Spotlight: cuando el único periodismo que arde es el que ilumina 

Dijo alguna vez el periodista, escritor e investigador argentino Rodolfo Walsh que "la historia parece una propiedad privada cuyos dueños son los mismos dueños de todas las otras cosas". También, y en este caso la cita goza de cierta popularidad, Walsh, asesinado por la dictadura militar argentina en 1978, supo enunciar que “el periodismo es libre o es una farsa”.

En Spotlight (Tom McCarthy, 2015) —que es más un film sobre buscar la verdad a como de lugar que sobre la prensa— las frases del autor de las novelas de no-ficción Operación masacre (1957) y ¿Quién mató a Rosendo? (1969) se redimensionan y enfocan en uno de los poderes más longevos de la historia de la humanidad: la Iglesia Católica.

El premio Oscar a la Mejor Película con el que los votantes de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood reconocieron en 2016 al largo protagonizado por Michael Keaton, no fue solo a un guion de relojería y con convicciones cinematográficas poco presentes en el mainstream; sino que también fue un Oscar al dedo en la llaga de la institución religiosa y su relación directa con el abuso de menores.

El largometraje bucea en la investigación que un equipo del diario Boston Globe encaró a principios de 2002 sobre los casos de pederastia ejecutados y amparados entre 1984 y 2002 por la Arquidiócesis de Boston, (Massachusetts, Estados Unidos), en especial por su máxima autoridad, el arzobispo Bernard Law.

La trama tiene texto cinematográfico a cargo del director Tom McCarthy y de Josh Singer. Este último venía de haberle puesto la firma al muy buen guion del film sobre Julian Assange, The Fifth Estate (Bill Condon, 2013). Y en ambos casos la trama avanza al ritmo del trabajo investigativo, con una lógica de capas que se van descubriendo a medida que el foco de interés se pone más espeso.

En un principio el diario Boston Globe apuntó a un único presunto responsable de los casos de abuso que denunciaron sus páginas, pero a medida que la labor investigativa se adentraba en zonas oscuras, los periodistas se cruzaban con un número de pederastas en virulento ascenso.

Spotlight tampoco busca ser una aproximación al periodismo como lo fueron títulos como Good Night and Good Luck (George Clooney, 2005) o The Post (Steven Spìelberg, 2017). El film se emparenta, en todo caso, con trabajos en los que la investigación que se retrata se pone por arriba de quienes la llevan adelante, tal el caso, por citar uno significativo, del largo dedicado a la causa de espionaje que terminó con la presidencia de Richard Nixon: All the President´s Men (Alan J. Pakulla, 1976),

El film pone en escena una investigación que llegó a buen puerto, hecho que sumó una tilde a la lista de finales felices de investigaciones periodísticas, lo cual no suele ocurrir. Se trata de una singularidad en el vasto universo de los finales posibles, una batalla pequeña pero contundente, parte de una guerra por la verdad que nunca termina de librarse.

Spotlight funciona en términos del cine de masas (hasta ahí nomás, claro, no estamos ante una enésima secuela ya probada de Avengers, ni a cualquier otra fórmula refritada de la industria con guiones for dummies y, como dijera alguna vez Woody Allen, para un IQ promedio de alguien de 12 años de edad.

La escalada de datos y revelaciones es trepidante pero sin desparramo. No hay gore de información, no hay un exceso de situaciones con pretensión de prueba irrefutable. Lejos estamos de planteos similares al de Oliver Stone en JFK (1991), por citar un caso hardcore a la hora del tirarnos datos por la cabeza. La historia es sólida, la info está comprobada y el guion echó mano a la mejor parte de los informes que elaboró el diario. Y lo hace sin montarse en la épica de los cronistas (aunque la tienen y es palpable) y para ello elude la tentación de convertir en superhéroes a un grupo de personas que lo que quieren es, apenas, sacarse el nudo en el estómago que les generó saber que los curas de su ciudad se dedicaban de forma sistemática a violar niños con la anuencia del Vaticano.

Los editores y escribas del Boston Globe retratados en pantalla son gente con dobleces morales, con sospechas cruzadas, con internas de redacción, con papeles más o menos en regla y con miedos, profundos miedos a que sus peores temores sean ciertos. Ahí es donde acierta la cinta de McCarthy, más allá del casting inmejorable que incluye a una tríada Michael Keaton - Mark Ruffalo - Rachel McAdams en estado de gracia.

Un Oscar y un pedido al Papa

En el marco de periodismo y ficción documentada, en 2016, durante su agradecimiento del premio Oscar por Mejor Película, el productor Michel Sugar le clavó al film una medalla paratextual que potencia todavía más su razón de ser. Fue cuando lanzó un pedido nada menos que al papa Jorge Bergoglio: "Ojalá que nos escuchen en el Vaticano", dijo Sugar y disparó: "Papa Francisco, es hora de proteger a los niños y reestablecer la fe".

Porque, en el fondo, se trata de una obra que apuesta a la fe. Si se muestra con letras de molde y tono de sorpresa uno de los hechos más comentados de entre los muchos que atraviesan a la Iglesia Católica de los últimos 50 años, es que hay un concepto superior: la Iglesia tiene ovejas descarriadas y no un sistema aceitado de abusadores legitimados. Quizá los periodistas del Boston Globe fueran más escépticos sobre la Iglesia como institución (un periodista sin escepticismo es una causa perdida, en Boston, en Buenos Aires, en Moscú, en Tel Aviv, donde sea). Lo cierto es que el mensaje de Sugar parece cargado de esperanza. Incluso en el Papa, que al fin de cuentas es el responsable final de los sacerdotes que violaron y violan la sexualidad de miles de chicos alrededor del mundo, tal como quedó probado en numerosas investigaciones más allá de la del diario estadounidense.

¿Spotlight ganó sus Oscars a Mejor Película y Mejor Guion Original porque denuncia a los curas pedófilos? En parte sí, pero sobre todo recibió su galardón porque apuesta a que la búsqueda de la verdad es posible, aunque sea de a fragmentos y con más pena que gloria.

La respuesta del Vaticano a Spotlight

Horas después del mensaje del productor Michel Sugar en la gala del Oscar, el periódico del Vaticano, Oservatore Romano, elogió a la película por darle “voz al shock y al dolor de los fieles” y por no tomar una “postura anticatólica”.

"A esta altura, está claro que en la Iglesia demasiada gente estaba preocupada sobre la imagen de la institución y no de la gravedad del hecho", agregó el medio, que con esas palabras acusó recibo de la impronta que Francisco le dio a su papado.

“Aún existe fe en la institución, hay confianza en un Papa que está continuando con la limpieza empezada por su predecesor mientras era un cardenal”, apuntó el diario.

Los premios de Spotlight

Oscar: mejor película y mejor guion.


BAFTA: mejor guon.

Critic Choice: mejor película, mejor guion, mejor elenco.

Independent Spirit Awards: Mejor película, mejor director, mejor montaje, mejor guion.

American Film Institute: Película del año.

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