My Old Ass, de Megan Park, es una película engañosa. Al leer el título, ver o tal vez imaginar el trailer que se deriva del afiche y de la presencia de Aubrey Plaza, bien puede uno esperar una comedia de situaciones más bien absurdas a partir de un punto de partida fantástico pariente y deudor de las Freaky Friday o, para ser más precisos, a partir de un punto de partida que incluye un viaje en el tiempo proveniente de otro viaje, uno provocado por el consumo de hongos alucinógenos. Así las cosas, una chica de nombre Elliott se encuentra con su yo del futuro, y por ende su yo del futuro se encuentra con su yo del pasado (la del futuro, claro, es la que sabe quiénes son las dos). Dieciocho años ha vivido la una y treinta y nueve ha vivido la otra, pero son la misma persona (o no, pero esa es otra discusión). Bueno, y acá hay algo extraño, porque si bien es lógico que una sea interpretada por una actriz y la otra por otra distinta, en esta película no parecen haberse preocupado demasiado por obtener una apariencia similar, cercana a lo idéntico. De hecho, ni siquiera son dos actrices, Maisy Stella y la mencionada Aubrey Plaza, de esas que uno diría que son especialmente parecidas, o incluso que poseen un llamativo aire de familia. La Elliott más joven le dice a la mayor cosas que la sorprenden de su pelo -que es muy fácilmente modificable- pero no le comenta nada de su nariz, que a todas luces es muy diferente. Inexplicable. Pero la película no se preocupa por ese detalle y quizás hasta esté bien que así sea. Se sigue para adelante con la narración y con el viaje al pasado -o la alucinación que provoca efectos reales- sin que importe demasiado que las actrices se parezcan mucho, ni tampoco poco (qué idioma apto para la cacofonía el castellano).
El título de esta película, traducido de forma más literal, debería ser “mi viejo culo”, pero acá se la puede encontrar “en plataformas” como Mi yo del futuro. Las que son tres palabras en inglés o en la traducción más literal del título en inglés son cuatro en el título de estreno local, y eso que “del” es una de las dos contracciones del español (la otra es al, You can call me al, cantaba con mucho éxito Paul Simon en los ochenta, y ponía a Chevy Chase en un video). La contracción es un hecho morfofonológico (de forma y sonido), que consiste en unir dos palabras, para formar una sola. Es decir que el título de estreno en castellano son casi cinco palabras, y no está la referencia al culo. El título local, o más bien para Latinoamérica, usa más palabras y además es más explicativo y tiene menos juego que el título en inglés. Y también, quizás, hasta sea menos vendedor que el título en inglés. Pero vaya uno a saber. Y uno tampoco sabía que en realidad en esta película Aubrey Plaza actúa realmente muy pocos minutos, como si la hubieran contratado por unos pocos días de rodaje, como solía hacer Roger Corman con Vincent Price o algún otro actor famoso y más caro por jornada. Pero, como solía hacer Corman con Vincent Price, la presencia de la Elliott de Aubrey Plaza es muy importante y está aunque no esté visible a veces está solamente audible, y si tampoco se la escucha sus consejos desde el conocimiento del futuro -bueno, presente para ella, futuro de la historia- son sopesados y tenidos en cuenta por su yo del pasado, o su yo del presente del relato y de la historia.
¿Es esta una película que se preocupa por los descalabros en el orden cósmico -o de la zona y aledaños- que podrían llegar a provocarse a partir de modificaciones de las acciones de alguien por estas cuestiones de viajes en el tiempo? No, apenas hay alguna referencia al asunto y enseguida se olvida, siga siga. Y más importante aún, ¿es esta una comedia con un montón de chistes absurdistas? No, esta es una película con algunos chistes pero que en realidad es sobre todo un coming of age, una película sobre hacerse grande, una película romántica, un poco sobre la familia y el lugar de pertenencia y sobre todo, acerca del paso del tiempo y la fugacidad de mucho de lo que se vive. Una película con no pocas frases de las que antes se solían describir desdeñosamente como “de póster”, y con una secuencia de apertura armada de forma adocenada, como queriendo ser más superficial de lo que termina siendo. Existen en la viña del señor no pocas películas -sobre todo en las producciones “de plataformas”- que ostentan secuencias iniciales de gran porte o de gran despliegue, para luego dar lugar a segundas secuencias que parecen a las películas en cierto estado de letargo por falta de energía o por carencia de algo que podríamos denominar alma, o tal vez corazón. No es el caso sin embargo de My Old Ass, que en su primera secuencia pretende ese gancho canchero -el doble sonido de ch seguido es a propósito para desagradar, las palabras hacen cosas, la cacofonía también- pero que enseguida pasa a otro estado, de mayor reposo, en el que deja hablar a los personajes, les permite mirarse, reconocerse, etc. Fuera de la primera secuencia y de las de los viajes alucinatorios -que son, de todos modos, menos plásticos y más genuinamente cargados de gracia que ese comienzo-, My Old Ass es más bien otra cosa, una película casi antigua en su tono, como la doblemente añeja -y esto no dicho en un sentido necesariamente malo- Verano del 42 (Robert Mulligan, 1971). Más allá de sus referencias a identidades y discursos contemporáneos y a consumos culturales de las generaciones más jóvenes que los que tenemos ya más de medio siglo en el mundo, My Old Ass fluye con una llamativa y bienvenida placidez, sin necesidad ni de aceleraciones ni de agregados laterales, y así la duración es modesta, como de película de otra época, de apenas ochenta y nueve minutos. My Old Ass, entonces, no es lo que promete, o lo que nosotros suponemos que promete. Hasta tal punto es así que uno imagina que es una -otra- película estadounidense. Pero no solamente es una película que transcurre en Canadá y se habla de irse a la ciudad más grande de Canadá sino que la directora y guionista y también la protagonista -no, la protagonista no es Aubrey Plaza- son canadienses. Sí, de la parte mayoritaria de Canadá que habla inglés y que hasta comparte lagos con el gran país del norte, el país que está ubicado al sur de Canadá.



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