EL COLOR DE LA AMISTAD 

Viggo Mortensen Mahershala

Si tuviera que definir la amistad con un color lo haría con el verde. Sin duda alguna elegiría esa tonalidad en honor al título de la película GREEN BOOK, que cuenta la amistad del jazzista Don Shirley y de su conductor y guardaespaldas, Tony Lip.

Eran tan antagónicos como compatibles. El mundo era hostil para ambos aunque uno de ellos estimaba que la vida era un punching ball y el otro un buen solo de piano. Esas contradicciones de personalidad impulsaron una gran amistad en la que cada uno daba lo que tenía.

Don daba su educación y finura, Tony su lado aguerrido de haberse hecho lugar en la vida a manotazos. Ese impulso de llevarse por delante la vida y lograr objetivos, contra la fina estampa del músico.

Las personalidades contrapuestas en realidad no eran tan antagónicas, ni respondían a pruebas de vida tan opuestas. Eran en esa rara relación, la metáfora de las cruces a cuestas que llevamos la mayoría de los mortales. Nos distinguen las circunstancias y el modo de llevarlas adelante, pero todos sin excepción nos encontramos ante disyuntivas que resolver.

La apostura de Don era el modo de mantenerse incólume ante las agresiones. En un tiempo en que el racismo era un tema acendrado en todo el horizonte estadounidense.

La rudeza de Tony, la contracara de la moneda en una sociedad en la que debía abrirse paso, como italoamericano, en una sociedad a la que había que ponerle el pecho.

EL HOLOCAUSTO NEGRO

Hablamos de la segregación que sufrieron los negros en territorio norteamericano, más duramente durante los años 60 y no podemos dejar de lado que históricamente ha sido, el de los negros, el otro holocausto. Ese del que la historia mundial también se debe avergonzar.

El libro verde, el “Green Book” era una suerte de manual de seguridad para que la gente de color supiera cuales eran los lugares que podían frecuentar sin temor a ser agredidos. La portada indicaba hoteles, tavernas, garages, night clubs, estaciones de servicio, barberías, entre otros.

Ese detallado registro del peligro, era parte de la vida de la comunidad afroamericana. No pocos fueron los riesgos que debieron esquivar, algunos con ninguna suerte.

La presencia de Tony, decía, no es tan antagónica. El también era un luchador, sin libro indicador de lugares seguros, tenía un itinerario mental de a qué y quiénes esquivar. La vida que no siempre es casual sino muchas veces es causal los puso uno al servicio del otro. Al músico y a su chofer. Y fueron sendos pedagogos. El músico, le enseñó las partes suaves de la vida, a su rudo chofer y cuidador. A la inversa, Tony le indicó a aquél, cómo enfrentar las asperezas que lo acechaban en los lugares de su peregrinar que no indicaba el “Green Book”. En realidad la película toda es un epítome de nuestras luchas cotidianas. Con más o menos armas, con más o menos conocimiento, con algunos golpes proferidos y recibidos, somos, cada uno de nosotros, un mundo de contradicciones. Y por ahí, si Dios, o el Universo, o el destino nos han provisto de recursos intelectivos suficientes podremos enseñar a alguien, como Shirley a Tony, a escribir la mejor carta a su amada. Caso contrario, si hemos venido dotados de esa fuerza bruta necesaria para dar golpes certeros o esquivarlos, seremos los maestros del ring de la vida para alguna persona que vino sin tales recursos de supervivencia. Y tal vez, en esa contienda mente-cuerpo que es la vida misma, podamos dar nuestra mejor versión o ejercer una suerte de magisterio del arte de vivir, a quien se cruce en nuestro camino, con o sin manual de lugares seguros o peligrosos.

Al fin y al cabo, todos necesitamos de una guía de precauciones para la vida.

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