“Un beso puede ser aún más letal… si se da con el corazón.” Batman vuelve de Tim Burton es el especial navideño completo. Los adornos decembrinos en una ciudad tan especial como Gótica, el ambiente ambiguo a la espera de que pase lo peor en una celebración feliz, la hermosa gata Kyle, el horrible Pingüino, etc. Le quita lo tradicional y empalagoso a la festividad. Es así claro porque Burton todo lo hace "gótico" (cuack). Atractivo para los ojos y el alma. De una manera sombría y peligrosa. Siempre que una cinta mezcle un evento tan típico que lo vivimos mas o menos obligados el grueso de la sociedad, con ellos, héroes y villanos, o los protagonistas mas comunes de un film, es que uno siente mas cercanía o por la historia que narran o por el evento que viviremos con las sidras y los tíos. Sucede como con las películas de terror en Halloween, si cuentan con la temática del día antes mencionado mejor claro. Placer cinéfilo extra. Batman o su alter ego, tiene tiempo en el relato dirigido por Burton, para planear la cena, temprana, viendo por tv. un árbol encenderse, acompañado de Celina, y de paso estar a los mimos entre ambos (guiño guiño) mientras se armará después un lío enorme con el Pingüino que asesinará a una modelo, lo inculpará al encapotado y casi matará con su propio automóvil.
La fiesta organizada por Max Shrek (como el ogro), es esa fiesta a la que todos quisiéramos ir en una noche navideña. Lujos, disfraces, ostentación de todo, camas grandes en los pisos de arriba según Celina le susurra a Bruno en el oído. Esa complicidad entre Diaz y Kyle es atrayente y entretenida. Lleva la película todo el tiempo hacia algo más. Los momentos en que usan el muérdago para sellar “algo” el murciélago y la felina, o sus partes civiles, le dan ese toque que en otro momento no sería un encuentro tan especial. Gracias a la frase que une al muérdago con la tradición del beso, descubren quienes son cada uno. Novelesco. Agridulce (aunque ya se habían besado antes ¿De verdad no se recordaron?).
Batman vuelve pinta una navidad mas pícara. Loca. Y hasta desmitifica a personajes como los políticos o referentes clásicos bonachones que comparten con las masas por el buen corazón que tienen. Casi todo encarnado en el horrible señor Shreck (un empresario como Bruno, pero que quiere meter mano en lo que sea… ) y su hijo, que siempre se muestran dadivosos y supuestamente empáticos pero realmente son nefastos, ladrones de guantes blancos, asesinos, mafiosos. Más de una vez Max intenta mover los hilos de prácticamente todos y de todo. Pero paga con su vida, a través de un hermoso beso lleno de mucho voltaje llevándose la anteúltima vida de Gatubela.
El final en el que Bruno saluda a Alfred por las fiestas en su limusina, con Miss Kity en brazos, porque antes creyó ver a su dueña, para después verla nosotros los espectadores por segundos antes del corte final parada frente a la batiseñal, es de las mejores resoluciones. “Feliz navidad, a los hombres y mujeres de buen corazón” pide nuestro héroe antes. Es una historia algo romántica, y de muchos otros odios incluidos. Solo el séptimo arte nos encanta con una historia así de retorcida en una fecha que de retorcido en general solemos conocer o a nuestro estomago o algún familiar pasado de copas.


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