39º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata: Breve Crónica (II). Algunas películas internacionales. 

Mirar muchas películas; cuantas más, mejor. Los Festivales predisponen a esta aventura, siempre bienvenida. Luego, se analiza, se piensa, se elabora un poco mejor qué se vio. En la breve crónica anterior se repasaron algunos títulos argentinos; ahora, un recorrido sobre otros, internacionales, algunos en competencia, a días de culminar la 39ª edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

Emilia Pérez

Francia (2024) D: Jacques Audiard. Película Apertura.

Tal vez escriba en otro momento, y con mayor dedicación, sobre el film de Audiard. Tengo sensaciones encontradas. Me resulta virtuoso, de un despliegue narrativo fascinante, pero no puedo dejar de pelearme con cierta lectura bienintencionada; puntualmente, en lo relativo a las desapariciones en México. ¿Qué hace un director francés en México? Ése no sería un problema, todo lo contrario; de hecho, han sido varios los cineastas extranjeros que se vieron seducidos por ese país, y lo filmaron. Pero aquí hay cierto matiz bienpensante, preocupado por exteriorizar una problemática que, de hecho, ya es conocida. Como sea, Emilia Pérez es una película que debe verse, subyuga y sorprende.

Au bord du monde

Bélgia (2024) D: Sophie Muselle, Guérin Van de Vorst. Competencia Internacional.

La relación entre una enfermera y una joven paciente permite al film de Muselle y Van de Vorst construir un pequeño mundo intenso; por un lado, el de ellas dos; por otro, el de la propia institución psiquiátrica. La fricción entre la sensibilidad y lo estatuido no tarda en crecer. En este sentido, Alexia, la enfermera, deberá encontrar un equilibrio entre el afecto que la moviliza -que la lleva a atender los dolores emocionales de quienes le rodean- y la frialdad de las paredes que dan cobijo. Una reciprocidad que parece irreversible.

La película es notable en el ritmo que construye, ensimismado, siempre paredes adentro; como si Alexia no dispusiera, precisamente, de un mundo privado, que le permita interrumpir, al menos un poco, las preocupaciones y los dolores (pero también las alegrías) que se suceden en este hospital.

Rita

España (2024) D: Paz Vega.

Ópera prima de la actriz Paz Vega, Rita se ambienta en los años ’80, en una Sevilla perfilada con un regusto tan melancólico como distante. Es decir, hay un regodeo visual atractivo como también prudente, y se lo mantiene distante. Porque se trata de una historia que guarda, por un lado, la fascinación de la niñez -en las vidas de dos pequeños hermanos, Rita y Lolo-; y por otro, en un contexto familiar y social donde el gesto machista prevalece, mientras la madre de Rita (Paz Vega) permanece encerrada en su casa y dedicada a las tareas de esposa. El padre es taxista, violento, a veces afectuoso. Una especie de calco de los varios otros personajes que pueblan el relato.

Pero más allá de esto, o más bien a propósito, el film de Vega ofrece una mirada didáctica, aleccionadora, que permanece en los rostros preciosos de los niños, de manera subrayada. Un gesto que atraviesa al film en su totalidad. A la manera de una sucesión de imágenes anestesiadas, porque dicen todo lo que deben decir y, por las dudas, lo rubrican en la relación con las demás imágenes. No hay poética que despierte hacia asociaciones imprevistas, sino relaciones sígnicas previsibles.

Es muy difícil no pensar en El espíritu de la colmena, la obra maestra de Víctor Erice; pero allí los niños hablan en susurros, las imágenes también. Rita, en cambio, declama.

Saturday Night

(EE.UU., 2024) D: Jason Reitman. Competencia Internacional.

Un film así parece que solo los norteamericanos saben hacer: recrear la puesta al aire del primer programa de Saturday Night Live (11 de octubre de 1975) a la par del mundo que lo rodea (el estudio televisivo y todo su endemoniado laberinto interior, junto a varias escenas en exteriores), es de un atractivo tan sólido como lo significa revitalizar al grupo de comediantes de aquella propuesta genial.

El film se Reitman merece un artículo mayor y en extenso, sus planos secuencia son de una coreografía que debe ser disfrutada varias veces, mientras se delinea el caos calculado de un programa que partirá en dos a la televisión norteamericana. En síntesis, un trabajo de guion estupendo, que prevé su puesta en escena técnica, mientras ésta, a su vez, redimensiona la idea original. Y todo ello, sostenido desde un clima acorde con lo que se espera; y esto es, y no otra cosa, el alocado mundo en equilibro de Saturday Night Live. Tal vez, la mejor película de Jason Reitman.

Un Ours dans le Jura

(Francia, 2024) D: Franck Dubosc. Nuevas Autoras / Nuevos Autores.

El humor casi coeniano y sin embargo diferente del film de Dubosc, hace que sea una experiencia preciosa, de ésas que no se quieren abandonar. Ya desde el inicio, con el accidente rocambolesco entre la nieve, el oso, la pareja narcotraficante (uno de ellos, involuntariamente empalado), y la escena siguiente (el tranquilo leñador comenta en su almuerzo familiar que mató a dos personas, como si nada), se establece un pacto con el espectador que sabrá sostenerse con más personajes igual de risueños, pero nada tontos. O más o menos.

La oportunidad de tener mucho dinero, saber cómo gastar (evitar gastar, mejor dicho), y el rastro inevitable que promete problemas, hacen que este film trace una serie de inconvenientes que sabrán sostenerse, siempre, con la sonrisa cómplice. Todo un logro, que merece apuntar la atención en su director y futuras películas.

The Human Hibernation

(España, 2024) D: Anna Cornudella. Competencia Estados Alterados.

Entre el documental y la ciencia ficción (¿o la fantasía?), la película de Cornudella retrata una humanidad que hiberna y sale de sus agujeros terrenos, para recuperar su lugar en la superficie, entre casas habitadas ahora por cerdos, cabras y animales varios.

No hay voluntad de un relato de fácil digestión, sino, antes bien, la construcción de un tetris de sensaciones, entre las cuales hay momentos más claros que otros, como el despertar temprano de uno de los niños antes que el resto de su familia. La mirada documental se detiene en los animales, en sus comportamientos naturales, que serán relacionados y problematizados desde la irrupción de la ficción, a veces en parlamentos que explican algo, nunca de modo suficiente: ¿qué pasó en este mundo post apocalíptico?

Entre humanos y animales, parece ya no haber distancia.

Nightbitch

(EE.UU., 2024) D: Marielle Heller. Hora Cero.

La gran protagonista de Nightbitch (Canina) es Amy Adams; es más, parece una película testimonial, en donde la actriz da rienda suelta a varias cosas: su lugar en el cine y, por eso mismo, en el mundo. Su cuerpo, con panza y voluptuoso, es mostrado sin rubor, en un gesto que relaciona la película de Heller con La sustancia, de Coralie Fargeat.

Adams interpreta a una madre harta de hacer y de ocuparse de lo mismo todos los días; y esto es: su hijo. Pero no sería justo decirlo así, ya que, en todo caso, lo que se revela como molestia es tener que lidiar sola con tamaña responsabilidad. En este embroncarse progresivo, descubre en sí misma el despertar de una bestia perruna. Y así, sabrá por fin convertirse en la mujer canina a la que todos temen. Ella, radiante, ladra y come del plato. Con un rugido que la libera.

Nightbitch demuestra que el cine de género sigue siendo el terreno fértil desde donde plantear los argumentos más inteligentes.

There Was, There Was Not

(Armenia, EE.UU., 2024) D: Emily Mkrtichian. Competencia Internacional.

A partir del registro sobre cuatro mujeres en la República de Artsaj, el documental de Mkrtichian expone cómo un país existe para luego desaparecer, en medio de una guerra que devora y sepulta. La película no solo logra dar cuenta de semejante episodio (cruel, reciente) sino de plasmar el lugar social de las mujeres retratadas, cada una de ellas, dedicadas a ocupar nuevos y decisivos espacios, desde el periodismo al ejército. Y a partir de un contexto demencial: en un momento, cuando la cámara sale al exterior y graba una explosión, la toma de imagen permite observar cómo los vidrios de un edificio reciben la onda expansiva, mientras personas corren por refugio.

Megalópolis

(EE.UU., 2024) D: Francis Ford Coppola. Autoras y Autores.

Es delirante y estrafalaria, una rara mezcla entre película desbordada y producción clase B. Es mucho lo que debe decirse de Megalópolis, y seguramente, cada cosa dicha tendrá sus razones. En todo caso, se trata de la vuelta al cine de quien es uno de sus artífices máximos, y a través de un proyecto que persiguió toda su vida. No es poco. Hay que verla.

Aïcha

(Arabia Saudita, Francia, Italia, Qatar, Túnez, 2024) D: Mehdi M. Barsaoui. Competencia Internacional.

A partir de los tópicos del film noir, la película de Barsaoui permite a su mujer protagonista, Aya, desaparecer a la manera de una “dama fantasma”: un accidente la da por muerta y ella, entonces, procura una nueva vida, al margen de los propósitos de sus padres, por fuera de la manipulación de su amante. Pero otra situación, accidental, la pone en manos de una serie de pesquisas ante las cuales deberá tomar decisiones: la policía la increpa, investiga, y su silencio podría ser cómplice de una situación injusta.

El primer tramo de Aïcha es el más disfrutable, tal vez porque la situación “fantasmal” de su protagonista dialoga con la de tantos films célebres del género, pero más allá de esto, es una película que tiene la virtud de plasmar el lugar social de la mujer, en este caso, en una ficción ambientada en Túnez. Lo logra, a veces desde un registro más fiel al verosímil; otras veces, un tanto atrapada en el laberinto narrativo que provoca.

A Different Man

(EE.UU., 2024) D: Aaron Schimberg. Autoras y Autores.

De entrada, la propuesta del film de Schimberg es chocante, cercana a El hombre elefante de Lynch pero en clave camp. Y lo mejor es que sabe salir airosa. Porque el rostro deforme de Edward, el joven actor condenado a hacer de sí mismo en publicidades de una sociedad hipócrita, no solo resultará creíble, sino todavía más la “conversión plástica” que hará de él el hombre que siempre quiso. ¿O no?

A la manera de un doble, otro será el rostro deforme, pero sin embargo exitoso o por lo menos satisfecho de sí. Algo que Edward, aun con sus facciones en justo lugar y recompensas sexuales a granel, no logra. Entre medio, una obra teatral dedicada a ese ser humano (monstruoso o no) que Edward era (o es), ligará a estas dos caras de un mismo problema, desde las artimañas artísticas y sentimentales de una dramaturga, otrora vecina en el edificio de Edward.

En Different Man, el director Aaron Schimberg vuelve a trabajar con el actor Adam Pearson, cuya real neurofibromatosis incide de manera diferencial en la estética y el argumento de esta película notable.

Leandro Arteaga

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