"THE PENGUIN": Las brillantes consecuencias de equivocarse 

Las propuestas de DC en cuanto a la hoja de ruta de sus productos y personajes, nunca se han caracterizado por poseer un plan trazado y sin fisuras que repercutan en una cohesión interna a prueba de balas. La empresa de cómics – como tantas otras, reconvertida en productora cinematográfica – siempre ha tenido el estigma de ser todo lo opuesto a Marvel Studios.

Tony - the Pengüin - Soprano

Donde los segundos pasaron años cultivando una serie de películas dedicadas a personajes individuales para hacerlas confluir años atrás en los bombazos que resultaron ser las -varias- entregas de “Vengadores”, los primeros han ido dando tumbos de un lado a otro intentando competir con los de el tío Stan Lee.

Esto no es nuevo, ya que aunque DC fuese una empresa completamente pionera enla década de los 80 con la creación de las películas sobre “Superman” (Richard Donner , 1978) y “Batman” (Tim Burton , 1989), las idas y venidas respecto a tonos, géneros y posicionamiento del universo interno de sus creaciones se remonta a la época de la infecta “Batman forever”(1995).

Ya en la película de Joel Schumacher puede apreciarse ese intento por deshacer lo que había funcionado, sea por explorar nuevos terrenos o por el mero hecho de un incomprensible auto sabotaje. Si seguimos centrándonos en Batman – que es de lo que trata este artículo- la demencial “Batman y Robin” (del también malogrado Schumacher), fue un punto y aparte en la vida comercial del hombre murciélago. El personaje tocó fondo a unos extremos inimaginables, al potenciarse su lado más “camp”, mucho más cercano a la serie original de los años 60 que a la propuesta oscura aportada por Tim Burton en el film original, y que a su vez fue origen del éxito masivo de la cinta.

Tuvo que llegar Christopher Nolan varios años después para insuflar algo de seriedad al asunto – quizá demasiada, para algunos- ofreciéndonos un punto de vista del personaje mucho más cercano a las películas de James Bond que a las de la fantasía épica propia del género. Y es que, si algo ha jugado siempre en favor y en contra de la saga “Batman”, es la certeza de que los personajes están mucho más anclados a la realidad que la mayoría de personajes de Marvel, exceptuando – quizá – a “Iron Man”.

Esto es muy beneficioso a la hora de plantear un punto de vista realista salpicado de situaciones y discursos estilísticos más cercanos a lo inimaginable, creando un universo muy rico donde la estética propia del cine negro se marida con otros muchos géneros más cercanos a lo increíble y fascinante. De hecho, gran parte de responsabilidad reposa sobre los hombros del cómic “El largo Halloween”, de Jeph Loeb y Tim Sale, del que Nolan cogería la base para sus personajes. En la novela gráfica, se introducen los nombres de Carmine Falcone o Salvatore Maroni, quienes no aparecían con anterioridad en el universo, generando un corpus interno que se acercaba cada vez más al drama criminal. Esta senda es la que tomó Matt Reeves para su “The batman” - permitiéndome pasar ligeramente por alto la etapa de Zack Snyder - , conjugando de manera magistral las aportaciones de Christopher Nolan con una estética mucho más cercana a la de Burton pero mediante una fantasía controlada.

Una dupla protagónica de primer nivel

De esta manera, el film de Reeves alcanzaba un equilibrio casi perfecto entre fondo y forma, adoptando la plasticidad, tanto de los comics de “Arkham Asylum” como de los videojuegos del mismo título. Y en este camino plagado de dientes de sierra, donde cada año parecemos tener una nueva noticia respecto al rumbo del “DCVERSE”, la plataforma de HBO MAX estrenó “The pengüin”, un spin-off - que realmente nadie había pedido – pero que se enmarca en la propuesta del propio Reeves sobre el universo creado por Bob Kane .

Y aunque pronto llegará James Gunn a desmentir todo lo llevado a cabo por Reeves – como en su momento pasó con Snyder – “The penguin”, es un más que digno producto que enlaza el final de “The Batman”, con la secuela que nos llegará allá por 2026. Tras los sucesos acontecidos en la película, Gotham se encuentra sumida en un absoluto caos del que se aprovechan los ciudadanos más corruptos de la ciudad, entre los que se encuentra – por supuesto – Oswald Cobblepott. Durante 8 capítulos, conoceremos los entresijos mafiosos de Oz (un siempre excelente Colin Farrell ) para intentar hacerse con el poder que otrora ostentaban las familias Falcone y Maroni. De estas dos, se destaca la figura de Sofía Falcone, un estupendo personaje - que aunque poco tiene que ver con el de las viñetas- recae en los hombros de Cristin Milioti , el auténtico descubrimiento de la serie.

Mirotti, el gran descubrimiento de la serie.

A simple vista, esta miniserie podría percibirse como innecesaria, o al menos un mero capricho del propio Reeves para ampliar su punto de vista sobre el material original. Pero lo cierto, es que los personajes están tan bien escritos, y la psicología de todos ellos encuentra un equilibrio tan acertado entre lo introspectivo, lo estético y lo puramente entretenido, que “The penguin” es un absoluto triunfo a casi todos los niveles. No solo cumple desarrollando ese tan contemporáneo cometido de crear una serie protagonizada por un villano (algo ya presente en series míticas como “Los Soprano” o “Breaking Bad”), sino que el arco de transformación de los personajes es completamente coherente, y en muchos momentos nada complaciente para los espectadores.

A la showrunner de la serie, Lauren LeFranc (curiosamente vinculada previamente a Marvel en “Agentes de Shield”) no le tiembla el pulso a la hora de matar a personajes clave o reforzar la maldad absoluta de su personaje protagonista, a quien pasas de amar a odiar en cuestión de segundos.

El pingüino, nunca hace el bien, si no es únicamente para sí mismo, y los creadores consiguen que lo comprendamos, lo odiemos, e incluso sintamos lástima por un ser tan repulsivo. Además, se tratan temas bastante interesantes como la herencia familiar, los conflictos de identidad, la repetición sistemática de los errores del pasado, y otros muchos aspectos. Todo ello, sin pasar de puntillas de manera superficial, sino con una profundidad pocas veces vista en el cine de “superhéroes”, y es que – para bien o para mal -salvando las escenas de acción, esto es directamente otra cosa.

Y es que, para muchos fans acérrimos, el punto de vista de Matt Reeves no se aleja tanto del de Nolan, y “The penguin” es más una versión -estéticamente- oscura de Tony Soprano que el Oswald Cobblepott de los cómics. Y aunque puedo estar de acuerdo en que, en ocasiones, los entornos de la serie son tan mundanos que consiguen sacar al espectador de esa sucia Gotham fascinante cuando cae la noche, desde mi punto de vista no son errores tan graves.

“The penguin” consigue mantenerse fiel al espíritu de los cómics previamente citados bebiendo de clásicos imperecederos como el “Goodfellas” de Scorsese, del que Colin Farrel adopta varios tips interpretativos.

Y lejos de estar frente a una copia, nos encontramos con una reinterpretación de los códigos desarrollados dentro del nuevo cine negro a un universo que previamente se había considerado menor, o cuanto menos más infantilizado por venir de donde venía. DC Studios, ha conseguido – a través de sus intentos de redefinición – ofrecernos otra clara muestra que algo de riesgo nunca viene mal a un género tan manoseado como el de los héroes, donde Marvel va definiéndose desde hace uno años como una empresa que tira de fórmula y muestra claros signos de estancamiento. La empresa del murciélago ha cometido muchos errores, si, pero en medio de todos ellos nos ha traido películas como “Joker”, “The batman” o ahora, esta “The penguin”.

Larga vida al error.

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