El secreto de la montaña
Cuando se habla de iconos del cine, de esa dramaturgia que lleva al espectador no solamente a sincronizarse con la historia, sino a asumirse de lleno en la pantalla...esto ocasiona que se pueda considerar el Secreto de la montaña de esa manera: un icono del cine.
Es de esas historias que inspira a amar de verdad, a sentir que vale la pena generar el amor, el recuerdo, la vivencia, el deseo de encontrarse con esa persona que vibra en lo más profundo del ser.
Y esta película, El Secreto de la montaña, también nos verifica que la orientación sexual no requiere, no necesita de ser asumida desde atuendos que descalifiquen a la persona como ser humano, en esta versión nos implica el respeto que se merece el ser humano por lo que es y nos permite también reafirmar con agrado que la sexualidad del ser humano se vive directamente en la intimidad, que esta no necesita ser reflejada para que los demás la critiquen, la acepten o la soporten.
Secreto en la montaña pasará la historia como una de las mejores versiones que nos trasladan al mundo de los sentidos cuando de verdad se ama.
Otro de los aspectos que plantea la historia, es como el ser humano siempre ha requerido del secreto, esa parte íntima de nuestra naturaleza que nos lleva a sentir la necesidad del riesgo ante aquello que pudiera tener la necesidad de evidenciar... más, sin embargo, se saborea teniendo oculto y los personajes lo hacen de una manera increíblemente bien documentados. Son dos hombres que por su condición de vaqueros, llevan arraigado el perfil del hombre cualificado para hacer amado única y exclusivamente por una mujer, aquel que es capaz de dominar a la bestia desde un corral, como la de hacer sumisa a la mujer que desea para parir sus hijos, cocinarle y atender su casa.
La historia nos sumerge en ese plan de encontrarse cada tiempo para disfrutarlo de sus masculinidades, para disfrutar de esos besos negados, para disfrutar de sus perfiles masculinos y en los que no cabe el más inmenso amor de la mujer que los acompaña en su vida cotidiana.
Secreto de la montaña, es pues, un reflejo del secreto cotidiano con el que el ser humano habita en sus más íntimos deseos.
Igualmente la historia nos sumerge en un tiempo en donde no cabe la posibilidad para un hombre de lo este americano tener otra referencia distinta más que la de ser el macho alfa como históricamente se le ha tenido. Es el gen dominante, es el gen que acapara y gobierna... Luego la historia en sus diversos matices nos lleva a percibir como en la conciencia de los seres humanos hay la posibilidad de aventurar con su vida, con su sexo, con sus relaciones.
Nada más inaudito públicamente que un vaquero de Corrales y de montaña aparezca en demostraciones reiteradas sus deseos más criticados por una sociedad puritana. Hecho conlleva a demostrar también los complejos que van a ir saliendo en cada uno de los personajes al no poder ser libremente felices y consintiendo su ser desde lo que en la magnitud de su alma y de su corazón existe por quien desea como compañero de vida.
El secreto de la montaña es pues la historia más viva la historia más perpleja de un amor condicionado por una sociedad que critica los avatares del corazón de la intimidad y del gusto.

La belleza del paisaje, la tradición acoplada a la época, los actores asignados para llevar magistralmente a la pantalla una historia que, si bien, en el momento actual ya se puede concebir como parte de la cotidianidad, en aquel momento de la década de los 70, era un oprobio, era una barrera, era un riesgo para el mundo concebido en ese momento.


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