
Ser joven implica diferentes factores como una acumulacion desmedida de sentimientos, sentimientos que Sol Berruezo Pichon-RIviere evoca en forma de nostalgia y deseos en su nueva película.
«Nuestros días más felices» es la segunda película de la joven directora y promesa del cine nacional que tuvo su estreno en el Festival internacional de cine de Mar del Plata.
Agatha, que tiene 74 años (Lide Uranga) , se despierta de repente un día en el cuerpo de una niña de 8 años (Matilde Creimer Chiabrando), justo cuando la independiente hija de 38 años de Agatha vuelve a la casa familiar para reparar heridas que siguen abiertas.
En su segunda película, con aires de costumbrismo nacional, fantasía y situaciones al mejor estilo Dolan, Sol demuestra que se pueden contar historias pequeñas pero con mucho corazón, en un país en donde las grandes producciones acaparan todas las miradas llega su cine para cambiar algunos paradigmas, tal es el caso de «Nuestros días más felices» que con su título evoca la nostalgia de vivir siendo un adulto rememorando mediante recortes, sueños vividos y personajes caricaturescos lo que fue y es la vida.
Un corazón repleto de fantasía viaja mientras divisamos los capitulos de este relato, oímos los diálogos y nos perdemos en las actuaciones tan maravillosas de esto cuatro protagonistas, cuatro porque agatha tiene su niña interior bailando en la casa mientras aquella mujer de 74 se pierde.
Un dia Agatha se levanta en el cuerpo de una niña, esa niña que atesoraba en su juventud y que aún habita en su ser, y no entiende el porqué, ni sus propio hijo Leonidas logra creerle hasta que esta le cuenta cómo fue su nacimiento, cosa que solo conocen las madres. La misma situación sucede con Leti, interpretada por Antonella Saldicco, que explora nuevamente un grado de sentimentalismo e intimidad único y que conmueve con cada palabra. Puede esta situación remitirnos a películas como «Freaky Friday» si hablamos de cambios de cuerpo, pero en este caso, se trata de que el cuerpo vuelva a su infancia para ralentizar el camino hacia el final.
La pérdida de esta adulta puede implicar un grado de miedo desmedido porque el tiempo pasa, los problemas crecen y la vida ya no vuelve a ser la misma, uno crece, el cuerpo le pasa factura pero el alma sigue manteniendo un espíritu juvenil incomparable e irremplazable. Por eso, me gusta pensar que agatha quizas deseo volver a sentirse como cuando era chiquita y hacía piruetas, tenía una gran necesidad de juntar a sus hijos nuevamente y pasar ese cumpleaños tan esperado con ellos, con su familia, y sin una gotera de por medio.
Las goteras pueden representar un tema puntual que taladra la cabeza y no nos permite ser, como la muerte observando desde el ojo de la cerradura.
Pero nuevamente, al igual que la película esto se trata de los ojos, de cómo comprendemos las cosas y como lo vinculamos con nuestras experiencias, como una película así puede tocar una fibra nerviosa de nuestra persona y hacernos reflexionar sobre la vida, y la muerte, dos ejes que su directora explora en sus dos películas.
Tiendo a pensar que si todas las películas argentinas tuvieran este pasaje repleto de magia, la nostalgia tendría otro valor y la tristeza de cumplir años ya no existiría, porque justamente creo que la vejez y la niñez poseen un grado de inocencia eterna que la película lo representa de una manera extraordinaria. En esas etapas de la vida uno está atento a que lo recuerden de la mejor manera, a cantar el feliz cumpleanios y cortar la torta para todos los invitados con una sonrisa en el rostro.
«Todo está en los ojos», todo está en la mirada, en cómo se ven las cosas, en cómo se percibe, en los deseos en vida y la necesidad de recibir amor para poder vivir una vida tranquila.
Las miradas cumplen un rol simbólico muy importante dado que comunican aquello que nos es difícil decir, cómo Leonidas descubriendo el amor a primera vista, o Agatha rompiendo la cuarta pared al comienzo de la película. Todo se trata de las miradas, de cómo vemos la vida y como vemos la muerte, pero sobre todo que hacemos con ello.


La vida de Agatha se representa con la llegada de sus hijos, con las pequeñas situaciones vividas con ellos como el brindis en la mesa, o el desayuno por la mañana, pero también se representa por momentos de soledad atravesados por la llamada del doctor, o el baile arriba de la mesa, esa mujer, esa niña, esa adulta es una misma persona que no se permite dejar ir aquellos recortes de su vida que tanto amo, recuerdos que forman su identidad y que conviven en su cabeza mientras el tiempo pasa. Agatha reflexiona de forma natural y sincera, y comprende que ya no tiene mucho tiempo de estar en la tierra, pero con su sexto sentido, ese presentimiento de que algo va a acontecer vive sus últimos momentos y esa intimidad que perdió pero que quiere recuperar de alguna manera.
cual es el obstáculo que permite mi llegada a la felicidad?
Camina por una arena descalza, dialoga con Leti y le cuenta el estado de protección que tuvo antes de nacer, vive con paz y con amor esos momentos finales, porque claramente esta es una película que trata sobre la vida, sobre sentirse joven nuevamente, volver a ser inocente, sobre la identidad de cada uno, como se descubre lentamente y que hace con aquello que desconoce, sobre sentir todo a flor de piel, y como último lugar sobre la muerte y cómo transitarla.
De la misma manera que Agatha reflexiona, uno como espectador también lo hace, se permite pensar con un grado ameno de melancolía sobre la vida, y su futuro fin.
En esta película, Sol demuestra que su capacidad es muchisimo mas grande, que las pequeñas historias con grandes personajes son su fuerte, y que está comenzando un camino autoral romantizando de cierta manera temas importantes para todo el ser humano, temas que despliegan discusiones, pensamientos y sueños. El nivel narrativo de esta obra llega un grado tan satisfactorio que su equipo debería estar orgulloso.
Los recursos técnicos implementados son de un grado de delicadeza bellisimo, desde los collages en cada introducción al tema a tocar, como «El miedo» o hasta aquellos recortes que dejaban vislumbrar las elecciones de Leonidas.
Las actuaciones conmueven, sobresalen en igual medida y trabajan como un equipo que se nutre entre sí, cada una de ellas tiene una expresión muy marcada, y una mirada totalmente cautivante que a medida que transcurre el metraje se alinean para conectarse entre sí.
La música acompaña las imágenes como un vals, sincroniza el sentir con lo espiritual y como el ruido de las olas en el mar.
Happiness is like a bird with twenty wings
Try to catch him as he flies
Happiness is like a bird that only sings
When his head is in the skies
El repertorio musical elegido funciona como connotador de lo que vemos, de lo que sentimos y del título en sí, porque aquello que busca la película es representar esos días felices que conforman nuestro ser y nuestro vivir.




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