Volver Al Futuro es un homenaje a lo que llamamos hogar Spoilers

Un día, Bob Gale, productor y guionista, miró durante una visita familiar el anuario de secundaria de su padre y se imaginó cómo habría sido conocerlo en su juventud. «¿Habría sido su amigo?», se preguntó, «¿se hubieran llevado bien?». Tiempo después se le ocurrió la idea para una película, se la compartió a Robert Zemeckis y juntos concibieron una de las mejores obras de ciencia ficción de los ochenta. Hoy forma parte de la cultura popular y es la favorita de muchos.

El secreto de su premisa: la familiaridad. Me atrevo a decir que este dichoso ingrediente la hizo triunfar. Pero ¿a qué me refiero con familiaridad?

1985 fue un año repleto de buenas feel good movies.

En la ficción a menudo nos encontramos con sentimientos que nos remiten a lo que ya conocemos y nos hace sentir bien. Cualquier ser humano se siente feliz junto a quienes lo rodean y aman, ya sean sus amigos, pareja o familiares. A esto le llamamos hogar. Y cuando el cine apela a estas emociones y lo hace bien, surge algo que llamamos feel good movie. Como su nombre lo indica, son películas que están destinadas a darte una buena dosis de optimismo, tal y como si estuvieras en la compañía de tus mejores amigos.

En los ochentas ya teníamos E.T el Extraterrestre, por ejemplo, una cinta que demuestra la importancia de una persona especial que nos comprenda. O, si nos vamos más atrás, hasta 1961, estaba Breakfast at Tiffany's, que nos recordaba a la primera vez que nos enamoramos. Incluso en el mismo año de 1985 vinieron Los Goonies, El laberinto y El club de los cinco, y un año después Cuenta conmigo, cuyos mensajes reforzaban el valor de la amistad y la camaradería.

Pero Volver al futuro, a diferencia de estas, redefinió el género de las feel good movies, enfocándose en la familia, representándola tal cual era, imperfecta, auténtica, más parecida a la de uno.

Al inicio de la película conocemos a Marty McFly, un joven que no se siente identificado con su familia. A sus ojos, ellos son unos fracasados: su padre se ríe como un bobo, su madre está amargada, tiene un tío en la cárcel y sus hermanos no maduran. Aunque él tiene novia y desea el éxito con su banda de rock, no se queda atrás. Tampoco le salen las cosas. Su música es ruido para los profesores, llega tarde a clases por juntarse con un científico estrafalario y teme fallarle a su novia con la salida al campamento —y lo hace, por culpa de su apocado padre—. Su vida no es precisamente la de un empresario. Quiere distanciarse y no terminar siendo un fracasado también.

O así piensa.

La familia de Marty McFly antes del desarrollo de la película.

Por otra parte, su amigo el científico, el Dr. Emmett Brown, le da la posibilidad de viajar al pasado al enseñarle su nuevo invento, una máquina del tiempo, que tiene la forma de un coche DeLorean porque, según el doc, debe tener estilo. Y vaya que tiene razón.

Por supuesto, nunca estuvo en sus planes volver atrás para recomponer su vida, sino que Marty debe escapar de unos terroristas libios que pretendían recuperar el plutonio que Emmett Brown les había robado. De modo que, por culpa de las circunstancias, Marty acaba en noviembre de 1955. En el pasado, su ciudad resulta ser más pequeña, el vecindario donde habitaba ahora es un llano y el centro del pueblo parece una de esas viejas maquetas con movimiento. Por si fuese poco, Marty acaba encontrándose ¡con su propio padre!

Marty y George tienen el mismo hábito.

Volver al futuro comienza a mostrarnos aquí el núcleo de su premisa. Si bien en el presente Marty se siente como que no encaja, como el McFly que rompió el molde, en realidad empezará a darse cuenta de que tiene más de su familia de lo que él cree, pues, al igual que su padre, se toca la cabeza de la misma forma, se mueven igual y tienen un aura similar.

El Marty de los ochentas no tiene a nadie en 1955. Está solo. Todavía ni existe. Es como una Alicia o una Dorothy. Cayó en una dimensión alterna en la que todo le resulta absurdo y fantástico sin saber cómo volver a su casa; es un niño perdido que necesita la ayuda de los adultos para regresar. Y de pronto encontrarse con alguien que sí conoce (aunque este a él no aún no, claro está), le trae familiaridad. Es una versión diferente de su padre, pero a fin de cuentas es él. Por ello, sin saberlo, interfiere con su propia existencia y la pone en peligro.

Entonces, Marty se enfrenta a la situación. Es su familia, pero en 1955. Si no lo creía, ahora lo hace. Su madre es joven y le coquetea, conoce la debilidad de su tío por el encierro y advierte que John F. Kennedy todavía ni siquiera es importante. ¡Es una pesadilla! Estas personas en realidad no pueden ayudarlo. No saben quién es, y si lo descubren, de antemano presiente que puede ser peligroso. Solo hay un adulto que puede ayudarlo a salir de esa horrible dimensión.

Cuando se dirige a la casa del doc, así como Alicia, también lamenta haberse perdido. No le creen, se siente desesperado y no hay ninguna solución aparente para su problema. Y ahora, gracias al científico, sabe que no nacerá por haber evitado que sus padres se conozcan. Pero un evento ligado a Emmett Brown hace que este recapacite. Aquel recuerda haber concebido un invento nuevo que sí funciona, el condensador de flujo. Al instante, Marty lo lleva a donde escondió el vehículo y le enseña que sí existe tal aparato. La máquina del tiempo es real.

Doc mostrándole a Marty su dibujo del condensador de flujo.

Siempre he creído que Emmett Brown intentó suicidarse al aceptar que nunca haría un invento exitoso. ¿Cómo es que se cayó en el baño y se golpeó la cabeza de esa manera? Dice que iba a colgar un reloj en la pared, pero ¿quién pondría uno en un baño? Si te das cuenta, esta película hace énfasis todo el tiempo en cómo podemos percibirnos como seres inútiles si no hallamos lo que creemos es el éxito. Que lo importante es lo que ya tenemos; solo hace falta verlo. Pero bueno, tema aparte.

En fin, Marty tiene un plan. Debe hacer que sus padres se conozcan y enamoren en una semana, porque la máquina del tiempo no tiene reserva de plutonio, porque en 1955 no se consigue tan fácil y porque un rayo es el único método capaz de proveerle la cantidad suficiente de energía al condensador de flujo. 1.21 gigavatios. ¡1.21 gigavatios! Sí, y lo saben gracias a un artículo que Marty tomó de una mujer que pedía donaciones para el reloj del centro, que convenientemente se descompuso por ese mismo rayo treinta años atrás.

En este noble proceso, Marty comienza a conocer de verdad a sus padres. Nunca se había interesado en lo que a ellos les gustaba de jóvenes. Sabía la historia de cómo se habían conocido, pero la ignoraba. A su papá le gustaba escribir ciencia ficción, pero este no continuó porque creía que sus historias eran estúpidas y no le gustarían a nadie. No creía en sí mismo. Y su madre, para colmo, era acosada por un patán. Marty resolvió estos problemas sobre la marcha; pero no lo hizo por mejorar su presente, sino que sus intenciones sí fueron altruistas. Dejó de interesarse por sí mismo, y aceptó que sus padres eran dignos de su amor.

En el último tercio de la película explota el mensaje sobre la familiaridad. Marty consigue que sus padres se enamoren a raíz de un evento crucial y reconecta con su familia. Hasta lo hace con su mejor amigo, el doc, a quien solo ayudaba en un inicio casi porque era lo único diferente en su vida anodina. Ahora ve que a su alrededor hay gente que sí es valiosa. Los ama de verdad. Y aunque le gustaría estar con ellos más tiempo, sabe que los podrá ver en el futuro. Aun así, conmueve que se despida de Emmett, que lo abrace en el último momento.

Doc y Marty abrazándose.

Es hora de dejar el País de las Maravillas. Es hora de chocar los zapatos y despedirse de Oz. Es hora de volver al futuro, ver a los tuyos una vez más y regresar a casa.

Marty tiene unos contratiempos por el camino, antes de irse, pero a pesar de todo logra corregirlos. El DeLorean recibe el poder del rayo y se va de vuelta a 1985 a 88 millas por hora. En el presente se da cuenta de que sus acciones en el pasado tuvieron repercusiones positivas (otras curiosas) y de que su vida ha mejorado. Pero lo mejor de todo es que otra vez se encuentra con esas personas entrañables a las que ayudó durante su viaje.

Si interpretamos Volver al futuro como la historia de un hombre que viaja al pasado para corregir su vida en el presente, tal cual ha sido el deseo de muchos de nosotros cuando alguna situación actual no nos favorece, entonces estaríamos entendiéndola mal. Marty no viajó al pasado para mejorar su presente, fue porque debía valorarlo, pues su odisea le sirvió para aprender, para deshacerse de los prejuicios que tenía ciertamente hacia sus propios seres queridos. Él mismo lo dice, «ha sido educativo». Marty era un adolescente común, y este desapego, me atrevo a decirlo, nos afecta a todos en esta etapa. A veces pensamos que lo que tenemos y quienes nos rodean no son suficientes ni nos servirán de algo. Es una visión egoísta, pero así es como surge la insatisfacción.

El libro publicado de George McFly como muestra de que retomó su sueño de ser escritor tras la partida de Marty.

Pero en esta película personajes que representan a gente ordinaria redescubren la magia que hay en sus relaciones. Y por esto Volver al futuro funciona tan bien, porque se parece a nosotros. Por eso nos hace sentir como en casa cuando la vemos. Esa es incluso la razón de su título. Es una oda a la familiaridad. Nos evoca a nuestra familia y amigos, imperfectos cuales son. Nos recuerda que cualquier ser humano puede haber conocido personajes entrañables y tenido aventuras similares a las de Marty McFly, aunque sea sin ciencia ficción. ¿Te has puesto a ver las fotos de tu madre cuando era joven? Seguro que tú podrías vivir tu propia versión.

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