En una clase de literatura, un profesor nos contaba que su hijo de 7 años ya había visto El exorcista (dir. William Friedkin, 1973) y que, lejos de asustarse, la cinta lo hizo reír. La misma reacción reportaron otros niños con los que convivo regularmente. Recuerdo que la primera vez que vi esta película a los 13 años no pude dormir todo un fin de semana, al igual que algunos de mis compañeros de escuela. Todos nosotros fuimos educados dentro de los preceptos de la tradición católica. Todos asistimos al catecismo. Todos fuimos educados para ver la cruz como símbolo sagrado. Contemplar la utilización de un crucifijo para mutilar una vagina era suficiente motivo para horrorizarnos. Probablemente, la religión ya no tiene tanta presencia en la educación de las nuevas generaciones y, por consecuencia, el efecto terrorífico de esta polémica cinta se haya atenuado después de medio siglo de haberse estrenado.

Imagen de El exorcista (dir. William Friedkin, 1973)
Lo anterior hace cuestionarnos qué es lo que causa el miedo en las sociedades actuales. Vivimos una época en la que el discurso feminista impera en la vida política, en los movimientos sociales y las diversas manifestaciones culturales de occidente. La película mexicana Huesera (dir. Michelle Garza Cervera, 2022) narra la historia de Valeria, una joven que logra quedar embarazada después de muchos intentos. Ella y su marido han recurrido a médicos y ritos sincréticos para lograr concebir. Sin embargo, los espectadores van descubriendo en un entramado de psicodelia y superstición que Valeria actúa por presiones sociales y que su futura maternidad la agobia terriblemente en vez de esperanzarla. La maternidad elegida sin vocación es un escenario que horroriza abiertamente a muchas mujeres actualmente.
Tráiler de la película Huesera (dir. Michelle Garza Cervera, 2022)
Por otro lado, si bien la duración de la juventud ha sido una preocupación constante de las diversas civilizaciones que han existido, como se puede apreciar en personajes de la literatura universal como Fausto o Dorian Gray, la perspectiva femenina reclama su presencia en este tema con la película La sustancia (dir. Coralie Fargeat, 2024). Para este siglo XXI, la figura de la mujer exitosa en el ámbito profesional es ya una realidad. Pero al igual que Fausto, esta nueva protagonista no puede resistir la tentación de ser joven nuevamente. Ahora no es un ente demoniaco como Mefistófeles, sino la ciencia la que le ofrece esta tentación, no sin antes establecer ciertas cláusulas. El resultado de este acuerdo es la coexistencia de dos seres que se derivan de una misma esencia, como Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Y, como Dorian Gray, el tiempo se manifiesta implacablemente en una entidad para que la otra permanezca intacta. La sustancia es una reflexión que parece estar dirigida exclusivamente a las mujeres, sin embargo, refuerza la universalidad del miedo a envejecer por parte del ser humano. Seguramente, las mujeres del pasado se sintieron conmovidas e identificadas con Fausto, Dorian Gray y Dr. Jekyll. De la misma manera, los varones del siglo XXI pueden sentir terror y compasión al ver a Elisabeth Sparkle siendo acorralada por los prejuicios que la implacable sociedad guarda hacia una circunstancia en la que todos sus miembros navegan: el paso del tiempo.
Tráiler de La sustancia (dir. Coralie Fargeat, 2024)
Los asesinatos fortuitos y sangrientos, así como las posesiones demoniacas parecen haber hecho estancarse en sus propuestas al género del terror. Para poder innovar es necesario identificar cuáles son las fuentes del miedo de las sociedades actuales. ¿Quiénes serán los valientes cineastas que se atrevan siquiera a intentar descifrarlas?




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