"Moon": el debut de Duncan Jones 

Duncan Jones tenía catorce años cuando su padre, David Bowie, lo llevó al set de filmación de Laberinto. La película de Jim Henson se convertiría, con el tiempo, en un clásico ochentoso de la fantasía musical infantil. Pero, para el joven Duncan, aquella experiencia fue aún más significativa: definiría su vocación como director. El chico se paseaba por el set como Alicia en el país de las maravillas; había elfos, enanos, y personas de toda clase y color. También había operarios y técnicos vestidos con ropa normal, que hacían posible la fantasía de la película. Su interés no estaba en las estrellas ataviadas con trajes perlados ni en el glamour del espectáculo, sino en el detrás de escena: las cámaras, los extras agotados y los técnicos dormidos. Aquello le parecía mucho más fascinante que los conciertos de su padre, que lo aburrían.

Duncan Jones: 'Moon' Trilogy Ending With Graphic Novel

Desde pequeño, Jones ya era un aficionado al cine. Rechazando aprender cualquier instrumento, Bowie le regaló una cámara de ocho milímetros y le enseñó a usarla. Duncan documentó algunos conciertos de su padre y también realizó cortos animados con figuras de Star Wars. Además, Bowie, un actor dotado que había demostrado sus habilidades en películas tan distintas como El Ansia de Tony Scott y Feliz Navidad, Mr. Lawrence de Nagisa Oshima, alimentó la cinefilia prematura de su hijo proyectándole clásicos como Metrópolis de Fritz Lang, las películas de piratas con Errol Flynn, Las aventuras del Barón Munchausen de Terry Gilliam, y, a los ocho años, La naranja mecánica de Stanley Kubrick. Mientras otros chicos soñaban con ser astronautas, Duncan ya tenía su vocación definida: quería ser director de cine.

Ese bagaje cinéfilo quedó plasmado en su debut como director con Moon. Estrenada en 2009 (en Argentina fue directo a DVD), la película cuenta la historia de Sam Bell (Sam Rockwell), un astronauta aislado que controla una base minera en la cara oculta de la luna. Allí, la base Sarang de Lunar Industries extrae un mineral llamado helio-3, utilizado para generar energía limpia en la Tierra. Aunque la base opera de forma automatizada con ayuda de una IA, necesita de un ser humano que supervise las operaciones. Sam, próximo a terminar su contrato de tres años, lleva una rutina sencilla: monitorear tres excavadoras robóticas —Mark, Matthew y Luke— que procesan el mineral. Sin embargo, su vida cambia cuando el sistema operativo comienza a fallar y descubre un secreto que sería injusto revelar aquí, para no arruinar la experiencia.

Un universo de Ciencia Ficción: 2009- MOON – Duncan Jones

Duncan aprendió muy bien de sus maestros. Moon explora la soledad y la locura en el espacio, con influencias evidentes de Solaris de Tarkovsky, 2001: Odisea del espacio de Kubrick y homenajes a películas menos conocidas como Silent Running de Douglas Trumbull y Dark Star de John Carpenter. También resuena con el universo de Ziggy Stardust, aquella oda rockera de Bowie que fusionaba ciencia ficción y folk. Como Space Oddity, la película relata la vida de un astronauta atrapado en la luna y enfrentado a un grave trastorno psicológico. El resultado fue un debut prometedor, que demostró la habilidad de Jones para construir suspense y dramatismo en una obra protagonizada por un solo actor.

Más tarde, Duncan fue contratado para llevar a la pantalla grande un videojuego: Warcraft. Aunque Bowie no estaba muy contento con que su hijo pasara tanto tiempo jugando, el proyecto era ambicioso. Inspirado en el universo medieval fantástico del juego —donde conviven humanos, orcos y otras criaturas en un equilibrio jerárquico—, Jones dotó a los orcos de una inesperada profundidad emocional. En su versión, los orcos cruzan un portal hacia el mundo humano porque su propio mundo se ha vuelto inhabitable.

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Duncan, junto a su padre, papá Bowie

El proceso fue complicado. En una entrevista, Jones comentó: “Mi película empezó y terminó con cáncer”. Durante la preproducción, murió su padre, y poco después su esposa fue diagnosticada con la enfermedad. Pese a las adversidades, se aferró al proyecto como una forma de sobrellevar su dolor. Aunque Warcraft: El origen no tuvo el éxito esperado en Estados Unidos, fue un éxito rotundo en China, donde el juego cuenta con millones de fanáticos.

En una reciente entrevista, Duncan se mostró sereno al reflexionar sobre esta etapa de su vida. “Es el ciclo de la vida”, dijo, en referencia al nacimiento de su hijo poco después del estreno de Warcraft. O, parafraseando a su padre, la vida es un laberinto, donde incluso los orcos pueden ser héroes.

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