Cuando nos disponemos a analizar una película, una de las primeras cosas que definimos es el lugar del protagonista. Quién es, cuáles son sus características y sus motivaciones. Y dentro de esa configuración encontramos la tipificación de su camino ya sea como héroe o antihéroe. ¿Cuál es la diferencia?
El famoso Camino del Héroe
En este tema la referencia inmediata es el mitólogo Joseph Campbell. A partir de su desarrollo identificamos que el camino del héroe es la magnificación de la fórmula de los ritos de iniciación: separación - iniciación - retorno como unidad nuclear. Pensemos en películas infantiles que replican exactamente este esquema: Buscando a Nemo tiene a Marlin como un personaje que sigue ese camino.
En la separación deja atrás su vida cotidiana y comienza una aventura hacia lo desconocido que sería adentrarse en el océano en busca de Nemo. Luego atraviesa la iniciación en donde se enfrenta a pruebas y obstáculos, que son claramente cada posta que se cruza en el Mar (medusas, tiburones, corrientes, etc). Y por último sucede el retorno en donde el héroe regresa a su lugar familiar pero con nuevos aprendizajes y un proceso de cambio en su espalda.
Valores morales a través del tiempo
En este circuito que diagrama Campbell, el héroe se conforma de determinadas características que, en el cine clásico, podemos identificar como un estilo conservador y colectivo, ya que representa una serie de valores morales y estéticos que representan un ideal.
Según el canon nuestra idea de héroe va a estar construida, por ejemplo, en un personaje que es noble y que quiere el bien común, que asume un lugar de valentía, promueve la justicia, se resiste al uso de la violencia y tiene un juicio claro sobre lo que está bien y mal. Y en cualquier caso adoptará estos en el camino.
El autor Bruce Meyer establece 5 tipos de héroes en los que podemos observar un alejamiento progresivo del modelo canónico aún sin abandonar esta idea de los valores morales positivos pero sí vemos variantes en el modelo estético y de comportamiento de esos personajes.
En primer lugar encontramos al héroe mítico de naturaleza divina que deriva de la experiencia trágica y del dolor físico. El acercamiento a la más pura figura de héroe. En segundo lugar está el héroe romántico en donde si bien sigue siendo una figura extraordinaria empezamos a identificar características propias de los seres humanos. Y es proclive a la tragedia, sufrimiento, perdición.
El tercer punto encuentra al héroe mimético superior que se inspira en héroes más formidables que él, que tiene que asumir un papel de liderazgo. Si vamos a lo físico identificamos que ya no tiene acceso a la magia. Continuando con el alejamiento, el héroe mimético menor se emparenta con lo que desarrollaremos sobre el antihéroe, se trata de un hombre común y corriente, similar al espectador, que sufre. Por último se encuentra al héroe irónico de baja procedencia que logra sobrevivir a las pruebas del mundo. Ya muy distanciado de la primera instancia.
El antihéroe no es el villano
Hay una formación de concepto apresurada que es la que afirma que el antihéroe representa los valores contrarios a los del héroe. Y así se puede equiparar al villano al antihéroe.
Si afirmamos esta oposición deberíamos pensar que el antihéroe tiene valores negativos, que repulsa al espectador, que niega el contenido ético. Y por ende necesitaríamos aún más de la figura canónica del héroe y sus virtudes para que el antihéroe así planteado tenga sentido.
El esquema erróneo establece que el héroe es bueno y el antihéroe es malo. Pero esa definición de antihéroe no se corresponde con todos aquellos personajes a los que llamamos de esa manera ¿por qué? ¿entonces a qué llamamos antihéroe?
El antihéroe en su construcción implica una simpatía del autor y una pretensión de simpatía para el espectador de ese personaje. No es el personaje que causa repulsión como los deliberadamente malvados. Un acercamiento a la idea de antihéroe sería “el que no suscribe a los valores asociados a los del héroe sino otros” (que pueden ser positivos también).
Los valores del antihéroe se presentan como valores alternativos a los de la clase dominante, la épica tradicional y la literatura moralizante.
En un ejemplo ligado a la literatura, se identifica una única forma posible de que emerja el antihéroe en la historia. Esta se daría cuando el autor se identifica con los valores de su personaje pero presupone que sus lectores o espectadores tienen unos valores distintos y usa a su personaje para acercar esas ideas a su público.
Pero estas ideas, como decíamos antes, pueden ser valores morales alternativos a los de un héroe canónico. Pueden implicar, entre otras posibilidades: nuevas formas de vida digna, un espíritu fuertemente crítico o rebeldía con las clases dominantes.
Entonces, para la emergencia del héroe canónico tanto el autor como el personaje y el público mantienen una estructura homogénea y totalizadora. Mientras que para la emergencia del antihéroe tiene que haber un grado de diferenciación tolerada entre el autor y el personaje con un grado de desarraigo frente a la ideología dominante.
Un buen ejemplo es El gran Lebowski, en donde el protagonista sencillamente elige un estilo de vida con sus propias reglas sin que esto conlleve un perjuicio a otros. Se rebela contra el sistema que enaltece el trabajo por sobre el descanso y vivir chill es parte de su cometido.
Cada héroe y antihéroe es producto de su sociedad
Cada nueva síntesis de valores en parte niega y en parte conserva las configuraciones ideológicas anteriores. El contenido ideológico de un héroe es producto de la sociedad y a cada momento se renuevan los valores morales positivos. La forma de vida contemporánea sigue dando posibles héroes canónicos y así nuevos posibles antihéroes regidos por un sistema de valores alternativos a estos.
Pensemos un ejemplo sencillo, en los últimos años se enalteció como un valor moral positivo el trato igualitario entre géneros y la inclusión en general. Eso nos daría por resultado un héroe canónico en un personaje que luche por estos valores. Y en cambio nos daría la posibilidad de construir un antihéroe en un personaje que le cueste deconstruir esa parte de su esencia sin tener intenciones dañinas como sería por ejemplo la destrucción del distinto, más cercana a una posición villana.
Una contraposición más simplista entre héroe y antihéroe se corresponde con la de “perfecto” e “imperfecto” que establece tanto su código de comportamiento como sus motivaciones, que pueden no ser las que movilizan al héroe. Pueden ser motivaciones no tan nobles ni puras, que pueden provenir del egoísmo o la venganza por ejemplo. Pensemos en cualquier Batman, siempre hay un objetivo de justicia y una lucha contra la corrupción, pero también hay métodos que tienen que ver con su fuerte enojo por el sufrimiento de la tragedia en su vida.
Y por último podemos señalar que el arco dramático de un antihéroe puede acercarse al del héroe canónico, aunque no es condición necesaria. Si nos remontamos al comienzo del artículo hablamos de separación, iniciación y retorno. Y si volvemos sobre El gran Lebowski, podemos identificar también este camino de ida y vuelta en su simple objetivo de obtener una reparación por su alfombra arruinada.



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