un zorro, comienzan a ayudarlo a cumplir sus funciones: comer, caminar, nadar, y volar. Las primeras dos tareas se realizaron con éxito, pero nadar y volar, no les eran tan sencillos, hasta que, por una serie de situaciones y técnicas lograron que el pequeño ganzo nadase y volase. Estas dos últimas eran crucialmente necesarias, debido a que se acercaba el invierno y tenía que migrar pronto. Lo lograron, el ganzo, que además tenía una estatura más pequeña que la bandada común de su especie, pudo al final volar y migrar, con la ayuda de un viejo sabio quien lo admitió como uno de los suyos.
Roz, ante todo esto, aunque su inteligencia es totalmente artificial, desprovista de toda emoción o sentir, desarrolló una emocionalidad amorosa por esta pequeña ave, la cual, le hacía tener un instinto “maternal” cada vez más arraigado. Pero todo esto cambió cuando el pequeño ganzo se entera que la razón de ella cuidarlo, fue porque, sin querer, ocurrió un accidente perpretado por la robot que exterminó a su madre biológica, a lo que el gancito se va resentido por tal noticia y la deja en el bosque.
Roz decide irse, además, que investigando se encuentra que ella pertenece a otro sitio, y ya habiendo culminado su tarea con su “hijo adoptivo”, decide activar una nueva señal obtenida de los otros robots que naufragaron, y llama a la empresa que la fabricó, para llevársela.
Pero fue en el momento que ella se va, cuando su hijo volador decide ir a verla, y ella ya se estaba yendo en la nave para el sitio que le correspondía estar. Sin embargo, ella se da cuenta, la van a buscar sus amigos animales, los cuales a lo largo de la historia fueron desarrollando buenos vínculos, y ella decide escaparse a estar con su hijo. Esto, además, porque admitir estar en la nave era aceptar que le borraran todos sus recuerdos, incluyendo, el del gancito.
Todo esto conllevó a una arremetida tremenda al bosque, porque tenían que llevársela. Al final la capturan y su hijo ganzo se va con ella, pero ya era demasiado tarde: a Roz le habían borrado la memoria. Ante esto, el pequeño se acuesta en su pecho, y la magia ocurrió, un enrojecimiento en su pecho, como si se tratase de su corazón, revivió esa memoria emotiva en Roz, la cual reconoció a su niño. Allí, ya activa, lograron irse de la nave, ahuyentar a la empresa fabricadora, y dejarlos en paz.
Pero Roz sabía que no podía quedarse. Hacerlo, implicaría ponerlos en riesgo a todos, así que decidió irse del bosque y dejarlos a todos a salvo, dejando una seguridad a su hijo de que ella no iba nunca a olvidarlo, y que volverían a encontrarse.
El final de esta historia quizás supone que Roz vuelve al bosque y se reencuentra con sus amigos y su ganzo-hijo, y así, terminar una historia en donde se vea la consumación de todo el trabajo que tuvo que hacer ella para por fin no ser rechazada por los animales del lugar, los cuales, desde el inicio de la película le desmostraban su descontento al ser algo totalmente diferente a ellos, y, además, criar a una especie de ganzo que no parecía corresponderle hacerlo.
De ser este esperado final, daría un cierre redondeado y esperado, dejando todos los cabos sueltos, resueltos. Sin embargo, la propuesta del director nos ofrece un desenlace totalmente diferente: Roz, no vuelve al bosque. En el nudo de la película se muestra una granja por donde la bandada de ganzos se cuela. Dentro de este lugar, habían muchos robots iguales a Roz pero con su programación tradicional, y los ganzos fueron atacados por ser intrusos en la zona.
Roz fue llevada a una de estas granjas, reseteada y reensamblada (en el bosque había perdido piezas físicas). Y en la última escena, vemos a su pequeño hijo aparecerse escondido entre las plantas… a lo que lo ve, lo reconoce, y lo abraza, reconociéndolo como su hijo.
Este final propone una manera distinta de resolver la unión entre ellos dos. Ingenioso, además, que fue el gancito quien fuera a visitarla, lo cual te deja a entender el equilibrio entre el amor de los dos, y el respeto al bosque donde él y sus amigos viven, ya que, de ella volver alli, tendría que hacerlo por una voluntad propia que su programación no le permite tener, y, de seguir su “corazón”, pondría en riesgo nuevamente el lugar, por lo cual deja a su hijo ganzo con la decisión de ir a verla, arriesgándose así a encontrarse a un ser que quizás no lo recuerde mas y tenga que huir, o reencontrarse con el amor de su madre.
Este desenlace da una sensación aún más profunda del amor que se gestó en todo el largometraje. Te hace cuestionarte si el amor es solamente algo de los seres vivientes, o es algo más allá que no entendemos. Es, además, una apertura a ver la madurez de determinar qué es mejor para los seres que amamos, versus, lo que se quiere para sí mismo. El dejar ir, y que el amor sea quien nos una de nuevo, arriesgarse a que el amor siempre nos mantenga unidos a pesar de los cuerpos, las distancias y las diferencias físicas y carnales o tecnológicas.
Nos deja una sensación de esperanza, que el amor de madre va mucho más allá de lo inimaginado; y que el amor de un hijo tiene un lazo directo ante este llamado, este recuerdo de corazón, en donde sea que nos encontremos. Y nos reencontramos.
Guillermo Otero.
Venezuela.
29/10/2024.



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