Grandes inicios: El Hilo Fantasma 

Cuando analizamos aspectos de las películas de Paul Thomas Anderson seguramente en algún momento hablemos de cómo inicia sus películas. No es simplemente mostrarnos cuándo y dónde se desarrollará la historia o quiénes serán los personajes principales como en “Boogie Nights” (1997); establecer un tono de fatalidad y conexión cósmica con una serie de viñetas en blanco y negro como en “Magnolia” (1999); o simplemente presentar al protagonista en una extensa y abrumadora secuencia sin diálogos (que podrían ser una película en sí misma) como en “There Will Be Blood” (2007). Anderson no solo nos introduce a un nuevo universo, directamente nos agarra del cuello y nos arroja al ojo de la tormenta. Pero hay una película en particular que se caracteriza por manejar con delicadeza y sofisticación los elementos narrativos y audiovisuales que la conforman, aun cuando se trata de una turbulenta historia de obsesión y abuso de poder. El universo aquí es la alta costura, donde los pomposos vestidos pueden esconder debajo algo no tan refinado.

“El Hilo Fantasma” (2017)

Tengamos en cuenta que todo lo que analizaremos a continuación, lo hacemos pensando en retrospectiva luego de haberla visto. En cómo todo lo que refiere a temas, tonos y personajes, que más adelante irá tomando forma y conflicto, ya estará siendo presentado con simbolismos, acciones y diálogos, en las primeras secuencias. Aun cuando nos están contando algo, nos están diciendo muchísimas cosas más.

Primer plano de la película y no sabemos dónde estamos ni quién es esta mujer. Su interlocutor no será mostrado y ella se está refiriendo a otra persona llamada Reynolds. La luz infiere un ambiente cálido y hogareño, mostrándola cómoda dónde está. Prestemos atención cómo describe al tal Reynolds: “Ha vuelto realidad mis sueños y le he dado lo que más desea a cambio”. Ya percibimos una figura de poder en esa persona que no conocemos y una total entrega de esta mujer hacia él.

“¿Y qué es lo que más desea?”, pregunta el hombre. “Cada pedazo de mí” responde ella con total naturalidad, como si ese intercambio fuera consentido. Especial atención al término “pedazo” porque será muy relevante en breve. Ya entendemos que hay un hombre lo suficientemente poderoso para darle a ella todo lo que quiere, pero siempre con la condición de que ella se entregue en su totalidad a él.

Ante la pregunta sobre la exigencia de Reynolds, ella es concisa y determinante: “Quizás sea el hombre más exigente”. Si nos alejáramos de un plano realista, ¿a quién les hace pensar alguien como Reynolds? Que tiene el poder de dar todo pero pidiendo algo a cambio: la completa entrega y devoción del otro ser. ¿Estamos refiriéndonos a alguien como un Dios?

Corte al plano siguiente: Reynolds (Daniel Day-Lewis). Notemos cómo pasamos de calidez del rojo donde estaba ella a la frialdad del blanco de este baño. Pensemos en la pureza de ese blanco. En lo que denota esa blancura. En lo celestial de la blancura. Pero volviendo a lo que vemos: es un hombre preparándose para afeitarse.

En los planos siguientes, Anderson se ocupa de mostrarnos la meticulosidad de Reynolds para asearse y vestirse. Hay una especial atención en cada plano, porque nos está contando la obsesión de este hombre por cómo debe sentirse o mostrarse al mundo. Definitivamente, es alguien que se cree mucho de sí mismo y su apariencia debe estar a tono con esa idea.

Plano siguiente, el cielo. ¿No estábamos hablando de un Dios antes? Y la cámara baja, del cielo, a una casa. Nos lleva de una idea a una locación. Quizás otro director hubiese comenzado directamente con el plano de la casa y hubiese estado en lo correcto. Pero arrancar con el cielo y “descender” a la casa, es una opción de narrar otra cosa.

¿Quién es esta mujer que abre las ventanas de la casa? Se presentará más tarde pero lo haremos ahora. Es Cyril (Lesley Manville), la hermana de Reynolds. Ella es su principal confidente, su sangre, su asistente personal. ¿El amor de su vida? Quizás es muy exagerado, por el momento. Pero introduzco esta información ahora para que vea cómo la presentan. Si consideramos que esa gran y lujosa casa es de Reynolds, el hogar de este ser tan majestuoso, pensemos cómo conocemos a su hermana: abriendo las ventanas. Dejando entrar la luz. Permitiendo que el mundo vea a Reynolds. Es quien lo resguarda, lo cuida. Quien decide cuándo se puede ingresar a su mundo.

Y así es como Cyril camina por la casa, que es su casa también, con total naturalidad porque ella es la que manda allí. Reynolds podrá tener el poder, pero necesita a alguien que lo tenga bajo control.

Veamos a este plano de las señoras que trabajan para Reynolds, esperando a entrar a la casa, con todavía oscura luz de la madrugada.

Al ingresar a la celestial e iluminada casa de Reynolds, se dirijen a su lugar de trabajo. ¿Dónde? Pues arriba. Deben ascender. Suben las escaleras y la cámara lo sigue, levantando la mirada también…

… para seguir viendo como estas mujeres ascienden hacia la luz, una que nos encandila, como estar mirando a ese Dios que está en el cielo. Pero miren qué detalle, debajo de los pisos y las escaleras: la humedad y los hongos. Un ambiente corroido. Incluso en el lugar más pulcro, hay algo que está arruinádose por dentro. ¿Qué dice esto de nuestro protagonista? Recuerden, siempre nos están mostrando y contando algo.

Cyril desciende mientras las señoras suben. Ella puede bajar del cielo cuando quiere.

Y las señoras siguen ascendiendo. Muchas escaleras, mucho esfuerzo, para llegar al lugar divino.

Reynolds se cruza con ellas y las saluda con su primer nombre. Obviamente, las conoce, porque de alguna manera, le pertenecen. Y él tiene toda la cordialidad para referirse a ellas.

Cuando finalmente llegan al estudio dónde producen los vestidos de Reynolds. Llega el momento de ponerse el uniforme. Blanco. Los ángeles de Reynolds ganaron sus alas luego de tanto esfuerzo para llegar allí.Woodcock, el apellido de Reynolds. Una marca. cocida a la ropa. Algo que llevarás de por vida.

Siguiente escena. El té significa el desayuno. El bosquejo significa el trabajo durante el desayuno. ¿Un adicto al trabajo? Y los bizcochos significan…

… este intercambio fundamental. No es la mujer que vimos en la introducción. Es otra y le ofrece la comida a Reynolds.

Su decepción es evidente cuando él ni la mira.

Presten atención al siguiente diálogo. "¿Recuerdas lo que te dije?" No más cosas pastosas". La frustración de Reynolds en tener que repetirse.

Y la respuesta de la que entendemos es su novia: “Quizás se lo dijiste a otra persona”. Ya entendemos que ella es una de muchas en la vida de Reynolds.

Entonces llega Cyril y Reynolds la recibe con un halago. Notamos la incomodidad en la chica ante la presencia de alguien que significa más que ella, que debe compartir la cama con él.

Una pregunta capciosa. Primer plano de Cyril. Ya está notando un abuso de confianza.

Reynolds corta el diálogo y continúa su desayuno.

Al hacerlo, levantando la taza de té, tapa el rostro de la chica. Ella busca algún tipo de conexión con Cyril. Ahora Cyril mira directo a cámara, a nosotros. Su mirada dice todo: “hasta acá llegaste”.

Otra escena y llega un lujoso auto a la mansión. Una señora de sin dudas alta clase.

Observen su comportamiento al entrar, mirando nerviosa hacia arriba, ¿buscando a quién allí arriba?

A Reynolds, por supuesto. Ella es una devota más de su esplendor.

La señora es vestida con asistencia, por la delicadeza de los vestidos de Reynolds.

Reynolds espera. Nótese el reflejo. Los espejos siempre simbolizan una dualidad. Alguien que es y otra cosa que refleja.

La obra terminada frente al creador.

La expresión de Reynolds, buscando alguna falla. Nada puede no ser absolutamente perfecto en su creación.

“Llévalo a dar un paseo”, le dice. Casi como dándole la habilidad de empezar a caminar. Ella, con ese gesto, solo muestra admiración y devoción.

El gesto de Reynolds permitiéndole empezar a desfilar su vestido.

Reynolds, abatido luego de su creación. Ella elogiándolo. “Valió la pena todo lo que hemos pasado”. ¿Qué fue lo que tuvo que pasar para crear un vestido? Todo esto denota una obsesión, luchas quizás, pero un sufrimiento en definitiva. Estamos viendo a un ser que se desvive por sus creaciones. Alguien que tiene una gran idea de sí mismo y lo que debe hacer en este mundo.

En la gala donde se mostrará el vestido, solo está Cyril. Ella es los ojos de Reynolds, quien no necesita estar allí. Su trabajo ya está terminado. Pero su hermana debe corroborar que todo esté en orden.

En la cena posterior de Cyril y Reynolds, lo primero que ella dice es esto. ¿Qué hacemos con la chica con la que te estás acostando? Como un objeto que hay que desechar.

Vean qué desagradable pero honesta es Cyril a referirse a ella y su relación con Reynolds. No tiene pelos en la lengua. Ella debe decir todo lo que él no puede. Su talento no es la creación, sino la acción.

“Le daré el vestido de octubre” le ofrece, como una especie de compensación por el tiempo que pasaron juntos.

Reynolds la mira y asiente. Un detalle que no es explícito pero que me hace pensar es que quizás ese “vestido de octubre” sea uno que a Johanna ya no le entre y regalárselo sea una especie de broma macabra o castigo. El rostro de Reynolds puede denotar disgusto o placer, pero no lo sabemos. Es solo una idea que se me ocurre no tan descabellada conociendo a estos personajes.

La figura de la madre. Bueno, llamemos al psicólogo. ¡Qué sorpresa!

La presencia de la madre muerta.

Deseando que ella siga viendo sus creaciones. Reynolds aun busca la aprobación de su madre.

Y dice que lo reconforta la idea de que los muertos estén observando a los vivos. Una persona que toma con tanta naturalidad la vida y la muerte, también puede ser alguien que se ve a sí mismo por arriba los vivos y los muertos. Un detalle más: el espejo. El reflejo de la nuca de Reynolds. Pero el espejo está sucio. Un reflejo sucio de alguien siempre mostrándose impoluto.

Cyril, viéndolo compungido, le recomienda a Reynolds visitar su casa de campo y él accede.

Vemos estos hermosos planos del auto dirigiéndose a un pueblo campestre. Llevándonos de la majestuosidad y lo celestial de la ciudad a un lugar un poco más terrenal.

Una parada primero en la estación de servicio. Reynolds se refiere por el nombre al encargado, mostrando que ya hace esta rutina muchas veces y siempre mantiene la cordialidad.

Y una conversación normal.

Reynolds dirigiéndose a desayunar a un hotel. Nótese el “descenso” del camino. El ser superior que baja al mundo.

Reynolds espera ser atendido, concentrado. Hasta que un ruido lo distrae.

Es Alma (Vicky Krieps), a la que finalmente le daremos nombre, porque con esa sonrisa entendemos que ya captó la atención de Reynolds.

Ella le hace una fugaz mirada, mostrando interés. Reynolds, sonríe, un poco encandilado por la luz y por ella.

Pero su rostro cambia al pensar unos segundos. Se pone serio. Se incorpora en la silla. Vemos un solo lado de su rostro ya sin iluminar. A contraluz, más oscuro. ¿Qué piensa? ¿Qué pasaría si deja a otra mujer ingresar a su vida?

Llega Alma finalmente a tomar su pedido. Hay sonrisas, química instantánea.

Reynolds describe un extenso y variado pedido para su desayuno. Meticuloso.

Las meseras generalmente dicen “¿qué más?”, pero fíjense que aquí quien lo dice es Reynolds. ¿Por qué? La está poniendo a prueba. ¿Qué más? ¿Qué más podés ofrecerme?

Sigue con los pedidos específicos.

Continúa pidiendo abundante comida para una sola persona. La expresión de Alma ante el apetito de este hombre.

Reynolds se pone los lentes y le pide el anotador a Alma. ¿Para qué?

Porque quiere saber si ella es capaz de recordar todo lo que ordenó. Necesita saber si ella lo valora lo suficiente como para saber todo lo que desea, sin necesidad de una lista. Esa es la prueba a la que la somete.

Se queda con la hoja y ella va a buscar su desayuno.

La tranquilidad y atención con la que Reynolds mira lo que le trajo.

La sonrisa de aprobación cuando ella le sirve el té. Está siendo una perfecta súbdita.

“¿Y ahora?”, pregunta Alma. Como diciendo, ¿cuál será tu siguiente orden? Y así, finalmente, Reynolds la invita a cenar. Es momento de llevarla a su paraíso.

Ella ya tenía lista un papel para darle. Reynolds lo mira y lo toma.

Con el plano detalle del abundante desayuno, la nota dice “Para el niño hambriento. Me llamo Alma”.

Y aquí terminamos la introducción, pero especial atención a este último plano. ¿Se acuerdan cuando al principio Alma decía que Reynolds deseaba “cada pedazo de ella”? Puede ser una connotación romántica, sí, pero también pensemos en este desayuno y la voracidad de Reynolds. Debe poseer todo. Debe controlar todo. Él es todopoderoso, con sus fieles y sus sirvientes.

Ahora ha conocido a Alma, que en inglés es “soul”, claro. Esta chica es alguien nuevo para poseer. Y curiosamente ella pasó la prueba de recordar al pie de la letra todo lo que Reynolds deseaba comer. Un Dios voraz, en definitiva.

¿Qué sucederá con Alma y Reynolds? Pues para eso está la película. Este inicio ya dijo demasiado.

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