Paterson (2016) 

Paterson de Jim Jarmusch es, por mucho, mi película de confort favorita, porque ofrece un respiro necesario frente al frenesí emocional de las producciones de Hollywood. En un tiempo donde la exageración dramática es la norma, esta película es una obra desintoxicante, que encuentra su belleza en la sencillez.

La trama sigue a Paterson, un conductor de autobús que escribe poesía en sus ratos libres. Sin grandes giros argumentativos, la película construye un mundo de pequeños detalles, donde los ritmos cotidianos y la sutileza tienen un impacto profundo. La tranquilidad de Paterson como personaje se refleja perfectamente en el tono del guion, que nunca intenta ser más de lo que es: una exploración honesta de lo ordinario.

Lo que me fascina es cómo Jarmusch demuestra que la excelencia no requiere intensidad, tragedia o euforia. A través de escenas simples, como un paseo con el perro o un poema garabateado en un cuaderno, el filme logra transmitir más verdad y profundidad que muchas películas llenas de artificio. Cada momento en Paterson parece estar diseñado para recordarnos que la vida, en su forma más simple, puede ser suficiente.

Recuerdo perfectamente que la primera vez que la vi, tanto mi cuerpo como mi mente a cada rato me anticipaban a un conflicto que nunca llegaba, y esto, fuera de sentirse “anticlimático”, se sentía terapéutico. Esos momentos trágicos que nunca llegaron en pantalla pero si se manifiestaron en mi consciencia como una posibilidad, los percibo como una especie de jugueteo en cierto grado intencional por parte de Jim Harmusch. Es como si hubiese tomado ventaja del cine hollywoodense al que todos estamos acostumbrados para fintarnos elegantemente con algo que pareciera que irá en la misma dirección, para terminar tomando un enfoque descatastrofista.

En un mundo que constantemente exige lo máximo de nosotros, Paterson es un recordatorio de que está bien bajar el ritmo, abrazar la rutina y encontrar poesía en lo cotidiano. Su ligereza expositiva, tan congruente con la sencillez del protagonista, no solo me reconforta, sino que también me inspira a transicionar a un estilo de vida menos centrado en la descarga emocional y más enfocado a la serenidad.

Jarmusch, muy facilmente pudo haber decidido seguir el cliché narrativo del artista que subestima sus capacidades y que no explota más sus dones por “miedo al éxito”, pero en vez de eso, decidió tomar la vía poco explorada de dignificar a quienes se desenvuelven con plenitud en su cotidianidad y no buscan ser condecorados por quienes son.

Paterson, como protagonista, es el héroe perfecto de quienes huyen de la vanagloria. En estos tiempos tan plagados de arquetipos de masculinidad tan polémicos y destructivos, el poder haber diseñado un personaje con atributos tan admirables y que se sienta tan natural, me parece una hazaña increible. Y el hecho de que Adam Driver, quien es conocido por roles tan dramáticos como el de Charlie en Marriage Story o Kylo Ren en Star Wars, pudiera brillar ahora por la sutileza de su delivery, demuestra su gran rango actoral.

Esta película llegó a mi en una etapa bastante turbulenta de mi vida, y recuerdo haberme dicho a mi mismo mientras la veía: “como quisiera tener una vida así; en la que mis deseos y ambiciones no terminen por sabotear lo que hoy por hoy, ya es mío”.

Hoy en día, me encuentro viviendo una vida mas tranquila y ecuánime, y en parte, creo que es porque esta película me mostró un horizonte hacia el que valía la pena caminar…

Una película tan despojada de pretensiones como esta es un regalo raro. Por eso, cada vez que necesito un descanso de lo abrumador, vuelvo a Paterson, y nunca deja de sorprenderme lo mucho que puede decir con tan poco.

PD: El final caray… el final. Me hizo reflexionar que, algunas de las interacciones que más me han cambiado la vida, han sido con personas que nunca volví (y que tal vez nunca volveré) a ver.

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