Debo decir que vi esta película porque detrás de cámaras estaba Max Barbakow. Debo decir, también, que de Max Barbakow, un tipo que tiene bastantes antecedentes detrás de cámaras, sólo había visto Palm Springs (Idem) pero que con eso me alcanzaba para querer ver cualquier cosa que hiciera. Palm Springs es una película que toma el concepto ese que casi que inventó Hechizo del tiempo (Groundhog day), ese de los loops temporales para que los personajes aprendan a ser mejores personas en la repetición, y que adquiere vida propia por algunas decisiones que va tomando, liberándose sabiamente de las comparaciones. Es noble decir que aquella película contaba con Andy Samberg en el guión, también en la interpretación, pero aquí lo que importaba era la escritura de una comedia romántica muy pero muy graciosa con elemento fantástico, que tenía a la inigualable Cristin Milioti como contraparte femenina y a J.K. Simmons en estado de locura absoluta (y ya sabemos lo que puede dar Simmons cuando ingresa en ese estado). En Palm Springs todo funcionaba más que bien y uno suponía desde luego que todo se debía al tipo detrás de cámaras, aunque sabíamos todo lo que podían dar los demás involucrados. Con todo esto vamos intuyendo que Hermanos (Brothers) no está a la altura. Efectivamente, eso es lo que sucede.

Hermanos parece un poco una mezcla de una comedia de los hermanos Farrelly, en su integración de chistes guarros y humoradas que involucran animales, con una comedia negra de los hermanos Coen, en su mezcla de policial y su humor con personajes que están muy por debajo del coeficiente intelectual requerido. Bueno, no será parte de la familia, pero Hermanos tiene además guión de Etan Cohen, con antecedentes tan buenos como los de Una guerra de película (Tropic Thunder), Idiocracia (Idiocracy) o la animada Los tipos malos (The bad guys). Es decir, los nombres destacados se acumulan, casi que se amontonan, y eso que no mencionamos el elenco: Josh Brolin, Peter Dinklage, Glenn Close, M. Emmet Walsh, Brendan Fraser, Glenn Close y Marisa Tomei. Una maravilla. La historia es la de dos hermanos que heredan de la madre (una suerte de Bonnie Parker del subdesarrollo) la fascinación por el delito, pero que durante un atraco, a uno de ellos (Brolin) le agarra un ataque de moralina y decide abandonar el camino del mal, mientras el otro (Dinklage) cae preso y pasa cinco años en prisión. Cuando finalmente salga, lo que buscará es reencontrarse con su hermano, que ha formado una pareja y está a punto de casarse, para invitarlo a un nuevo y último delito. A partir de ahí, Hermanos se convertirá en una suerte de road movie con un recorrido claro: construir una familia, tal vez la familia que los personajes nunca tuvieron.
Decíamos que Hermanos tiene algo de las películas de los Coen en el sentido de que tiene esa cruza de humor con elementos criminales, habitual en buena parte de la filmografía de los hermanos directores de Fargo (Idem), Sin lugar para los débiles (No country for old men) o El hombre que nunca estuvo (The man who wasn't there), pero que pretende además una reflexión existencial sobre sus personajes, algo que decididamente no logra. El origen de estas criaturas es el de la comedia de tono grueso, no hay sutileza, por más que Barbakow quiera dárselas. Por eso es más preciso hablar de los Farrelly, ya que hay aquí algunos de esos elementos típicos de películas como Loco por Mary (There’s something about Mary), Tonto y retonto (Dumb and dumber) o Irene, yo y mi otro yo -Me, myself & Irene- (no vamos a decir que integran con total fluidez a la trama a una persona con acondroplasia porque Dinklage se enojaría), como la utilización de animales para el humor físico y escatológico, algo que mencionábamos anteriormente. La diferencia es que en Hermanos algunos de esos recursos son usados sin el mayor timing posible, como por ejemplo cierta escena en la que el personaje de Brolin termina masturbando a un mono. Si bien de antemano el chiste no es sutil, hay que decir que la intención de la película de convertir esto en un chiste naufraga por la torpeza con la que está ejecutada la situación. Me acordaba de Oso intoxicado (Cocaine bear) y su salvajismo absoluto para meter al pobre oso en las situaciones más marginales, pero la comedia negra de Elizabeth Banks se animaba a mucho de lo que el cine actual no se anima.

Otra cosa que llama poderosamente la atención en Hermanos es la aparición de Brendan Fraser como un villano bastante patético, construido con el espíritu del Coyote, algo que podría haber sido divertido de estar ejecutado con mejor timing del que lo está. Es llamativo el regreso de Fraser a este tono autoparódico y caricaturesco, que es básicamente el que lo fue depositando progresivamente en peores proyectos. A Fraser le costó bastante reinsertarse en Hollywood, luego de innumerables fracasos comerciales (y conocidos problemas personales) hasta que la mediocre La ballena (The whale) le dio la superficie ideal para explotar sus dotes actorales de manera llamativa y evidente como para que le den todos los premios. De ahí, pasó a trabajar con Martin Scorsese en Los asesinos de la Luna (Killers of the flower moon), donde recordamos especialmente una escena en la que Fraser grita como un descosido, algo que llamó la atención de algunos que no entendieron nunca el leve tono farsesco que maneja por momentos el film del director de Taxi Driver (Idem). Cuando uno piensa el camino de Fraser, supone que luego del Oscar y de trabajar con Scorsese, encausaría su carrera para no volver a territorios que le resultan un poco incómodos. Sin embargo, el actor parece estar actuando aquí en una nueva versión de George de la selva (George of the jungle), Dudley de la montaña (Dudley do-right) o -peor- Locuras en el bosque (Furry Vengeance), esas comedias familiares que mostraron la peor cara de un tipo que, cuando explota bien su costado de héroe sensible, funciona mucho mejor. En Hermanos, el actor vuelve a estar desbordado, caricaturesco, gritón, como algo molesto que rompe con el tono de la película, pero que nunca llega a estar contenido del todo.
Con todo esto, tenemos que decir que Hermanos no es una película del todo descartable, ya que en ese viaje, como en buena road movie, hay destinos mejores y peores que los personajes van recorriendo. En ese desbalance surgen algunos pasajes disfrutables o de comedia genuina, aunque es evidente que algunas cosas están absolutamente desperdiciadas, como la presencia de Marisa Tomei perdida en casi un cameo que podía haber prescindido de su figura. Seguramente Hermanos sea una comedia aceptable, pero lejos está de la expectativa que los involucrados generaban. Habrá que seguir el recorrido de Barbakow para ver si Palm Springs fue una casualidad o no, aunque uno de sus próximos proyectos lleva por título Disaster wedding (Idem) y uno teme por lo que ese título puede llegar a sugerir.



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