Cuando acecha la maldad (2023) de Demián Rugna marco la cancha del cine de terror de forma insospechada para todos, de manera grata obviamente.

Me animo a decir que no solo es de lo mejor del cine argentino que vio la luz en los últimos tiempos, sino que también tuvo una proyección internacional , estando en boca de todos.
Ahora solo resta esperar que la industria norteamericana compre los derechos para hacer su versión, como es común que pase y que posiblemente Rugna emigre para esos pagos, posiblemente dirigiendo algún éxito de taquilla, ¿Quién sabe?
El futuro para la película es grandioso y el futuro para Rugna y su equipo seguramente también.
Pero ¿Qué ocurre con la escena local? Esa es una pregunta pertinente para hacernos, al menos para reflexionar al respecto, con relación al cine Argentino.
Primeramente, tendríamos que reflexionar si realmente existe tal cosa: ¿Existe el cine Argentino como industria…? ¿O se trata de realizadores que están a la deriva y que logran sus proyectos a pulmón con poquísimo apoyo?
Humildemente me vuelco mas por la segunda opción.

Me arriesgo a decir que el cine Argentino no es un negocio. No se contempla desde lo cultural como provechoso. No se invierte en él, no se lo estimula. No es un negocio para el ámbito local.
Argentina es un país cuya mirada parece reposar incesantemente el futbol como entretenimiento primordial, dejando de lado cualquier otro tipo de evento, sobre todo el cultural. El cine, la música y el arte en general queda relegado a los subsuelos de la subjetividad de aquellos pocos que le saben prestar la atención que merece.
Los éxitos en cine, los pocos que hubo a nivel masivo, son en realidad éxitos personales. Logros particulares de grupos de realizadores pequeños que apostaron todo por concretar un sueño. ¿Quién sabe lo que tuvieron que hacer aquellos que llevan a cabo una película Argentina para poder conseguir que su proyecto cobrara vida? Es impensado. En otras palabras, no hay un modo único, no hay un proceso. No hay un lugar que nuclee todo el proceso.
Alcanza con escuchar entrevistas de aquellos que realizaron una película Argentina y no van a faltar las anécdotas que describan todo tipo de situaciones que, si bien son contadas como algo gracioso, en el fondo dan cuenta de otra cosa.
Me viene a la mente una vieja entrevista con el actor Federico D´elia contando que para filmar escenas de la serie de los simuladores (2002), al no tener recursos ni los permisos pertinentes, lo que hacían era filmar a la madrugada en locaciones que abordaban en una suerte de operativo cronometrado, sacando los equipos de filmación de sus automóviles súbitamente para lograr alguna escena lo más rápido posible y retirarse del lugar, para que no los detuvieran, los interrogaran al respecto y posiblemente los multaran por eso.

Es común escuchar este tipo de relatos en la mayoría de los actores y directores que hicieron películas Argentinas. Filmar de día para abaratar costos en iluminación, pedir prestado cualquier tipo de equipos, hacer trueques con otros servicios, como vestuario y maquillaje, tal vez por una participación en pantalla en vez de un pago en efectivo y ejemplos de este tipo abundan.
El cine Argentino parece abrirse camino en estos términos. No es que no sea válido. Seguramente existirán realizadores en otros países que hagan lo mismo, inclusive los norteamericanos, solo que, en este caso, parece ser la única opción.
Realicemos un salto temporal y volvamos a Rugna, quien logró lo impensado: realizar una película de terror que no tiene nada que envidiarle a una producción de primera línea.

En este sentido cabe mencionar otra particularidad del cine local, que si se me permite diré que avanza de “a saltos”. Permanece estancado por largos periodos hasta que de repente, como de la nada, emerge una película que rompe todas las marcas, usos y costumbres.
No hay una evolución que se pueda registrar, no hay una coherencia que permita analizar un proceso. Aparece una película y ya, y estemos agradecidos con eso, no pidamos más, parece ser el lugar que nos atañe como espectadores.
¿Por qué se corta este proceso? ¿Por qué un director en Estados Unidos en un lapso de diez años hace siete películas (por exagerar un numero) y acá tal vez ese sea el lapso entre un proyecto y otro de los directores Argentinos?
Por los motivos antes mencionados: cada vez que un realizador consigue cierto éxito emigra, desaparece de la escena. La razón es que, lamentablemente, saben que acá las posibilidades son pocas, los recursos escasean, y es justo pensar que tal vez no quieran pasar por el mismo proceso penoso de tener que batallar con todo lo anterior.
Esto también genera ciertas limitaciones en cuanto a los géneros. Por mucho tiempo ciertos géneros estaban vetados de antemano. Cine de acción, por ejemplo, o de suspenso, ni hablar del cine de ciencia ficción, algo imposible de imaginar en el cine nuestro.
En el caso del género terror constituye un caso aparte, porque de hecho este cine nace y siempre estuvo mas bien relegado a ser de “clase B”, con producciones que eran de poco vuelo.
Tengamos en cuenta que para contar una historia de terror y que no caiga en lo bizarro y en lo gracioso, o inclusive en el mal gusto, hay muchos elementos que hay que tener en consideración. Agreguemos a esto el poco presupuesto, entonces hay que ingeniárselas para realmente conseguir un resultado que pueda generar credibilidad.
Si hablamos de “cuando acecha la maldad”, Rugna tuvo en cuenta absolutamente todos estos elementos, todas estas variables. El resultado esta a la vista: una película excelente. De terror sí, pero antes que eso es una buena película, luego aparece el hecho de que sea del género de terror.

Digámoslo de esta forma:
¿No tenes plata para efectos especiales digitales? Entonces el maquillaje tiene que estar cuidado, ser de calidad. Esto está.
¿No tenes plata para ambientar los escenarios con decorados costosos? Busca una locación que no necesite ni siquiera ser retocada. Una zona alejada, rural. Excelente Rugna, otro acierto, esto está.
Completemos la grilla con otra serie de aciertos del joven director: el argumento está cuidado, los diálogos, la fotografía, los personajes, el vestuario.
¿Alcanzaba con esto? Si, sin duda que sí. Cubriste todos los aspectos relevantes Rugna.
Pero nombremos algo más, un plus extra:
Queremos realmente impactar al público, darle algo más. No solo te estoy entregando una buena historia, cuidada desde lo argumental con tomas de alta calidad, también quiero que te quedes pensando en mí un rato más.
Esto nos remite a la escena del perro. No la voy a describir, solo la voy a mencionar y diré que esta escena es , en particular, aquella que le juega a la par a las producciones internacionales.

Hay que animarse y tener valor, hay que jugársela para mostrar algo así y sostener el resto de la historia, porque la película continua luego de esa escena, no termina ahí, esto es solo un parate en la trama, un paso en el recorrido.
Esa escena de alto impacto es clave en esta película, es eso que no pide permiso para meterse. Con ella Rugna toma una postura y se para al lado de otras películas, sin pedir disculpas, con ímpetu y reclamando un lugar.
Para ir finalizando, se intento en este escrito opinar un poco acerca del cine Argentino a través de un hit de taquilla como lo fue (y lo es) “Cuando acecha la maldad” de Demian Rugna, a quien le deseo un prospero futuro y de quien me declaro fan.
Queda luego por verse que sucederá de aquí en más. Teniendo en cuenta lo expresado en el desarrollo de esta reseña, se esperaría que a Rugna se le abran las puertas para concretar futuros proyectos. Queda en duda si esto pasara aquí o si el buen hombre emigrará al norte en busca del sueño americano.
Sepan disculpar el tono pesimista de mi reseña. Tiene que ver con el hecho de lamentar que realizadores como Rugna hagan tal vez dos o tres películas en el cine local para luego desaparecer en el horizonte radicándose en Europa o Estados Unidos para poder desplegar su arte.
Lo que le debemos a Rugna es que siembra una semilla tal vez, demostrando que es posible hacer una película Argentina de terror y realmente triunfar.
Brindo por un cine Argentino con cientos de proyectos que puedan seguir el mismo camino, y que el caso de “Cuando acecha la maldad” no sea un caso aislado en uno de estos “saltos” , como describía anteriormente, del cine local, para que después no pase nada por un largo periodo.





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