Royal Tenenbaum (Gene Hackman) es el estrambótico patriarca de una familia disfuncional a la que no ve desde hace muchos años. Pero después de enterarse que su esposa, Etheline (Anjelica Huston), se va a comprometer con otro hombre, Royal finge tener cáncer de estómago terminal para reencontrarse con ella y sus tres hijos.
Sin lugar a dudas, el conocido estilo autoral de Wes Anderson es tan excéntrico como sus propios personajes, lo que le ha valido un amplio reconocimiento entre la crítica y el público a nivel mundial. Y si bien en tiempos recientes su trabajo ha perdido un poco de gracia por la falta de innovación, sobre todo con La crónica francesa (The French Dispatch, 2021) y Asteroid City (2023), hubo una época en que cada una de sus películas eran un brillante soplo de aire fresco. Una de estas es Los excéntricos Tenenbaums (The Royal Tenenbaums, 2001), que coescribió con su amigo y colaborador habitual Owen Wilson, lo catapultó a la fama y, en retrospectiva, continúa como una de sus películas más emblemáticas.
Los excéntricos Tenenbaums está dividida en varios capítulos como una novela; hasta estos tienen un estilo literario que visualmente resulta simpático; y está narrada por la voz en off de Alec Baldwin, quien gracias a su elegante entonación parece hacer el rol de un cuentacuentos, más que de un simple narrador. Por estos y otros detalles, la película se convierte en una fábula más para adultos que chicos acerca de una familia complicada y con problemas, pero muy especial a su manera, en la que algunos verán a unos extravagantes; otros, un reflejo de sus propios parientes.
A diferencia de otras películas que tratan sobre el progresivo deterioro de las relaciones familiares, hasta el eventual alejamiento, esta inicia precisamente con la separación de los padres; no solo eso, sino que, además, en el prólogo se narra cómo Royal se gana el resentimiento de casi todos sus tres notables hijos: Chas (Aram Aslanian-Persico) es un chico con talento innato para los negocios, al que Royal le roba dinero. Margot (Irina Gorovaia) es la única hija adoptiva del matrimonio Tenenbaum, y a pesar de que tiene aptitud para la escritura teatral, su primera obra fue duramente criticada por Royal, aunque sin malas intenciones. Y Richie (Amedeo Turturro) es hábil para el tenis y el único que en realidad se lleva bien con su padre. En cualquier caso, es difícil culpar a los otros dos, puesto que, aunque Royal los quiere a todos, es un cínico poco empático, si bien a los espectadores les puede resultar carismático.

Años después, los tres chicos, ya como adultos deprimidos, truncan de una u otra forma su futuro: Chas (Ben Stiller), ahora padre de Uzi (Jonah Meyerson) y Ari (Grant Rosenmeyer), a los que moldea a su semejanza, sigue siendo diestro para los negocios, pero está paranoico por la muerte de su difunta esposa y continúa resentido con Royal; Margot (Gwyneth Paltrow), quien ha tenido una vida bastante desenfrenada, está creativamente bloqueada y no ha publicado una obra nueva en siete años; y Richie (Luke Wilson) deja el tenis profesional a los 26 años después de un desastroso partido, no por culpa de Royal, al que todavía quiere, sino por la boda entre Raleigh St. Clair (Billy Murray) y Margot, a quien ama en secreto.
En otras palabras, a pesar de que los Tenenbaums, incluyendo a Etheline, son geniales y tienen sus propias extravagancias, sus conflictos son más complejos de lo que parecen a simple vista; sienten y sufren bajo esas fachadas adustas y entristecidas, así como cualquier miembro de una familia fragmentada. Al mismo tiempo, a través de la bastante extensa descripción narrativa y la caracterización minuciosa de cada uno, Los excéntricos Tenenbaums elabora lo que se conoce como «un estudio de personajes», es decir, un análisis profundo del desarrollo, la psicología y forma de sus personajes, lo cual, aunado al estilo de la película, los hace ver como salidos de las páginas de una obra literaria, más que de un guion cinematográfico.
Uno de los más interesantes del conjunto es Royal, quien como muchos patanes envejecidos y solitarios, intenta recuperar parte de su vida anterior. Al principio miente sobre su salud para impedir la boda entre Etheline y su contador, Henry Sherman (Danny Glover), pero con el pasar de los días va descubriendo que lo que más desea es reconectar emocionalmente con sus hijos y esposa, y poder conocer a sus nietos, a los que ayuda -con sus imprudentes consejos, eso sí- a empezar a vivir sin temores. Así, pues, paradójicamente, la mentira funciona para unir bajo el mismo techo a todos los Tenenbaum y hacer crecer a Royal, quien cae bajo para luego subir, poco a poco, como los ascensores que termina manejando; y, en última instancia, resulta admirable porque rectifica las cosas con su familia honestamente.

En este punto, con un personaje principal en busca del tiempo perdido, mientras se acerca al ocaso de su vida, y otros ansiando reconectarse, aunque no lo saben todavía, la historia adquiere connotaciones más universales. Esto también está conseguido en el plano narrativo, por un lado, porque la muerte es una fuerza que ronda constantemente a los personajes y los motiva a crecer: la enfermedad fingida de Royal da el primer paso; el intento de suicidio de Richie los acerca más; cuando Royal salva a Ari y Uzi de morir atropellados por Eli (Wilson), es que puede reconciliarse con Chas; y en el funeral de Royal, el clan ya está completo de nuevo.
Por otro lado, la universalidad de la historia también está lograda debido al estilo retro, colorido y detallista tan característico de Anderson, que hace ver a la película como si hubiese salido de los sesenta y, simultáneamente, propia del año de su estreno, como una obra estancada en el tiempo, así como los mismos personajes. Incluso, Los excéntricos Tenenbaums significó una maduración estética en la filmografía de su director, que años más tardes alcanzaría un nuevo nivel difícil de superar con El gran hotel Budapest (The Grand Budapest Hotel, 2014).
Parte del encanto general y el genuino humor de Los excéntricos Tenenbaums no se debe solo a la dirección y el guion, sino también al maravilloso trabajo del reparto coral: no es la primera vez que Hackman interpreta a un insolente, pero resulta tan atractivo como siempre; Huston vuelve a hacer el rol de matriarca de una familia excéntrica, pero está estupenda en él; Paltrow es seductora en su papel de constipada y deprimida; Stiller hizo una de sus actuaciones más cómicas como un neurótico controlador y rencoroso; y Luke Wilson es simplemente adorable y esta es su actuación más conseguida hasta la fecha. Incluso, Owen Wilson, Glover y Murray completan la labor de todo el elenco.
Al final, en el epílogo, los Tenenbaum encuentran una nueva oportunidad para enmendar sus vidas y relaciones: Margot vuelve a escribir; Etheline finalmente se divorcia de Royal en buenos términos y se casa con Henry; Raleigh se separa de Margot, pero publica un libro; Eli se interna en una clínica para rehabilitarse; Richie regresa al tenis, al menos como instructor; Uzi y Ari ganan un abuelo; y Chas recupera a su padre. Todos reconocen sus errores, frustraciones y, sobre todo, el amor que siente unos por otros; y con el funeral de Royal, quien muere de un infarto, pero feliz, la familia Tenenbaum se une alrededor de la tumba del patriarca y vuelve a estar junta.




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