35 años después de la caída del Muro: una mirada retrospectiva de Berlín a través del cine 

El 9 de noviembre se cumple el 35º aniversario de la caída del Muro de Berlín. Para conmemorar este acontecimiento que tuvo un profundo impacto en la historia mundial y el panorama político actual, el Goethe-Institut organizó varias proyecciones de películas en instituciones culturales de las principales ciudades del mundo. En algunas ciudades, los consulados alemanes también volvieron a proyectar Calle Bornholmer, una película de hace diez años que retrata la noche en que cayó el Muro.

Esta comedia dramática se destaca como una atractiva sátira política que permite a los espectadores que no están familiarizados con esa época comprender los conceptos básicos del evento en una atmósfera alegre. La historia comienza con un perro pequeño que cruza con confianza la Bornholmer Straße, el puesto de control más al norte entre los siete pasos fronterizos a lo largo del Muro de Berlín, lo que sorprende a los funcionarios de la aduana de Berlín Oriental en el lado de la República Democrática Alemana (Alemania Oriental, RDA), y establece así el tono cómico de la película.

Fragmento de Bornholmer Straße

En retrospectiva, este acontecimiento histórico de finales del siglo XX fue, de hecho, una comedia de errores fortuitos, fomentados ​​por la burocracia comunista y el impulso histórico, que le dieron una cualidad similar a la de un cómic.

Mientras los oficiales de frontera persiguen al perro, entre las 18.00 y las 19.00 horas se transmite por televisión una conferencia de prensa en directo en la que Günter Schabowski (miembro del Politburó del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED) y Primer Secretario de del SED en Berlín) anuncia un nuevo conjunto de reglas para cruzar la frontera, elaborado recientemente por el Ministerio del Interior y el Ministerio de Seguridad del Estado (Stasi). Esta nueva disposición establece que los alemanes del este pueden solicitar salir del país y moverse libremente a través de todos los puntos de control fronterizos, incluso si no cumplen con los criterios habituales. La norma debería entrar en vigor a la mañana siguiente. Sin embargo, Schabowski, que no había participado en las discusiones políticas y desconocía los detalles, lee una nota apresurada que le entrega Egon Krenz, el líder provisional que reemplazó a Erich Honecker (el ex líder de la RDA), y afirma a un periodista de la agencia de noticias italiana ANSA que esta regulación transfronteriza es inmediata. Cuando le preguntan a partir de que momento entraría en vigencia, duda antes de responder: “Hasta donde sé, la ley entra en efecto de inmediato, sin demora”.

Pero no confundas a Schabowski con un héroe que buscaba adelantar la historia o cambiar la vida de los alemanes del este. En aquel período de las Revoluciones de 1989, todos los oficiales de la RDA sabían que la historia estaba a punto de dar un giro, pero ninguno se atrevía o deseaba asumir la responsabilidad. Su respuesta fue simplemente una manifestación de su estilo de gobierno de laissez-faire y de ir con la corriente. Pero ese comentario casual provocó un gran revuelo en los puntos de control.

Conferencia de prensa de Günter Schabowski el 9 de noviembre de 1989

El contexto histórico más amplio se puede explorar en profundidad a través de fuentes como Wikipedia o documentales exclusivos. Bornholmer Straße, sin embargo, adopta una perspectiva única al centrarse en el puesto de control que fue el primero en abrirse y en el comandante Harald Jäger y sus subordinados, figuras que a menudo se pasan por alto en los relatos enciclopédicos.

Después de ver la televisión y escuchar transmisiones de radio, los residentes de Berlín Oriental comienzan a reunirse en el puesto de control, llegan confundidos y con las manos vacías. Simplemente quieren comprobar la situación por sí mismos. Si realmente se podía cruzar, esperan llegar al otro lado del Muro, ver a sus vecinos después de 38 años, y luego volver a casa esa misma noche. Pero, según las normas de trabajo y el protocolo, el Comandante Jäger y sus oficiales de aduanas no tienen autorización para dejar pasar a las personas sin una notificación escrita explícita. Deben comenzar a procesar a los viajeros con documentos válidos solo a la mañana siguiente.

Una vez, viví una situación igualmente incómoda. Hace once años, mientras viajaba por Centroamérica, intenté cruzar por tierra desde el sureste de México hasta Belice, donde se permitía una visa a la llegada. Cuando llegué, ya eran las 8 p.m. y la oficina de inmigración había cerrado y no había nadie de guardia hasta las 9 a.m. de la mañana siguiente. El guardia de turno no tenía autoridad para dejarme pasar ni permitirme esperar dentro del edificio. Así que tuve que pasar toda la noche sentado en la acera de la carretera.

Siguiendo la estructura narrativa tradicional de conflicto y resolución, la película utiliza una edición paralela para intensificar gradualmente la ansiedad de los funcionarios de aduanas junto con la creciente frustración de los ciudadanos. Al otro lado del teléfono, en el edificio de aduanas, se encuentra un laberinto burocrático, en el que los funcionarios pasan la responsabilidad a lo largo de la cadena. El jefe de aduanas pasa una noche sin dormir, emitiendo órdenes para mantener estrictos los controles fronterizos sin dar instrucciones concretas, mientras se acerca cautelosamente al jefe de la Stasi, Erich Mielke, con la esperanza de recibir orientación autorizada.

Sin embargo, nunca llegan instrucciones claras de parte de los líderes. A menudo, los momentos históricos decisivos son llevados a cabo por funcionarios honrados de niveles más bajos, que deciden dar un paso al frente, para ser menos estrictos, aunque sea ligeramente, con los protocolos. Frente a este enorme muro que han ayudado a construir y sobre el cual mantuvieron el orden durante 38 años, el comandante Jäger finalmente decide arriesgar su propia carrera y abrir las puertas a los viajeros sin verificar sus identificaciones.

Fragmento de Bornholmer Straße

La película, centrada en las experiencias de los oficiales de frontera, concluye en gran medida aquí, sin explorar mucho más que el área del puesto de control. Históricamente, apenas unas horas más tarde, las personas que se hacían llamar Mauerspechte (“pájaros carpinteros del Muro”) comenzaron a derribar el Muro con diversas herramientas, guardándose fragmentos como recuerdos, o atravesándolo para crear puntos de cruces informales. Y así fue como, poco a poco, el Muro de Berlín se desmoronó.

“Tenemos una visión del mundo. ¿Por qué no podemos verlo?” En la película, una profesora de historia de secundaria, ansiosa por visitar a su hija en Berlín Occidental, utiliza esta pregunta (que le hizo por primera vez un estudiante) para desafiar a los funcionarios fronterizos que anteriormente habían aplicado estrictas restricciones de viaje. Entonces, ¿cómo era el mundo alrededor del Muro de Berlín justo antes y después de su caída? Esta comedia, que destila la historia hasta su esencia y exagera sus escenarios, no puede responder completamente esta pregunta, ni tampoco películas más famosas como Good Bye Lenin! O La vida de los otros. Son historias convincentes, incluso que invitan a la reflexión, pero no son espejos exactos de la historia.

Fragmento de Bornholmer Straße

Afortunadamente, más allá de los momentos cruciales capturados en las imágenes de las noticias, algunos cineastas de la época documentaron estos eventos y pusieron el foco en rincones poco pretensiosos y en personas comunes y corrientes que no estaban directamente involucradas en la destrucción del Muro.

El mes pasado, el Festival Internacional de Cine Documental de Buenos Aires (FIDBA) presentó un programa titulado “35 años de la caída del muro: ¿y ahora?” en Cine York, con cinco películas poco vistas de Alemania del Este. La selección no sólo describió el impacto inmediato de la reunificación alemana, sino que también ilustró los nuevos “muros” (políticos, económicos o culturales) que continúan dividiendo a la sociedad contemporánea.

En una de las películas, Adiós, invierno, la directora Helke Misselwitz emprende un viaje en tren a través de Alemania del Este antes de la reunificación, entrevistando a mujeres de diferentes edades y orígenes.

El cortometraje Tango-Traum, también de Misselwitz, se centra en una mujer sentada frente a una máquina de escribir en su apartamento de Prenzlauer Berg, que escucha tango mientras escribe el guion de una película sobre el tango y los sueños.

Una de las piezas más impactantes del programa fue El muro, un documental experimental de Jürgen Böttcher. Desde Potsdamer Platz hasta la Puerta de Brandeburgo, la cámara capta el momento histórico desde varias perspectivas: por un lado, periodistas y turistas de todo el mundo toman fotografías, los niños venden partes del Muro a los transeúntes y la gente celebra la Nochevieja en 1989; al otro lado hay estaciones de metro abandonadas y funcionarios con miradas inexpresivas en sus rostros.

Unsere Kinder retrata a los jóvenes marginados de Alemania del Este en vísperas de la reunificación, entre los que se incluyen punks, góticos, skinheads y neonazis. Dos escritores hablan con estos jóvenes y los comparan con la juventud de la época de Weimar.

En Verriegelte Zeit, la directora Sibylle Schönemann recuerda su pasado: en 1984, fue encarcelada tras solicitar emigrar y un año después se mudó a Alemania Occidental gracias a una amnistía. Después de la caída del Muro, regresó a Alemania del Este para visitar su antiguo lugar de trabajo en un estudio de cine estatal y la prisión donde había estado recluida. Incluso entrevistó a los agentes de la Stasi que la arrestaron, al juez que llevó su caso y a un guardia de prisión que había estado con ella durante el año que estuvo detenida.

Fragmento de Verriegelte Zeit

¿Cuán diferente era Berlín Occidental, la ciudad a la que huyó Schönemann, del Berlín Oriental, que una vez la había oprimido e incluso encarcelado? Al final de Bornholmer Straße, una mujer joven y hermosa cruza al "otro lado" después de que el comandante Jäger levanta la puerta y deja pasar a la gente. Pasea, comparte una cerveza con un joven de Berlin Occidental que habla su mismo idioma y luego regresa a su lugar de origen. De pie en el puesto de control, donde su novio soldado había tenido que hacer cumplir las restricciones fronterizas bajo atenta mirada, ella se reconcilia con él. Después de un beso, le dice: "Occidente huele mal".

Esto me recuerda a un amigo escritor que una vez entrevistó a un ex disidente y a un ex oficial de la Stasi, ambos compañeros de clase en la universidad en Alemania del Este, que luego se convirtieron en enemigos acérrimos. Mi amigo le preguntó al disidente, ahora de mediana edad:

¿Te arrepientes de haber pasado los mejores años de tu vida en Alemania del Este?

¡No, en absoluto!

¿Pero no te sentías oprimido, allí, sin libertad? preguntó mi amigo, desconcertado.

¡Pero éramos jóvenes en aquel entonces!respondió el ex alemán del Este.

De hecho, no importa cuán bueno pueda llegar a ser un sistema o cuánto podemos conocer del mundo, nada se compara con la juventud apasionada e irremplazable que alguna vez tuvimos.

La caída del Muro de Berlín

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