De rey a tirano: El destino de Mufasa, luego de sobrevivir la traición de su hermano 

Si Disney tuviera que responsabilizarse de los gastos en terapeutas de todos los niños y niñas que experimentamos el trauma de la pérdida de un ser querido, cuando aún no dominabamos la utilización del inodoro, Mickey Mouse tendría que abrirse una cuenta de Uber para llegar a fin de mes. Ya sea por sadismo o una simple predilección por protagonistas huérfanos, es una tradición que se mantiene a lo largo del tiempo: desde la madre de Bambi, hasta los padres de Elsa en Frozen; ninguna niñez escapa de transformarse en un océano de moco y lágrimas.

Pero mientras que muchas películas requieren de la muerte como motor narrativo, "El Rey León" (1994), podría haber resultado tan o más interesante, si Mufasa hubiera sobrevivido a la traición de su hermano, Scar.

Y es que este imaginario nos presenta preguntas extremadamente interesantes: ¿Cómo cambiaría el carácter de Mufasa, luego de ser traicionado por su propia sangre?; ¿Cómo impactaría este cambio en su mandato como rey de todo el valle?; ¿Y que sería de Simba, futuro heredero al trono?

Si bien Mufasa era una figura de gran calma y sabiduría, grande era también su fuerza, y luego de evitar caer por el acantilado, grande también fue su ira. En pocos segundos, Scar se encontró sometido ante Mufasa, cuya superioridad física era incomparable. Derrotado, el hermano traidor rogó clemencia, prometiendo jamás volver a poner una pata en el valle. Pero Mufasa no estaba dispuesto a poner en riesgo su reino y su familia, por lo que su misericordia se redujo a una muerte rápida. Un grito lo hizo olvidar brevemente la sangre de su hermano en sus fauces: Simba huye horrorizado al ver a su padre matar a quien, hasta hace poco, había sido sido un agradable tío sarcástico.

De poco sirvieron los consuelos de su madre o las explicaciones de su padre. Mufasa había cambiado. El rey bondadoso y justo era ahora tan solo un recuerdo, reemplazado por un tirano de corazón endurecido, quién gobernaría con pata de hierro. El delicado balance de la naturaleza se vió alterado en los años venideros: los leones eran ahora los únicos ciudadanos con derechos y quienes no tuvieran la fortuna de poseer sangre felina, tenían terminantemente prohibido cualquier tipo de interacción con la familia real.

Esto aumentó el distanciamiento de Simba, quién si bien idolizaba a su padre, había crecido respetando y forjando amistades con otras razas. En secreto, Simba continuó visitando a Rafiki, su mentor mandril, quién a pesar de ser exiliado a los confines del valle, jamás se negó a orientar al futuro rey por un camino de paz y armonía. Sin embargo, la ausencia de Simba eventualmente fue notada por Mufasa, quién al enterarse de estas reuniones secretas, ordenó la captura inmediata del mandril. De poco sirvieron las objeciones y los argumentos de Simba, quién al enterarse de lo sucedido corrió a confrontar a su padre: Rafiki sería ejecutado en la siguiente luna llena, al igual que el resto de los traidores que osaron contaminar la mente del heredero al trono. Por primera vez en años, Simba vió con claridad a su padre y su determinación fue absoluta: tenía que detenerlo.

Luego de despedirse de Nala, su amiga de la infancia, quién le prometió que su familia lo apoyaría cuando llegara el momento, Simba comenzó su viaje hacia los confines del valle. Luego de visitar las colonias de los animales exiliados, Simbra logró convencer a sus líderes de que su naturaleza felina venía después que su compromiso con restaurar la armonía del valle. La siguiente luna llena, se vería acompañada de la llegada de Simba, con un ejército a sus espaldas: simios, rinocerontes, elefantes, jabalíes e inluso hienas, todos los animales estaban unificados con un mismo objetivo: llevar a Simba al trono, sin importar las consecuencias.


Luego de rescatar a Rafiki, se desató una batalla campal, que culminó con el enfrentamiento de Simba y su padre, quién aún lo superaba en tamaño. Pero Mufasa, cegado por el dolor y conflictuado por una segunda traición de su propia sangre, resultó derrotado por un Simba ágil y focalizado en cumplir con su deber. Mufasa miró desde el piso a los ojos de su hijo, y con el orgullo de un rey intacto, se negó a pedir piedad y lo alentó a que terminara con él. Simba emitió un rugido lleno de rabia y dolor, y quitó las garras del cuello de su padre. Él no repitiría el círculo de violencia. Él no sería su padre. Él sería el rey que Mufasa había sido, no en el que se había convertido. De esta forma Mufasa fue condenado al exilio, y Simba devolvió el orden natural al valle, el cuál volvió a ser habitado por todo tipo de animales, incluso las hienas.


Y así como había visitado a Rafiki, quién mantuvo vivo el fuego de la compasión en su corazón, Simba continuó visitando a su padre, guiándo su corazón hacia la redención, hasta el final de sus días.

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