La vida en automático 

Tratar de correr para alcanzar cada meta que nos proponemos, a veces se vuelve tan rutinario, que no nos damos cuenta de lo realmente importante, nuestra propia vida y el compartir con nuestros seres queridos. Películas como Click: perdiendo el control (2006) y Como si fuera cierto (2005), siempre me recuerdan que la vida es un suspiro y debemos aprender a valorar cada momento. No solo en lo profesional, que en la sociedad actual es en lo que más nos enfocamos, sino en la vida personal, las relaciones con nuestras familias, amigos, pareja, pero en especial con nosotros mismos. Nos olvidamos de parar, disfrutar y dar gracias por lo que ya tenemos, cualquier logro se ve disminuido porque inmediatamente ya tenemos una siguiente meta que alcanzar. Es un círculo vicioso en el que como sociedad estamos inmersos.

Hay contrastes muy evidentes en las películas mencionadas, pero al mismo tiempo la similitud de poner la vida profesional por encima de cualquier otro aspecto. Por un lado Click, es la historia de un hombre casado y con hijos, que solo se enfoca en cumplir todas las expectativas que tiene, para mejorar su posición laboral y con esto la situación de él y su familia. Pero en ese camino, pasa por alto que está dejando de compartir momentos valiosos con sus hijos, su esposa e incluso con sus padres. Escenas cómicas que sacan una sonrisa por lo absurdo de la situación y escenas tan tristes, al ver a este hombre darse cuenta de lo que ha perdido por vivir solo enfocado en su trabajo. Al final una gran reflexión que vale la pena recordar una y otra vez.

Por otro lado, Como si fuera Cierto, es la historia de una mujer soltera, que ha vivido para su trabajo, sin darse tiempo de conocer a alguien con quien pueda compartir su vida. Es muy buena en lo que hace y ama su profesión, pero ha dejado su vida personal a un lado, olvidándose de cultivar sus relaciones personales. En un momento, su vida cambia y se ve obligada a reconocer, que ha gastado todo su tiempo enfocándose en cumplir sus metas profesionales y dejando lo demás para después, pero a veces ese después no llega y tiene que ocurrirnos situaciones extremas, para obligarnos a redefinir el rumbo de nuestras vidas.

Dos películas que integran la comedia y la fantasía para dar un mensaje sobre el sentido de la vida. En ambas historias, los protagonistas pasan por momentos de reflexión, en los cuales como espectadores, podemos empatizar con esa situación que muchos hemos experimentado, el vivir en automático, solo enfocados en llegar a la meta. Por eso, este tipo de películas me recuerda que la vida es una suma de pequeños momentos, muchos de los cuales no debemos dejar pasar por alto. No es malo tener metas por cumplir y saber lo que queremos, lo malo es olvidarnos de nosotros mismos en el proceso y dejar a un lado a quienes están ahí para compartir, no sólo cada logro y cada derrota, sino lo más importante, cada momento que por pequeño que sea, es lo que hace más valiosa nuestra historia en esta vida.

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