Dentro de las producciones cinematográficas al igual como lo podemos encontrar en los textos literarios ocurre una reflexión filósofica-moral-ética que pone en discusión los diversos discursos injertos en la sociedad. Uno de los tantos discursos resonando en la actualidad es la figura de lo “femenino” propuesta que abrió el panorama a el retrato de la mujer sine qua non[1], sin dejar reflejar una realidad. Desde la década de los 60 nuevos planteamientos se abordaron para la construcción de este elemento dentro de las artes. Que, aunque si bien es cierto que podemos encontrar construcciones narrativas ancladas a patrones culturales designados a la mujer, esto nos va a seguir hablando de ese discurso no verbalizado que parece estar ausente dentro de la producción, ese que no se dice, pero todos entendemos que está allí.
Ahora bien, dentro de Waitress (2007) no encontramos este patrón discursivo, es más bien un discurso que se ase de su elemento marginal (lo femenino) para explotarlo con tratamiento diferente al canon de la representación de la mujer dentro de la industria del cine. En este sentido, el filme se encarga de evidenciar el viaje de la mujer dentro de una estructura arborescente elaborada por el hombre. Waitress (2007) de Adrienne Shelly no propone un nuevo guion o una nueva historia acerca de una mujer sino más bien la dirección que le da Shelly es exponer una historia cotidiana, con lo cual cualquier mujer podrá verse identificada. El filme muestra escenarios íntimos del personaje que pone en discusión no solo de la destreza de la protagonista sino también sus necesidades como individuo y cómo la misma entre la figura de esposa procura un deseo de ser reconocida, que su existencia sea validada y no subordinada ante los deseos del otro.
Con ello podemos introducir la historia de Jenna Hunterson, una mujer casada con un hombre manipulador, ególatra y violento que controla cada aspecto de la vida de Jenna a tal punto que la deja incapaz de poderse ir de su lado. Jenna es una mujer pobre, sin educación pero genio en la resposteria que se encuentra aislada en sí misma e imposibilitada de poder escapar de su vida matrimonial.

Jenna es una camarera y junto a sus compañeras de trabajo construyen la vida de una mujer promedio, cada una de ellas componen un discurso de la necesidades y carencias de lo femenino en la sociedad. Becky, la mejor amiga de Jenna. Tiene un amorío con Cal su jefe producto de la insatisfacción de estar casado con un hombre incapacitado y Dawn, la otra mejor amiga de Jenna y Becky construye un profundo miedo a quedarse soltera y esto la conduce a tomar una decisión precipitada. Cada una de ellas componen una parte de los miedos, insatisfacciones de la vida y lo que se esperan de ellas al ser mujer. Ello lo podemos ver no solo en la expresión que tienen con la disconformidad de sus cuerpos y de sus vidas sino también cómo el entorno de su pueblo y su trabajo se presentan como elementos empobrecidos que atenúan la imposibilidad de tener algo mejor. Entonces, podemos decir, que la construcción narrativa de Waitress (2007) es una polisémica, plaga de voces de mujeres insatisfechas al cumplir su rol en la sociedad, plasmadas a través de identidades genéricas pero complejizadas a través de sus deseos.
Judith Butler (2006), planteaba que las normas culturales que señala, por medio de la representación de la realidad, la posición que deben guardar los sexos al interrelacionarse. Y no sólo eso, sino que además se establecen formas de escritura y de lectura en tanto que se cuestiona en ellas un proceso de autoconciencia ligado a la identidad. Esta auto conciencia de Jenna, aquí la narrativa lo presenta como un viaje, el viaje de la mujer y su auto descubriendo en un entorno hostil manejado por el hombre. Ahora bien, en el primer acto se nos muestra Jenna insatisfecha con la vida que lleva con Earl y cómo este la maltrata. En el segundo acto podemos apreciar a Jenna embarazada y cómo esta no desea el bebé ya que ella no quiere a Earl y no acepta que él se haya aprovechado de ella y por ello ahora esté embarazada.

En este caso, podemos observar cómo ciertos patrones que en la actualidad es considerado abuso, eran normalizados en ciertos contextos de la época. El arquetipo de esta situación va acorde al moldeamiento de la figura femenina a partir de la óptica de lo masculino mostrando a la mujer como posesión más que como un individuo con los mismos derechos que el hombre. En la narrativa de la película vemos una reflexión hacia lo femenino por medio de una dicotomía simbólica entre el “el deber ser” al “deber de hacer”. Lo vemos no solo con Jenna sino también con Dawn y Becky. Y aunque Jenna consigue romper el patrón discursivo Becky y Dawn no consiguen escapar de ese modelo propuesto por el hombre. Esto sirve para dar contraste de cómo esas narrativas se complejizan y construyen una gran insatisfacción ante la vida y cómo lo sobre llevan.
Jenna, atrapada en una vida insatisfactoria, se siente prisionera de sus circunstancias. Sin embargo, en medio de su malestar, conoce al Dr. Pomatter, quien parece ofrecerle una forma de escapar de sus problemas. No obstante, esta relación resulta ser un alivio temporal, casi como un efecto placebo, ya que el Dr. Pomatter solo está proyectando una fantasía de su juventud: en el pasado, había idealizado a una camarera como Jenna.

Los intensos sentimientos que surgen entre ellos en el tercer acto colocan a Jenna en un escenario familiar. Ella había utilizado a Earl, su esposo, como una vía de escape de sus circunstancias y estaba repitiendo ese patrón con el Dr. Pomatter. Por eso, resulta significativo que Jenna decida no continuar con su amorío.
Aunque su relación con el Dr. Pomatter implica un acto moralmente cuestionable dentro de los estándares sociales (al estar con un hombre casado), esta experiencia le otorga una cierta validación personal. Al mismo tiempo, la conduce (según lo que propone la película) a descubrir su verdadero amor: su hija.
Jenna, al dar a luz, toma las riendas de su vida para ofrecerle un mejor futuro a su hija. Este hecho adquiere un carácter profundamente simbólico, ya que construye un discurso redentor que representa una apología de sí misma dentro del filme. Además, transmite un mensaje orientado a las nuevas generaciones: la posibilidad de un cambio de paradigma.

La propuesta narrativa de la película le da a cada mujer una complejización discursiva que se estanca en patrones que están anquilosados pero que sin embargo la protagonista lo supera. Ella, mientras es infeliz en un matrimonio, donde no parece poder escapar, crea un espacio de fuga teniendo una aventura con su doctor. Sin embargo, ella rompe con los estéreo tipos y el discurso predeterminado del hombre al decidir terminar con su matrimonio controlador y violento y no sabotear el matrimonio del Dr. Pomater (su amante) para decidir salvarse a ella misma. Con ayuda de sus amigas y de la figura partena de Joe recibe el impulso para poder cumplir sus sueños y tener una vida más sastifactoria. Sin embargo, es ella misma la que toma una desición y el destino la favorece haciendo que Joe le brinde el apoyo económico necesario para empezar de nuevo.
Este filme parte de una esfera esencial donde el silencio de lo femenino es explorado desde discursos estructurados por lo masculino pero problematizado por la interpretación y reflexión social-filósofica de lo femenino. Esta película se convierte en un espacio lingüístico donde sin marcar incesantemente el discurso de la mujer empoderándola con un alto cargo o una alta labor en la sociedad ahonda y crítica la existencia de la mujer dentro del discurso de lo masculino. Por ello, esta película se convierte en un espacio de confort, sin crear altas expectativas de la vida o cómo debe de ser la mujer sitúa muy bien la figura de lo femenino en una construcción jerarquizada dándole esperanza y confianza a la mujer que ella en una estructura cerrada tiene la capacidad de ser su propio héroe.
/Barbs/


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