Por qué Skeleton Crew es lo peor que le pasó a Star Wars (y The Force Awakens lo mejor) 

Una es una serie que aterrizó en la pantalla de Disney+ en este 2024, la otra es la primera parte de la tercera trilogía del canon original, estrenada en cines en 2015 y distribuida por la firma cuyo ícono metonímico más famoso es un par de orejas negras.

El título de este artículo señala a sus dos tópicos sin vueltas, por lo que empecemos por lo más urgente, que es lo recién llegado: Star Wars Skeleton Crew.

Creada por Jon Watts y Christopher Ford (director y guionista de The Amazing Spider-Man: Homecoming, respectivamente), la serie trata sobre una banda de piratas que asaltan grandes naves. Pero, al menos por lo que mostró el estreno de sus dos primeros episodios, se trata apenas de una excusa narrativa para, en realidad, reconfigurar la saga nacida en 1977 y dirigirla a los infantes de esta época.

La primera temporada de esta aventura para niños y niñas, que lleva en Hispanoamérica el subtítulo de “Viaje a lo desconocido” y en España “Tripulación perdida”, comienza no solo con una leyenda impresa que cierra con los siempre queribles cuatro puntos suspensivos, sino también con imágenes pregnantes, que nos recuerdan las mejores épocas de cuando en el confín del mundo llamábamos a la saga “La guerra de las galaxias”. El guiño retro es clave en la serie, que opera en sus adyacencias narrativas a través de lo artesanal de algunas creaciones, como por ejemplo algunas que recuerdan a las viejas bestias animatrónicas de George Lucas. Aunque también la modalidad de creación de los efectos visuales remiten más aún al Episodio VII de la saga, estrenado en pantalla hace una década y del que puntualizaremos algunas palabras más adelante.

Una nave que se incrusta en otra mucho más grande, una andanada de rayos láser rojos (que, link mental mediante, de inmediato identificamos como disparados por los malos) y el desembarco en la nave atacada de un jefe al que, también, adivinamos como el nuevo villano del barrio (o, al menos, uno de ellos), sobre todo por su máscara, tan Darth Vader, tan Kylo Ren.

En la infinita cronología que abarca a Star Wars, la historia de Skeleton Crew se ubica en la misma época que la The Mandalorian (2019) la mejor entrega seriada de la franquicia hasta el momento) y otros spin-offs posteriores a los hechos contados en Return of the Jedi (1983).

La serie de Disney+ cuenta el derrotero de cuatro niños (tres de rasgos humanos y uno de formato alienígena) que descubren lo que nunca hubieran imaginado en su planeta natal y, accidente mediante, se disparan al hiperespacio rumbo a lo desconocido, tal como lo avisa el subtítulo.

El planeta que sirve como escenario de la vida cotidiana de los niños está lejos de las postales desérticas clásicas de la saga. En esta ocasión, la tierra ubicada en una galaxia muy, muy lejana, según la imaginería Disney modelo 2024, presenta cuadros similares a las de un universo basado en los barrios del american way que tanto hemos visto hasta el hartazgo en cine y televisión. ¿Querían algo reconocible? Acá tienen un lugar común inmenso, tanto como una galaxia.

Las secuencias de acción que tienen a los pequeños como protagonistas son a través de lo que podríamos imaginar aquí en el planeta tierra como una ciudad del futuro. Claro, del futuro según los seres humanos, que poco tienen que ver con la vida en los remotos territorios alguna vez maquetados por el viejo Lucas. Incluso hay micros escolares tan propios de las calles estadounidenses (aunque levitando sobre el piso, claro). Las viviendas también, propias de esa clase media idílica que describe la ficción audiovisual estadounidense, casas espaciosas y grandes, cada día más lejanas de la mayoría de la población de la, por ahora, primera potencia mundial. Y las escuelas… el formato de aula escolar también es un calco de cosas ya reutilizadas hasta el colmo del reciclaje. Faltan los lockers. Y los tiroteos.

En este mismo sentido, en el contexto del pobre esquema creativo puesto en juego, es un hecho que nunca en la saga se replicó con tanta fidelidad la iconografía de los Estados Unidos amables, de casitas rodeadas de verde, como lo hace esta serie. Hasta ahora Star Wars venía virgen de referencias tan explícitas del país de origen. ¿Parte de la oleada nacionalista que volvió con Donald Trump, tal vez? ¿Ganó el lado oscuro?

En el segundo episodio, cuando la acción en el planeta al que se dispararon por error los menores empieza a cimentar clímax, se incluye una escena de guion prolijo y desarrollo cuidado, montado, en pleno plan de referencias, con una semilla germinante muy transparente: la búsqueda del tesoro de The Goonies (Richard Donner, 1985), otro de los íconos de la aventura infantil que parece haber tomado como base de sustentación narrativa este nuevo spin-off.

Skeleton Crew en modo The Goonies

El fan service muta con el tiempo y, mientras Stranger Things sigue funcionando como inspiración de la industria para las tareas de memorabilia audiovisual vía streaming, Star Wars se anota otro punto en el negocio del eterno retorno. Los resultados, por ahora, distan mucho de lo que supieron ser épocas de gloria. Incluso pese a que lo mejor de Star Wars aconteció hace relativamente poco…

El despertar de la fuerza: lo mejor del amor

En la otra esquina del imaginario ring ubicado en algún punto del espacio exterior, frente a una pantalla azul, hace tan solo un puñado de años, se ubica la película que resucitó a Star Wars del recuerdo agridulce que dejaron las que George Lucas había presentado una década antes a modo de precuela de su saga original.

The Force Awakens, el gran film de aventuras de J.J. Abrams, continuó en 2015 la historia que comenzó en 1977. La idea, tan tentadora como arriesgada, nos hizo preguntarnos antes de sentarnos y maravillarnos frente al proyector, si una nueva trilogía podría levantar a la marca. Y vaya que sí lo hizo.

Abrams (Cloverfield, Super 8) se hizo cargo en su película de la mejor tradición del cine de aventuras, esa que George Lucas sublimó con la primera entrega de la saga.

El renacer de la fuerza ofrece todo aquello que puede desear alguien que disfruta del cine fantástico y de Star Wars en particular: dos horas de aventura bien contada, personajes icónicos como Han Solo (impecable Harrison Ford), Leia (Carrie Fisher), Luke (Mark Hamill), Chewbacca y los amados C-3PO y R2-D2. Como bonus, un elenco que le aporta ya no desde el estrellato como en la trilogía de 2001-2005 sino desde la solidez y la empatía por los nuevos héroes: Finn (John Boyega), Rey (Daisy Ridley) y Poe (Oscar Isaac).

Y después, claro, una trama con la suficiente solidez y sustancia como para soportar sin problema la acción de llevar sobre la espalda la leyenda que la precede. El quid es simple: el lado oscuro necesita encontrar a Luke Skywalker, último bastión poderoso de la resistencia. Para eso, se llevarán todo por delante para encontrar el mapa que los podría guiar, en poder del droide BB-8, esa pelota electrónica blanca y naranja que resultó entonces, por lejos, la mejor creación robótica que dio el cine desde su primo lejano R2-D2.

De esta manera, con los elementos mencionados, el creador de la serie Lost (cualquier reclamo sobre el final por favor diríjanse a él) y otros éxitos de arte, crítica y público redondea un film al borde de la perfección estética, que ronda los barrios bajos de las galaxias lejanas y lo hace con nobleza de fan y buenas armas narrativas.


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