Las fantasías de venganza
de Quentin Tarantino

Tarantino es irremediablemente conocido por su uso rebosante de violencia estética, así como por su constante uso de la venganza como vehículo narrativo en la mayoría de sus películas (si no es que todas). Algunas de sus películas comparten eventos históricos de terrible y desgarradora violencia envuelta en dolor e injusticia, que son intervenidas por el autor en una especie de “deus ex-machina” pero con mucho más estilo.
Quentin se encarga de reescribir la historia para hacer justicia a las víctimas y castigar en la ficción a los culpables de sus infames atrocidades. Este hecho es muy importante porque construye mucha tensión a partir de un suceso histórico que ya conocemos pero que es subvertido a su antojo para provocarnos una catarsis extasiante de placer cuando finalmente atestiguamos morbosas cantidades de violencia volcadas sobre quienes se las merecen.
Tres películas en concreto de este sádico director de Knoxville son las que siguen esta línea narrativa. Y es por eso que además de ser mis favoritas, todas constituyen a las ya bautizadas como:
“Fantasías de venganza”
Bastardos sin gloria
En medio de la Segunda Guerra Mundial, un grupo de judíos que se hacen llamar “los bastardos” ofrece resistencia al régimen nazi y se venga de ellos de la forma más cruel que pueden, no sin disfrutar al máximo el proceso.
Había una vez en Hollywood
En el Hollywood de 1969, un prolífico actor vecino de Roman Polanski y Sharon Tate, se acerca al final de su carrera, y junto a su temerario doble de riesgo, que además es su mejor amigo y asistente personal, terminan cruzando camino con la secta de Charles Manson paralelo al trágico evento que se desarrollaría ese mismo año.
Django sin cadenas
En los 1800, un esclavo negro es liberado por un dentista y cazarrecompensas alemán a cambio de información de un fugitivo, aliándose con el doctor hasta proponerle la misión de liberar a su esposa, quien es propiedad de uno de los más sádicos y crueles esclavistas.
La ficción como antídoto a la realidad
Como pueden notar, todas las anteriores películas toman como eje central atroces eventos históricos de la humanidad que marcaron un antes y un después en la forma en que evolucionó la sociedad, mismos que han dejado secuelas hasta el día de hoy.
Sin embargo, el talentoso director estadounidense se sirve de este recurso narrativo para plantear una ficción que toma lugar en un contexto reconocible para todos, provocando una insufrible tensión que no solo proviene del impecable trabajo de guión al que nos tiene acostumbrados, sino también del imaginario colectivo previamente establecido.
Una vez que estamos atrapados en el magnético ritmo de la trama y seducidos por sus personajes, esperando el inevitable desenlace que todos conocemos y que sabemos sucederá en cuanto la liga de la realidad no pueda extenderse más, Tarantino nos recuerda quién está al mando de la historia. Y cuando la realidad colisiona con la ficción, es ésta última la que prevalece, envolviéndonos en un enorme caos de gratificante violencia.




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