El cine, en su esencia más oblicua, se presenta como un dispositivo capaz de capturar lo inefable de la experiencia humana. En este sentido, The Bookseller of Belfast (2012) de Alessandra Celesia y People I Could Have Been And Maybe Am (2010) de Boris Gerrets se establecen como ejemplos de un relato variopinto que explora las identidades urbanas a través de historias ordinarias.
A medida que las narrativas se despliegan, se hace evidente que, aunque cada una se adhiere a un axioma diferente sobre la condición humana, ambas obras comparten una reflexión sobre lo efímero de las conexiones que forjamos en nuestras comunidades.
Para realizar un análisis comparativo entre las dos películas, se me hace inevitable tomar sus similitudes como punto de partida, dado que, a pesar de las innumerables diferencias temáticas, técnicas y narrativas que éstas puedan tener, ambas se ven atravesadas por temas similares que por momentos las hacen avanzar en paralelo y en otros las cruzan y llevan por caminos totalmente distintos.

Así mismo, mi interés por partir de un lugar común para analizar ambas películas, está motivado por mi lectura y simpatía hacia la película de Celesia y ciertas reservas y diferencias con las decisiones de Gerrets en la suya; las cuales retomaré más adelante e intentaré no interfieran con el análisis objetivo de las obras.
Entonces, si tuviera que definir cuál es, a gran escala, el tema que atraviesa y subordina ambas películas, diría que son la historias, y principalmente historias ordinarias, del día a día, historias que una vez que comienzan a convivir y combinarse ya sea de una manera más o menos directa, terminan, en ambos casos por definir la identidad de una ciudad, ya sea que hablemos de Belfast o de Londres. Y a su vez, ambas películas nos presentan a un personaje interno en la diégesis que no solo nos presenta a los diferentes personajes, guiándonos y acerándonos a su vida interior, sino que también funciona como factor de cambio para la vida exterior de los mismos durante el relato.
Pero en este punto de la comparación, las diferencias entre ambas películas ya resultan demasiadas para no mencionarlas, principalmente por tratarse de diferencias de dirección (y la posición de ambos directores) claramente marcadas.
Retomando la idea que mencioné anteriormente de que ambas películas toman un personaje central que opera como factor de cambio dentro de la diégesis del documental, The Bookseller Of Belfast opta por el personaje detrás del título, el librero, John Clancy. Un personaje probablemente desconocido para el espectador, pero una importante figura pública para la comunidad de Belfast gracias al impacto positivo que el amigable y peculiar librero ha ido dejando en su ciudad natal desde hace décadas. En los primeros minutos de su película, Celesia no solo se encarga de retratar esta faceta de Clancy y de su trascendencia en la capital de Irlanda del Norte, sino que basta con unas pocas imágenes de los personajes secundarios interactuando con el anciano (un joven de aspecto punk amante de la ópera apasionado por viajar, una mesera que aspira a ser una exitosa cantante, y otro chico que se la pasa rapeando y boxeando y parece muy orgulloso de vivir en Belfast) para motivarnos a entender y conocer, ocultos tras la cámara, al hombre detrás del librero y posiblemente de muchos otros personajes de Belfast que quedarán fuera de campo o tendrán muy poco tiempo en pantalla.

Gerrets sin embargo, toma un camino muy distinto en cuanto a la elección de su protagonista, ya que las decisiones narrativas, de dispositivo fílmico y de registro llevan a que muy temprano en la película, sea, ni más ni menos el mismísimo Boris Gerrets quien se vuelve un personaje activo dentro de la diégesis y un factor de cambio para la vida exterior y los arcos de transformación que los personajes que el Gerrets director ha elegido para su película pasarán a lo largo del relato. Terminando por desarrollar amistades, amoríos e incluso transformándose el mismo a lo largo de la película al abandonar su lugar fuera de campo muy temprano en la película.
El interés de ambos directores por darle un determinado punto de vista a cada una de sus películas, hace que inevitablemente las decisiones de puesta en escena y de dispositivo fílmico sean sumamente distintas.
En Belfast, la directora opta por retratar a los personajes y los escenarios desde un lugar que emula lo observacional y resulta para nada participativo dentro de la diégesis. Y cuando hago referencia a la idea de “emular”, es porque la directora está lejos de querer ocultar su intervención dentro de la puesta en escena. En uno de los primeros planos en los que se nos presenta a Clancy (el primero que vemos su rostro), este observa a la cámara mientras se peina como si se tratara de un espejo, y si éste tipo de recursos no dejaran en claro la no-intención de su directora por acercarse a un formato de cine directo, las decisiones fotográficas de donde ubicar la cámara, o una sensación de continuidad de montaje en escenas de intercambios y conversaciones entre Clancy y los otros personajes terminan por evidenciar las decisiones de Celesia por contar la historia que se dispuso a contar antes de encender la cámara.

Esto no implica que la película no esté abierta a casualidades, como buena directora, Celesia aprovecha los imprevistos que surgen conforme la película avanza siempre y cuando estos sean útiles para la historia que quiere contar. Son ejemplos de esto las escenas donde Clancy ayuda a una anciana perdida a encontrar su camino, e incluso en la escena final, donde luego de ver las noticias de un tsunami en Japón que posiblemente afecte a sus seres queridos y su familia, Clancy no duda en intentar comunicarse con ellos.
Mientras tanto, en Londres, Gerrets no duda en exponer que toda la película ha sido capturada a través de un teléfono celular. Pero esta decisión no tiene nada que ver con sacarle provecho a la democratización de la realización cinematográfica moderna gracias a las (ya no tan) nuevas posibilidades de los dispositivos de captura, sino a una decisión exclusivamente narrativa. Gerrets recurre al dispositivo más versátil, intimo e invisible posible. En lugar de optar por una cámara, cuya existencia y aparición implicaría explicitar sus funciones de registro y captura, Gerrets opta por un dispositivo que le permite mezclarse entre todos esos personajes multifacéticos que habitan o pasan por Londres.
Y esta decisión, es la que abre una puerta narrativa que termina por convertir a People I Could Have Been And Maybe Am en una película mucho más universal, una película por la que resulta muy simple verse interpelado. Al punto que su director termina volviéndose un personaje más que interfiere en la vida de sus retratados, y termina retratándose a sí mismo en momentos extremadamente íntimos.
Y es aquí donde expongo mis reservas con la película de Gerrets. Gerrets tiene, literalmente al alcance de una mano, la posibilidad de crear una película que da lugar para la reflexión, donde la idea de realidad y ficción o las de director y personaje se desdibujan por completo, donde el interés por saber y conocer cada vez más sobre estas relaciones, donde las secuencias de transición en los trenes y estaciones con decisiones de sonido muy acertadas funcionan no solo de manera representativa, sino también de manera metafórica. Pero, sin embargo, Gerrets tiene la constante necesidad de insertar intertítulos que exponen, de manera literal, lo que está sucediendo, lo que el director piensa, vive y ve, eliminando la posibilidad de que el espectador haga una lectura propia del relato, algo que personalmente me resulta innecesario, y hasta por momentos redundante.

A nivel fotográfico, (independientemente de las limitaciones que implica para Gerrets filmar con un celular) la intención de ambas películas por acércanos emocionalmente a sus personajes lleva a los directores a ubicar la cámara principalmente entre planos medios, primeros planos y planos detalles, lo cual intensifica nuestro vínculo con estos rápida y efectivamente. No obstante, el uso de una estética casi subjetiva por parte de Gerrets, lleva a que la mayoría de los personajes de ubiquen y dirijan sus miradas a cámara, mientras que Celesia se vale de los intercambios entre los distintos personajes que giran en torno al Belfast del librero para registrar sus intercambios con este, logrando ubicar a Clancy generalmente, en posiciones o porciones del cuadro que logran presentarlo como una figura con cierto tipo de autoridad o como referente ante las miradas atentas de sus “ahijados”.
Pero independientemente de las diferencias que ambas películas puedan tener, así como parten de temas similares, al terminar de ver ambas películas, ambas han resignificado los temas que los atraviesan y convergen en una conclusión similar.
A través de un lenguaje universal, como es la música, los tres personajes apadrinados de cierta manera por John Clancy terminan por transformar Belfast, una ciudad marcada por la violencia, la cual es representada en las cicatrices de uno de los jóvenes, una calle cortada o la librería quemada de Clancy, en un escenario donde sus personajes, al igual que en cualquier lugar tienen sueños, metas, donde a pesar de los altibajos y catástrofes aún queda un sentido de comunidad el cual Celesia logra representar, irónicamente, sin mostrar o contar demasiado acerca de la ciudad, de la misma manera que retratar a Clancy y si vieja profesión reparando y curando libros de una manera muy sutil.
Gerrets, también llega a un discurso universal, de amistad, de amor, de aventuras y de confusiones y de errores, y lo logra de una manera muy distinta, casi subjetiva, la cual se transforma y conecta distintas partes del mundo, culturas, sonidos y formas de comunicarse con el simple hecho de recurrir a un dispositivo fílmico, y a contar historias con las que todo tipo de público es capaz de identificarse.




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