"Memorias de un caracol" ha salido de la mano del animador australiano, Adam Elliot (ganador de un Oscar en 2003 por el cortometraje de animación "Harvie Krumpet"): una stop motion realizada con figuras de plastilina. La historia se narra en formato de flashback, tras la muerte de la anciana Pinky, a pie de su tumba, a través de los recuerdos de la chica, Grace Pudel (la voz de Sarah Snook, la Siobhan de Sucession) quien había sido acogida por la anciana, cuya voz mental (aquella que repasa su vida), se convierte en presencia dominante durante todo el metraje.
Y es que una de las características de "Memorias de un caracol" es la casi completa privación del dialogo para proceder a narrar como en la literatura, usando la voz en primera persona, que limita la información y la subjetiviza.Si la voz en off dominante es la de Grace en sus recuerdos, también surgen otras voces en paralelo, como son la del hermano gemelo de Grace, Gilbert Pudel, que mayoritariamente se expresa en off, a través de las lecturas de las cartas que escribe a su hermana; o también la voz de la anciana Pinky, la única amiga de Grace, quien hablará en formato de soliloquio (contando sus historias desesnfrenadas de juventud como si fueran cuentos), o bien a través de las cartas que escribe a la joven adoptada. Esta manera de narrar, que parece indirecta y menos realista, en el formato cinematográico, sirve para elevar el componente introspectivo, pero también (como primera persona) para dirigirse a nostros los espectadores con un mensaje, en cierta forma desolador, que traslada un cierto pesimismo (pero también un mensaje de esperanza) que eleva la empatía y la identificación universal con la protagonista.
La vida de Grace está cargada de desgracias y de soledad, pero respira de ese espíritu dickensiano donde las adversidades se tornan en melancolía esperanzada. Como en Dickens, Grace vive todo lo que una persona no puede desear: pobreza, acoso infantil, pérdida de sus padres, separación de su hermano, unos padres adoptivos que no logran que ella les quiera y un pretendiente que solo busca aprovecharse de ella. Pero Adam Elliot consigue crear un clima lleno de ternura, con sentimientos que prenden con fuerza en el alma del espectador. Y eso se logra a través de los rasgos expresivos de los rostros y cuerpos de sus personajes que huyen de la sofisticación realista del dibujo 3D para recrearse en formas simples pero acertadas en su expresividad. Los modelos de plastilina acaban revelando la "otredad", la diferencia con el diferente, pero también la potente sensibilidad de su tristeza representada en formas. "Memorias de un caracol" a pesar de su reiteración en la sucesión de situaciones trágicas consigue finalmente conmover. Estamos ante la lucha del individuo indefenso frente a una sociedad hipócrita e insensible ante el más débil, pero tan bien retratados que su indefensión acaba generando amor, condescendencia, cariño. Adam Elliot consigue que la forma visual y narrativa nos haga más partícipes del dolor ajeno.



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