En el marco del Festival de Cine de Málaga y San Sebastián en Argentina (desde este 28 al 30 de noviembre), varias películas españolas llegan al país y una de ellas (y la que sirvió de apertura), fue “Soy Nevenka” de Icíar Bollaín, basada en la historia real del primer juicio a un político por acoso sexual en este país. Con la directora presente, esta cinta expone uno de los temas más sensibles y, lamentablemente, más repetidos con mujeres como víctimas pero señaladas como las culpables. Se explora de una manera muy particular con grandes rasgos técnicos para hablar implícitamente de diferentes sentimientos, pero siguiendo una línea narrativa que siempre es aplicada a este tipo de historias que se basan en sucesos tan sensibles.
El cine es universal y, desgraciadamente, el abuso sexual y de poder también lo es. Lo vemos en cada país y en todo momento y hasta hay historias que se sienten muy actuales, pero, ¿cómo se hace para retratar realmente el infierno que es atravesar una situación tan delicada como lo es la falta de identidad y la opresión de otra persona para hacerte sentir insignificante? Bueno, creo que Icíar Bollaín dio en el clavo con esta película, adaptando un hecho histórico en la ley española y que significó un inmenso paso para el feminismo de este país. Pero primero, es importante marcar el contexto y hablar sobre lo que sucedió hace 24 años, para así entender con mayor profundidad.

Nos situamos en los finales del año 1999 cuando Nevenka Fernández fue seleccionada como tercer concejal para el Alcalde de Ponferrada, Ismael Álvarez. Todo esto con 25 años y con un título en economía bajo el brazo y todo un futuro esperándola, pero este cargo duró tan solo un año porque en septiembre del 2000 y luego de una larga desaparición, Nevenka renunció a su cargo por depresión y ataques de pánico y denunció públicamente al alcalde por acoso sexual. Fue un suceso masivo porque era la primera vez que esto sucedía y obvio, nadie le creyó y muy pocas personas la apoyaron, pero que marcó deliberadamente un antes y un después para España. Nevenka se convertía en la primera mujer en denunciar y lograr que se acuse a alguien con un cargo político bajo un suceso de esta magnitud. Todo ese tiempo es retratado en esta película, arrancando desde el ofrecimiento del cargo hasta el momento del juicio, donde después se nos cuenta cómo siguió todo.
Un tema tan sensible e histórico como este juicio presupone una tarea muy difícil de plasmar porque se debe tratar con la sensibilidad y respeto que requiere pero adaptarlo a un guion y decisiones que permitan el acceso a todo el público y, para mí, la directora Bollaín e Isa Campo (co-escritoria de la cinta), atinaron en el modo de contarlo, ya que tiene varios recursos que te hacen sentir todo en primera persona. Durante largos ratos sentía ahogo, desesperación y muchísima bronca mientras transcurría la historia y esto se debe a grandes decisiones en varias partes, pero arranquemos por lo más evidente: las actuaciones. A Nevenka la interpreta Mireia Oriol, que ya de por sí, físicamente es muy parecida a la verdadera mujer. Su sensibilidad se ve reflejada todo el tiempo y es una ejecución muy correcta, ya que la vemos tener alegría por momentos, por otros pánico, por otros asco, y conectamos completamente con ella. Pero si alguien hace un papel espectacular es Urko Olazábal (Ismael), que nos genera repugnancia con todos los comentarios que hace y nosotros somos testigos, pero al instante cambia su cara para las cámaras de televisión y esboza una sonrisa como si todo marchara bien. Esta actuación es muy fidedigna de lo real, porque la gente en Ponferrada amaba a su alcalde y de entrada y sin dudarlo, él era la víctima de una situación de una mujer histérica consumida por los celos.

Por otra parte, las decisión técnicas en cuanto a la cámara me encantaron porque te acercaba muchísimo a los sentimientos. Muchas veces los planos cortos encerraban en el cuadro a Nevenka y gracias a sus expresiones tan marcadas, podíamos ver y sentir la desesperación o miedo del momento. Otra decisión muy buena también fue los planos holandeses que, mal utilizados, quedan muy en evidencia y no se logra entender del todo el por qué. Pero en “Soy Nevenka”, cada momento que se decide por este encuadre (la cámara se inclina unos grados con respecto al horizonte y nos deja la mirada “torcida"), se entiende a la perfección y se combina con luces o colores acordes al momento. Estas decisiones, en mi opinión, son importantes a la hora de relatar esta historia para así dejarnos muchas cosas para interpretar pero no son contadas explícitamente, lo que nos genera momentos de incomodidad o incertidumbre total. Y si bien, esta historia relata el abuso sexual y de poder como conflicto principal, también y gracias al guion, refleja la impersonalidad de una persona que se autopercibe como culpable, perdiendo de a poco la dignidad y los pensamientos más valiosos que le quedan. De hecho, el momento de quiebre es gracias a una llamada por teléfono entra ella e Ismael y, por primera vez, Nevenka le pone un freno total. A partir de ahí, la víctima comienza a percibir el mundo y los sentimientos como eran antes de pasar por el infierno, volviendo a reír y sintiéndose segura de su decisión.
“Soy Nevenka” termina en el medio del juicio que se está llevando a cabo, para luego en el final contarnos cómo finalizó todo. Y, si esta película fuese una ficción, probablemente tendríamos un final feliz pero, la realidad y el machismo es muy diferente. Sabemos que Nevenka ganó el juicio finalmente pero no convenció a nadie: fue excluida socialmente y nunca más pudo conseguir trabajo en España, por lo que tuvo que mudarse a Londres y vivir su vida allí donde se casó y tuvo hijos. Contrariamente, Ismael Álvarez pagó una multa y no cumplió con la condena de estar encarcelado, y vivió tranquilamente en Ponferrada hasta el día de hoy. De hecho, en 2011 volvió a presentarse a las elecciones municipales y logró muchos votos, terminando tercero en las listas, obteniendo poder para poner concejales. Muchas veces, la realidad supera ampliamente a la ficción y lo más impensado, sucede. Por suerte, tenemos el cine para contar estas historias y que podamos tomar conciencia de las atrocidades humanas y las personas que luchan para cambiar el mundo.
Vista en el marco de la Semana de los Festivales de Málaga y San Sebastián gracias a la invitación de Agencia Raquel Flotta
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