Bella nunca saltó en aquellas aguas heladas para escapar de una vida que no era suya. No tuvo que ser cosida de nuevo, ni resucitada con un cerebro nuevo. Tampoco tuvo que aprender a vivir de nuevo. No tuvo que… comenzar por el principio.
En esta triste y aburrida historia, Bella se quedó atrapada. Y no necesariamente en el laboratorio del Dr Godwin. Sino en una jaula realmente cruel y asfixiante: en las estúpidas, arbitrarias, subjetivas, absurdas, insostenibles y ciertamente irracionales expectativas sociales que le impiden a Bella crear su propia definición sobre sí misma.
Esta sería la muy predecible historia de una niña buena contenida en un cuerpo de mujer. Invisible, dócil, contenida, sumisa, sin criterio, manipulada, muy complaciente e incapaz de decir NO.
Una boda anunciada, un esposo controlador quien la acabaría de moldear a su gusto. Una mansión con persianas costosas que bloquean los rayos de la más hermosa creación del universo, el sol. Una sonrisa vacía y mentirosa, ojos tristes y apagados. Mirada contenida y apuntando hacia el suelo. Con miedo de llegar demasiado lejos.
Y, por supuesto, con sexo mediocre, muy decepcionante y desagradable.
Una de esas tantas historias que pasan desapercibidas. Una mujer más que se habría convertido en absolutamente todo lo que esperaban de ella. Una mujer que habría aprendido a guardar silencio.
Cuyo espíritu rebelde, sus gigantes alas e innata curiosidad se habrían ahogado en la rutina y la resignación.
Nunca se habría permitido sentir verdadero placer.
Nunca se había permitido probar el verdadero sabor de la libertad.
Nunca habría reído sin censura, ni amado con la intensidad de quien no tiene nada que perder.
Nunca había emprendido ese viaje que tanto le habría enseñado lo que significa estar viva.
Sin su muerte, Bella nunca habría pisado mercados bulliciosos, ni sentido el calor de las conversaciones en un burdel. No habría reído a carcajadas, cenado sin etiquetas o bailado sin preocupaciones. Jamás habrían sentido el viento de un barco en alta mar. Y lo más triste de todo, nunca hubiese vivido ese majestuoso momento en el que su alma atraviesa su piel al reconocer el sonido de su verdadero ser a través del murmullo de su instrumento favorito.
Habría permanecido inmóvil, siendo una sombra de sí misma. Cargando el inmensurable peso de mantener los pies en la tierra y de ignorar los diabólicos gritos de su alma. Su vida habría sido una línea recta, predecible, sin el caos ni la belleza que vienen con atreverse a vivir por completo.
Habría vivido en una jaula invisible que ella misma había ayudado a construir. Una jaula como en la que yo viví por mucho tiempo. Esta es una historia muy triste, casi de terror.
La muerte de Bella le permitió caminar al borde de lo que conocía, sintiendo miedo, pero obedeciendo a la urgencia de hacerlo. Destruyó partes de ella misma que sentía ajenas. Y al abrir los ojos ante su nueva vida, Bella sintió vértigo y pánico pero, también, esperanza y alegría.
Si Bella nunca hubiera muerto, quizá habría sobrevivido, pero nunca habría vivido. No habría encontrado su voz, su deseo, ni su humanidad. Me pregunto cuántas veces he sobrevivido sin vivir, cuántas versiones de mí han muerto para darme la libertad de respirar lentamente mientras me doy un beso.
Si Bella no hubiera muerto, su vida jamás se hubiera convertido en una película con casi una docena de nominaciones a los premios Oscar. Pero la nuestra, ¿es diferente?
Muchos vivimos temiendo a los saltos, aferrándonos a la seguridad de lo conocido. Nos quedamos conscientemente atrapados en relaciones que nos consumen y sueños que no nos pertenecen, porque nos aterra el vacío de morir.
Poor things es mi película favorita. Y yo, al igual que Bella, decido saltar a aquellas aguas heladas. Coserme de nuevo, crear mi nuevo cerebro y aprender a vivir una vez más.
A diferencia quizá de la mayoría de historias, esta una en la que prefiero rotundamente mantener el personaje principal muerto.
Crear un mundo en el que Bella nunca muere, es algo que me niego a hacer.
Si Bella nunca hubiese muerto, ¿qué sería de mí?


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