"Escape": Una -inclasificable- fuga hacia adentro 

Hay personas que dificilmente son profetas en su tierra. El dicho popular dice, de hecho, que nadie. Ya pasó el los 80 con Pedro Almodóvar, deseado tanto en Francia como en Estados unidos, o más recientemente con directores como Jaume Collet-Serra, que ha desarrollado prácticamente la integridad de su carrera lejos de su país natal.

Rodrigo Cortés y Mario Casas durante el rodaje.

En el caso de Rodrigo Cortés(Orense, 1973), parece ser que el desempeño de su trabajo predominante en lengua inglesa, es más un cúmulo de conveniencias y casuísticas más allá de un empeño o revancha personal. Y digo revancha porque, tras dirigir el cortometraje español que, en su día fue, más premiado de la historia, “15 días” el director dio a luz en 2007 la reivindicable “Concursante”. Como toda propuesta libre de ataduras y conveniencias comerciales, el primer film de Cortés era una demencial aventura donde asistíamos a los enormes problemas del ganador del mayor premio de un concurso de televisión. Y es que, la contradicción, es probablemente la idea temática más predominante en todas las películas firmadas por Cortés. Como los planos que chocan violentamente en el montaje de “Godfellas” de Martin Scorsese , película favorita del cineasta, el cine de Rodrigo Cortes busca la lucha entre dos conceptos opuestos.

Tras el relativo fracaso comercial de “Concursante” filmó la – por fin – aclamada “Buried” con Ryan Reynolds. Una película en las antípodas formales de su primer trabajo, pero que un vez más, intentaba abordar una aventura “bigger than life” en algo tan “small” como un ataud. Gracias al éxito de este último trabajo, pudo rodar las estimables “Luces rojas”, “Blackwood” y “Love gets a room”, hasta el día de hoy. Y es en el día de hoy, cuando nos llega “Escape”, que para quien esto escribe es un regreso – consciente o no – a los orígenes del Rodrigo Cortés más delirante y Kafkiano, y para muestra, la simple premisa es francamente potente.

“N” – un excelente Mario Casas – es un hombre roto tras un traumático pasado. Deambula sin deseos de existir y ni tan siquiera comunicarse con su desvivida hermana (Anna Castillo), hasta que tras una charla con su psicólogo (Guillermo Toledo ), descubre de manera casi azarosa aquello que cumpliría sus deseos más profundos: Entrar en prisión. Ante el estupor de todo su entorno – y del público asistente a la sala – N, llevará a cabo toda una serie de pesquisas enfrentándose de cara al sistema burocrático, legislativo y judicial con el único fin de deshacerse de lo que – otros – consideran libertad, pero que para él está convirtiéndose en un maldito infierno.


Dicho punto de partida, no nace originalmente del propio director, sino que es una adaptación de la novela homónima de Enrique Rubio. Cortés, se encarga (en sus propias palabras) de traicionar la novela original en cuanto a desarrollo de la trama, ya que desde su punto de vista, ésta era inadaptable para el medio cinematográfico a no ser que se convirtiese en una novela puramente ensayística.

No obstante, la película recupera el adn y esencia de la novela original, contándonos la historia de este inadaptado social con una mezcla disruptiva de tono e intenciones. En ningún momento se intenta contentar al espectador, y el director se muestra plenamente auto-consciente del artefacto que tiene entre manos. Se permite ser en muchísimas ocasiones autoparódico despojando al relato de gravedad pero sin caer del todo en un absoluto cinismo. Esto provoca que la película despierte percepciones contrapuestas al no asociar estímulos que tradicionalmente asociamos a emociones muy concretas, cuya asociación el la película es absolutamente contraria. Como el desorden mental que posee el propio protagonista, el universo de “Escape” está a medio camino entre la realidad y la ficción, gracias a un hiperbólico absurdo que eleva a posible lo lógicamente imposible.

Casas y Anna Castillo, su hermana en la ficción.

Aún así, en ningún momento podríamos decir que la película es una fantasía al estilo literario hispanoamericano, algo que Cortés si que ha experimentado en su novela “Los años extraordinarios”.

No es este el caso.

“Escape” sucede en un universo tangible, realista, pero repleto de situaciones grotescas como lo es su propia premisa. Y esto, se sostiene gracias a un exquisito trabajo de dirección expresiva y casi kamikaze. El uso contrapuesto de las imágenes, las interpretaciones, el montaje y la música, nos perturba hasta el extremo en que no sabemos si reír o llorar en un mismo plano. El director, utiliza todas las herramientas expresivas a su alcance para que no remen en la misma dirección, sino que éstas se bifurquen provocando un desconcierto en el espectador.


Por ejemplo, el uso de la música (espectacular partitura de Victor Reyes), es completamente contradictorio respecto a las imágenes a las que acompaña, pudiendo otorgar un tono épico a una situación lamentable. Pero por otro lado, esto no es imitado por el movimiento de cámara o la interpretación, sino que cada “trazo” del conjunto del lienzo parece tener libertad y autonomía propia. No parece para nada azaroso que la versión de “Así habló Zaratrusta” que acompaña los créditos iniciales, sea completamente disonante y carente de unión, ya que esto es toda una declaración de intenciones.

N, un hombre roto.

Tras realizar trabajos más académicos con actores como Robert De Niro o Uma Thurman , Cortés parece haber querido dar un volantazo a su carrera y salirse – un poco – por la tangente con “Escape”. Esto, me hace pensar en la mítica frase que se le otorga a Picasso: “Aprende las reglas como un profesional, para entonces romperlas como un artista”. Aunque la última película de Cortés tiene mucho de anárquico, no podemos negar que es una anarquía controlada, fruto de un maestro del oficio. Si en “Concursante”, el tono demencial era desenfadado de manera más descontrolada, en “Escape” asistimos a la depuración de ese estilo, gracias a la presencia de un autor que elabora una propuesta mucho más profunda que la divertida sátira económica que planteaba en su primera propuesta. En este caso, consigue que suframos realmente por el personaje, consiguiendo un resultado que no resulta frio en ningún caso, sino repleto de una compasiva dulzura.


Y es que, ya ha llovido bastante desde entonces, y se nota que Cortés tiene varias películas a sus espaldas como para saber cómo y cuando saltarse las convenciones de manera aparentemente caprichosa pero profundamente estudiada.

A este discurso hay que sumar una puesta en escena formar que quita el hipo, una factura impecable y un trabajo de cámara del que podríamos escribir horas y horas. A pesar de esto, la forma nunca se impone sobre el fondo, y el film deja mucho espacio para que tanto los protagonistas como una magnífica lista de imprescindibles secundarios (impagable José Sacristán como juez), tengan su momento de gloria.

“Escape” te pone, literalmente, contra las rejas.

Pero sin duda, lo más brillante de “Escape” es su naturaleza casi “punk” ante la que es muy complicado rebatir nada, ya que está constantemente rebatiéndose a sí misma. Podríamos poner muchísimas pegas, como el hecho de no entender las motivaciones del protagonista, o un descenso del interés en la trama a lo largo del segundo acto, pero una vez más sería una crítica realizada desde las expectativas tradicionales. Algo de lo que la película está huyendo desde los propios títulos de crédito. Y aunque es difícil dar una opinión de un film tan irreverente en un primer visionado, lo que queda claro es que esta unión entre los mundos de Scorsese y su aventajado alumno español, ha dado frutos de lo más estimulantes.

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