Imagina que estás en la etapa avanzada de un cáncer tremendo, sin esperanzas, sin nada que perder y con un sentido de la justicia algo exagerado. Cuando de la nada un compañero de males, te sugiere un sitio casi que mágico que promete la cura para tan cruel pesar. Obvio que te cuestiones si vale la pena el riesgo, ya que tan venerado elixir tiene un costo y no muy módico que se diga, además que implica un viaje a otro país y someterte como una rata de laboratorio a pruebas y demás.
Bueno, estando ya en ese punto máximo de desesperación, lo lógico es aceptar, meterse la mano al bolsillo y exprimir hasta el último ahorro para costear el anhelado remedio. Y es así, como un día donde el sol parece brillar con fuerza (o al menos eso crees), viajas a México, buscando el divino tratamiento para tu cáncer.
Lo primero que sucede al llegar, es que te atrapan de forma sospechosa, como una especie de secuestro improvisado, luego te llevan a una hacienda igual de sospechosa, allí te recibe una muchachita que parece estar pasándola peor que tú, luego te hacen conocer a la doctora y su equipo, te preparan casi que inmediato, te sometes a "estudios" que te parecen básicos en comparación con otros que te habían realizado en el pasado, de igual forma, no le prestas mucha atencion, ya que te encuentras obnubilado por la idea de la sanación.
El equipo médico te prepara de forma mediocre, pero tú ni cuent.dñte das, porque recuerdas que viste aún tipo saliendo de esa misma sala de operación, testificando haber sido salvado, mentalmente te aferras a la idea que no hay manera de que esa inversión salga mal.
Te abren el cráneo, pero no sentiste nada, lo atribuyes al efecto de la anestesia bien brutal, haciendo su trabajo, además cuando estabas en plena operación, mirase tu cerebro e la pantalla, curiosamente volteada para que miraras el proceso. El proceso termina, te vendan la cabeza y estás optimista del resultado, pero pronto te das cuenta de la realidad, tu cráneo no tiene heridas postoperatorias. Fuiste víctima de una estafa.
¿Qué haces en esa situación?
Bueno, eres John Kramer, y no te vas a quedar con los brazos cruzados. Así que, como eres un justiciero que lucha contra aquellos que no se toman la vida en serio y hacen fechorías a sus semejantes, piensas que ese falso equipo medico merece su castigo y es ahí, cuando creas un parque de diversiones del terror para jugar con los estafadores, por supuesto. Eso sí, acompañado de tu leal aprendiz, haces pagar uno a uno a esos nefastos vendedores de ilusiones rotas.
En esta entrega, Jigsaw se convierte en un turista enfadado, armado con trampas mortales y un sentido del humor negro. Es como si hubiera dicho: "No me vais a estafar, ¡voy a hacer que jueguen mi juego! Y no solo eso, voy a hacer que jueguen con una sonrisa en su rostro... de terror."
Los personajes toman decisiones que te hacen gritar: ¿¡Por qué haces eso?! Pero, en realidad, quién necesita lógica cuando hay sangre, gritos y trampas colocadas de forma inteligente. Es como si el James Wan hubiera dicho: "Voy a hacer que hagan cosas estúpidas, pero de manera emocionante."
Y luego está Tobin Bell, interpretando a Jigsaw con una seriedad que te hace preguntar: ¿Este tipo no tiene sentido del humor? Pero, en realidad, es el rey del humor negro.
En resumen, Saw X es como un paquete vacacional de terror: sangre, sudor y lágrimas, con un lado de guacamole. ¡Disfruta el viaje! Y no te preocupes, no te vas a quedar con hambre... de sangre.
Calificación: 4.5/5 trampas mortales.
Advertencia: No veas esta película si:
- Eres un turista fácil de estafar.
- Tienes miedo de las trampas mortales.
- No te gusta el guacamole.
Recomendación:Ve esta película si:
- Quieres ver a Jigsaw en acción.
- Te gustan las trampas mortales.
- Quieres reír y gritar al mismo tiempo.



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