- Escribano. ¿Qué es Racing para usted?
Así inicia el mítico diálogo interpretado por Pablo Sandoval (Guillermo Francella) ante Benjamín Espósito (Ricardo Darín), en el que se busca entender el comportamiento y la mente de Isidoro Gómez (Javier Godino), principal sospechoso del asesinato de Liliana Colotto (Carla Quevedo), con la finalidad de atraparlo.
Pocas veces me he sentido tan representado con algo que veía en la pantalla como con el argumento de la película argentina ganadora del Óscar El secreto de sus ojos, basada en la novela La pregunta de sus ojos del escritor también argentino Eduardo Sacheri.
Del mismo modo, siento que cualquiera puede verse reflejado en alguna de las acciones de estos personajes que lejos de ser los estereotipos de ejemplos a seguir o figuras incólumes cargadas de ética y valor son creaciones de ciudadanos habituales y sin ápice de espectacularidad.
Este parlamento encierra una tesis magistral sobre cómo las personas toman decisiones cotidianas basándose en algo más grande, pero que nace de nosotros mismos y que puede llegar a controlarnos con facilidad, o podemos dejar que nos controle.
- Una pasión, querido.
¿Qué es la pasión? Este término que es empleado en múltiples escenarios y creaciones -desde la canción romántica más cutre hasta en las más oscuras páginas policiales- puede entenderse y aplicarse de formas positivas y negativas. Por ejemplo, en la filosofía se han realizado múltiples tratados en los que se esgrimen conceptos alrededor de este tópico: "algunos de ellos, como Descartes ("Las pasiones del alma"), dedicaron una obra en exclusiva a su estudio, con la intención de determinar su naturaleza y las posibles formas de control sobre ellas por parte del alma. No son pocos los sistemas éticos que han hecho del control de las pasiones un elemento clave para poder alcanzar una vida feliz, dotándolas de una consideración negativa para la vida de los seres humanos y privilegiando el carácter racional de la vida humana. Otros, por el contrario, proponen un tipo de vida basado en la consideración del papel positivo de las pasiones, en detrimento de la racionalidad como elemento rector de la vida humana. La oposición entre las pasiones y la razón es un lugar común en la tradición filosófica y cultural occidental". (Webdianola)

En el caso de “El secreto de sus ojos” es ocioso señalar que el asesino mantenía al menos dos pasiones ajenas entre sí. Una que lo llevó a ser un villano despreciable y otra que lo hizo ser un delincuente lento y previsible.
En el guion del filme se da a entender que Isidoro Gómez vivió desde siempre incorrecta y enfermizamente enamorado de Liliana Colotto. Aunque en la ‘vida real’ esto no debería romantizarse ni llamarse bajo ningún concepto como pasión, para fines de la película se dan licencias y se desarrolla que Liliana era una de las más grandes pasiones de Gomez quien en cada una de las fotos grupales que la víctima se había sacado durante su juventud se podía observar a Isidoro quien se mantenía enigmático detrás o al lado de ella mirándola con fría lejanía, pero con una afilada obsesión y deseo que escarapela la piel y hiela la sangre. Este detalle le sirvió a Benjamín Espósito para elaborar la tesis fiscal con la que finalmente capturó al asesino. También se puede desglosar de esto que Isidoro Gomez es preso de sus pasiones y simplemente no puede escapar de las mismas.
¿Aunque hace nueve años que no sale campeón?
Es de la otra pasión de la que me siento parte. La segunda que aunque seguramente le profirió a Gomez incontables tardes/noches de desenfrenado entusiasmo, en contraposición le perpetró igual o más cantidad de enojos, desencantos y amarguras que además lo encadenaba a ser una persona previsible y monotemática que tarde o temprano iba a ser encontrado cercano a su pasión casi inofensiva como sin un fin específico: ser hincha de un equipo de fútbol.
Racing de Avellaneda ocupaba gran parte de su mente a tal punto de que cada una de las cartas que escribía a su madre estaban plagadas de referencias a jugadores que tuvieron pasos por la institución. Esto lo delató: Gomez no solo era hincha del club, era un apasionado enfermizo. No podía o no quería dejar de serlo, por lo tanto, su vida irremediablemente estaría ligada al transcurso eterno de Racing, era lógico, no podía dejar de seguir a su equipo de toda la vida.
La policía se aprovechó de eso para seguir sus pasos. Una decisión cotidiana del asesino como ser hincha del fútbol terminó marcando el destino entero de su vida.
Una pasión es una pasión.
La pasión nos lleva casi que por inercia a tomar decisiones que parten desde lo cotidiano hasta lo trascedente. Es conocido que el autor de la novela en la que se basó la película es fanático de Independiente de Avellaneda, clásico rival del Racing de Avellaneda, club de fútbol que fue la pasión (y razón de la caída) de Gómez. Si bien se dice que este clásico llevado al nivel de autor-personaje no es más que una pícara coincidencia, ejemplifica de forma perfecta como, a veces sin querer.

¿Te das cuenta, Benjamín?
Es cierto que en la película el ejemplo más grande de la pasión, o por lo menos el que se plantea de una forma más grandilocuente en pantalla es la del hinchaje que tiene Gomez por su querido Racing. No obstante, el tema de la pasión se expande por cada uno de los personajes y los hace vulnerables, imperfectos, predecibles, repetitivos y condenados a volver a sí mismos una y otra vez como Sísifo.
La pasión de Ricardo Morales era el perfecto y noble amor que tenía por Liliana Coloto. Esta bondad y ternura propias esposo mutaron en una turbia obsesión y desenfrenada sed de justicia y hasta de venganza propias del viudo.
El olor a cigarrillos, las discusiones sin sentido en los bares, las resacas, la sensación de vacío post borracheras y quizás los propios licores fueron todas juntas la eterna pasión del melancólico Pablo Sandoval. Aunque sobre el final de su vida se plasmó también que el amor por sus seres queridos, como su amigo Benjamín, igualmente lo acompañó siempre a tal punto que no dudó ni un segundo en intercambiar su bohemio ser por el de su taciturno compañero de trabajo.

Benjamín Espósito tenía una pasión desmedida no solo por la perfecta Irene, sino también por esperar el momento preciso, ser un espectador eterno de los demás, admirar desde lejos las acciones de las personas a su alrededor, un espectador de primera fila de como las otras vidas transcurren mientras él se decide a hacer algo con la suya.
Todos estos personajes fueron capturados por su propia pasión y tres de ellos culminaron muertos, ya sea física o espiritualmente porque nunca lograron sacudirse de sus pasiones. Benjamín, sin embargo, al ver como culminaron todos los otros personajes de la historia decidió, casi por primera vez en su vida, tomar las riendas de su vida, dejar de ser un espectador de la de los demás e ir directamente hacía abrazar la única pasión que ahora le serviría: una vida con Irene Menéndez Hastings.
El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión, de Dios, pero hay una cosa que no se puede cambiar: no puede cambiar… ¡de pasión!
"La pasión no depende de la voluntad ni de la libre elección del individuo quedando, pues, al margen de la deliberación, de la consideración racional. La pasión es una afección que experimenta el individuo y a la que no puede sustraerse fácilmente. Podemos definirla como un estado afectivo que experimenta el individuo de forma duradera e intensa, que no ha sido elegido por él, y que va asociada a la sensación de estar sometido a un influjo que domina su comportamiento". (Webdianola)
Se puede también moldearla y abrazarla. Tomarla de los pelos, sentarla a tu lado y convencerla de que no es una carga en nuestras vidas sino parte de las mismas.
La pasión puede ser una virtud. Bien encaminada lleva a crear y perpetuarse en el tiempo de la forma más humana, pero descarrilada y mal llevada nos convierte en títeres con gusto de serlo, pero con culpa de las consecuencias.


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