Saturday Night (2024) - dir. Jason Reitman 

Saturday night, una noche bisagra en la TV norteamericana.

Con una sala repleta de gente un sábado al horario de la siesta, Jason Reitman introduce su más reciente película, Saturday Night, en el marco de la 39° edición del Festival Internacional de Cine de Mar Del Plata. Siendo una de las 12 películas que participan de la Competencia Internacional, esta historia que narra los 90 minutos previos a la emisión televisiva del primer programa de Saturday Night Live nos puso a todos en un mood setentoso desde la primera escena, no sin antes hacerlos vociferar, gritar y aplaudir ante los carteles del INCAA y la propaganda que abre cada función, acompañando la defensa del cine argentino.

Entramos en los 70s

Reitman, contento, acompañó la función con algunas palabras que auguraban un disfrute sin igual. “Que algo empiece no significa que esté listo”, anticipa el largometraje. Con un formato cuadrado y piernas desconocidas enmarcando el cuadro de la imagen, se abre poco a poco esta historia ya conocida pero nunca imitada en ficción. Es la noche que cambió la vida de muchos y que continúa siendo recordada. La estética recuerda a las mejores escenas callejeras y nocturnas de Taxi Driver (1974), aunque rápidamente la película olvida el exterior y se enfoca específicamente en lo que sucede en el set televisivo. Más que cuatro paredes pero interior al fin, construye un vaivén espectacular de desenfreno.

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Actores interpretando actores

Los personajes serán introducidos de a poco, y ello constituirá el gran condimento de la película. Con un Nicholas Braun excelentísimo personificando al gran Andy Kaufman como así también a Jim Henson -creador de los Muppets-, se marca el ritmo aparatoso e hilarante que enmarcará la película. Un programa que dio el puntapié para estrellas como Kaufman, Chevy Chase y John Belushi será aquí re-producido de una manera exquisita. El casting es el engranaje principal para que esta película tenga el peso que tiene: Cooper Hoffman, hijo del recordado y siempre trascendente Philip Seymour Hoffman, aparece aquí personificando a Dick Ebersol, legendario ejecutivo de televisión. También veremos a otra hija-de con Kaia Gerber (progenitora de la supermodelo Cindy Crawford), a Dylan O’Brien como Dan Aykroyd, Rachel Sennot como la guionista Rosie Shuster, como así también (y considero que esta fue la decisión de casting perfecta) a John Belushi interpretado Matt Wood a la perfección. Pasados los minutos veremos aparecer a Willem Dafoe quien, año tras año, pareciera hacerse aún más trascendente, eligiendo papeles que le sientan a la perfección. En sí, en este ir y venir veremos una pluralidad de rostros que nos recuerdan a otros tiempos, a otros momentos, que encajan orgánicamente en las personas reales a las que dan vida aquí. Resulta un deleite que evoca sorpresa y emoción constante por su certeza actoral, sus similitudes y exactitud respecto a dichos actores en la vida real.

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Espiamos tras bambalinas

La comedia está allí en espíritu, como así también en cuerpo. La incomodidad también tiene su parte y no estaremos exenta de ella; la vertiginosidad nos provoca mareos, confusiones, agregándose a una cámara casi entrometida, que va de aquí para allá, espiando, siendo partícipe de discusiones, problemas y caídas de ilusiones a medida que la película avanza.

Esta misma cámara y sus desplazamientos en el set nos da la impresión de que este es un espacio inmenso, repleto de recovecos, como si nunca terminaran de aparecer los personajes y situaciones, aspecto que también se vuelca a la narrativa, preocupando a su creador Lorne Michaels. En determinado momento se anoticia de la cantidad de sketches que posee el programa y la imposibilidad de presentarlos todos en una hora y media de transmisión. Cortar alguno de ellos se vuelve tarea casi imposible, y veremos cómo cada uno de los personajes involucrados tratará de salvar su parte.

Al mejor estilo Noises Off! (1992) del inmenso Peter Bodgdanovich. El caos es total e inunda cada escena. Con planos continuos y extensos nos da la sensación de que no hay corte posible, configurando una emotividad grandiosa. En algún punto, el corte nos lo dará la música, con la aparición del cantante y compositor Jon Batiste. Reitman nos relata que toda la música de la película fue compuesta por el artista en vivo, al mismo tiempo en que la película se iba filmando. Este soundtrack se ubica a tono con el largometraje, resultando estruendoso y grandioso por igual. Cada aparición musical implicará un pequeño descanso de la narración para entrar en otro mundo, movedizo, pero alegre.

Jon Batiste on Creating His 'Saturday Night' Ticking Clock Score

El sostén de los personajes

Continuando con los personajes que serán el plato fuerte de la película, veremos que los vínculos entre ellos se presentan difusos para aquellos que no están enterados al 100% de las internas. Las relaciones, los estados de ánimo, las discusiones, se irán enunciando y aclarando de a poco. Así pareciera ser el estilo que Reitman adopta en esta película, incluso presentando a los personajes sigilosamente, como así también los lugares que allí tendrán. Particularmente, aquel que unifica los hilos y conduce el porvenir de la emisión televisiva, Lorne Michaels (interpretado por el jovencísimo Gabriel LaBelle) se muestra como un personaje decidido y confiado pero que, con el paso de los minutos y la aparición de los dilemas, se va tornando inseguro, pequeño, atormentado por las decisiones que tomó o debe tomar. En ese sentido, el desarrollo del personaje implica la adición de matices que le brindan seriedad y verosimilitud a la historia.

Las imposibilidades se harán presentes y aumentarán el tono de tensión en Saturday Night, mientras la cámara se mueve cada vez más rápido. Cuando dicha tensión aumenta hasta su límite, contradictoriamente, el ritmo baja notablemente, tornándose la película mucho más profunda. Entonces, el tono vertiginoso de la película se hará a un costado, para dar lugar a cierta profundidad que no por ello traerá alivio, aunque sí un pequeño respiro. Los personajes se ensombrecen, se extravían, pierden su objetivo; los intentos por recuperar el entusiasmo inicial por salir en la tv parecerán vanos.

Movie review: Cinematic beauty and chaos come together in 'Saturday Night'

Con todos estos condimentos, actuaciones por demás frescas y orgánicas, una fidelidad a los acontecimientos reales de los años 70s, la música construida en vivo para la película y una cámara espectadora y curiosa, se elaboran los elementos pilares para que Saturday Night resulte un largometraje espectacular, disfrutable, emotivo y presuroso. La sátira, finalmente, logra tener lugar y constituirse con mayor o menor recortes, con más o menos preocupaciones. Aunque eso no lo veremos. Ese será otro de los grandes aciertos del director, en tanto se guarda algo para sí; algo no se muestra y se preserva, en tanto y en cuanto podemos remitirnos también a la grabación real, aquella que aconteció en 1975.

El desenvolvimiento del film se presenta espontáneo e involucrando al espectador constantemente, como si fuera parte de esa gran familia que logró ser Saturday Night Live. Con clara impronta teatral, disfrutaremos sin duda alguna de una hora y media de vaivenes emocionales, caídas, golpes, destrucción y recelos, todo en los interiores de un set de filmación televisivo, todo en pos de amor al arte y la actuación, todo visto por los ejecutivos de las productoras televisivas. La apuesta, como vemos, es magnificente, pero por ello mismo aún hoy podemos ver nuevas emisiones televisivas del programa, porque hace casi 50 años un grupo de jóvenes lo hizo posible.

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